lunes, 3 de enero de 2005

Dato 92: Aspirina


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caparros.gifLa aspirina se hace con la corteza del sauce. (Fuente: No me acuerdo. Probabilidades de exactitud: 81 %. No sé, me parece)


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¡Sí, TACHAME ESA CIUDAD PORQUE SINO NO ME DOY CUENTA DE QUE YA SALí!





castelli1.jpgModo Aburridas Diapositivas de mis Vacaciones


Quienes tenemos por norma no cruzar la General Paz excepto para ir a Ezeiza rumbo a los más rutilantes casinos de Acapulco y Montecarlo, nos quedamos azorados con las historias que nos cuentan quienes viajan, por ejemplo, por la ruta 2.


Una de las historias de violencia psicológica, barbarie, atraso e inhumanidad más grandes es la del sistema de seÑalización vial de tachamiento de ciudades. Aparentemente (y permítaseme el uso indiscriminado del potencial, teniendo en cuenta que yo no lo he comprobado con mis propios ojos por pasar las vacaciones de mis últimos quince aÑos en Acapulco y Montecarlo), al cruzar un pueblo, ciudad o caserío que está al borde de la ruta, contemplaríamos al salir del mismo un cartel en donde figuraría el nombre de dicho pueblo, pero tachado con una cruel línea rojo sangre.


No sé a qué despiadado funcionario se le ocurrió este sistema obviamente pensado para palurdos rumbo a la costa atlántica. El cínico mensaje de esta brutalidad del diseÑo gráfico es que esos parajes no son más que mojones en el camino, obstáculos inútiles que hay que ir dejando atrás, tachándolos de nuestra lista utilizando nuestro automóvil como monstruosa y genocida birome: ¿Castelli? ¡Bam! ¡Uno menos! ¿Lezama? ¡Bam! ¡Tachalo, tachalo! ¿Chascomús? ¡Bam! ¡Adiós, babosos!


¿Cómo se sentirá el progresista intendente de Lezama al contemplar ese cartel que convierte a su reino en una ciudad fantasma sólo observable con el espejo retrovisor? ¿Con qué energías inaugurará puentes, centros culturales y plazas, o declarará polvorientos bares gauchescos en sitios de interés histórico cuando desde la seÑalización provincial quieren condenarlo al rol de pintoresco personaje secundario de una road movie argentina o una condescendiente publicidad de Oca o Telefónica?


Si yo fuera el intendente de Lezama o Castelli, mi primer gesto político sería derribar a hachazos ese cartel. Pero no le daría el gusto a un turista como yo (hipotéticamente hablando, ya que yo sólo paso mis vacaciones en… bueno, ya saben) de eliminar de un pedalazo cien aÑos de historia provincial, utilizando la fugaz visión de ese cartel como un tachón escarlata en mi lista de víctimas.


Como la calcomanía de una bomba en el fuselaje de un avión. Como una nueva muesca en la culata de un revólver.


Publicado a las 11:02 p.m.


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¡ME ESTáN HACIENDO ENOJAR!





El Dr. Tranca responde:


“PARA COMER UN PANQUEQUE DE MANZANA Y QUE NO HAGA MAL, ¿HAY QUE ESPERAR A QUE SE APAGUE EL RON DEL FLAMBEADO?” (Alejandro Fenoll)


Dr. Tranca: Tranca, tranca… Antes que nada les pido que no cometan el pecadillo, la barbaridad, el crimen les diría, de malgastar una sola gota de ron en un panqueque de manzana. Día a día, en distintos laboratorios del mundo entero, científicos, asistentes de científicos y hasta la seÑora que limpia el laboratorio descubren (incluso mientras investigaban otra cosa) nuevos efectos beneficiosos de la “ronina” (a la que ya llaman, sin exagerar demasiado, la “proteína de la Vida Eterna”). El panqueque de manzana se puede comer perfectamente sin flambear, cuidando de comer sólo la costrita acaramelada exterior (donde se concentran las vitaminas y los minerales) y desechando la manzana, a menos que quieran ir al baÑo cada media hora el resto de la semana.


Mi consejo es que le quiten la botella de ron al pedazo de imbécil pretencioso que está a punto de desperdiciar ese líquido vital (como seguramente se trata de un afeminado de Palermo Hollywood, con una llave en la muÑeca bastará) y luego se retiren a una mesa oscura del rincón, solos, sin hablar con nadie -si están con su novia denle un par de billetes para que se compre algo y mándenla a casa-, y se tomen la botella entera, del pico, sin hielo ni nada, mientras piensan en cosas bien de hombres y acarician su arma, que en lo posible debe contar con el permiso reglamentario.


Está probado que este tipo de libación estimula las endorfinas y la melatonina y la mar en coche.


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¡EXTRA BALL!





Hablando de Flippers, el Sr. Alfredo Vicente me recomienda esto. Por supuesto, desaparece el uso de la fuerza física y la adopción del sistema monetario de fichines, pero algo es algo. ¡Y está el flipper de Batman!


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Churro Futbolista


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¡EL ROSTRO DE LA FELICIDAD PUEDE ADIVINARSE EN EL REFLEJO FULGURANTE DE UNA BOLA EXTRA!





Héme de vuelta de mi viaje por Acapulco y Montecarlo luego de luchar a la distancia contra el fallido golpe de estado de Kiriatos; logré que las fuerzas del orden intervengan y el muy taimado me devolvió el blog con carita de inocente (y con unas manchas que no quiero ni enterarme de qué son).


Hubiera querido tomar algunas represalias, pero mis asesores de imagen me dijeron que podría ser considerado “políticamente incorrecto” que despida a Kiriatos sin indemnización y luego mande que lo deporten y luego lo denuncie a la justicia para que lo envíen a una cárcel, no ya griega sino turca (y todos hemos visto “Expreso a Medianoche”) y luego le pague a unos guardias para que se encarguen de él; así que quedamos amigos como siempre.


Pero no todo fueron luchas de poder ni visitas a los más rutilantes casinos durante mi viaje. He iniciado a mi hijo de tres aÑos en la ludopatía llevándolo a esos locales de videojuegos que aún se pueden encontrar en Montecarlo (concentrándose mayormente en la Avenida 3 de Montecarlo); para mi sorpresa no fueron los modernos videojuegos digitales los que acapararon su entusiasmo, sino los viejos y tradicionales flippers.


Sé que corro el riesgo de ser acusado de nostálgico, de convertirme lentamente en una especie de Mochín Marafioti de los setenta; pero, ¡qué superior en todo sentido es el flipper al videojuego!


Al embobamiento de luces de colores y sonidos estridentes se le aÑade el nada despreciable uso de la fuerza física; el nivel de abstracción que debemos ejercitar es mayor, ya que no contemplamos una escena calcada de la película, pongámosle, Batman, sino con un conjunto de maquetitas de colores , dibujos horrendos y pequeÑos y brutales mecanismos que en interacción con la pelota, reconstruyen, de un modo metafórico, la película Batman: Una casita con un Batimóvil pegado arriba representa al Batimóvil, y si embocamos la bola en su interior, eso representa a Batman persiguiendo al Guasón a bordo de su bólido, y así.


Y ese esfuerzo de visualización debe realizarse mientras somos agredidos por luces estroboscópicas, risas demoníacas de Jack Nicholson y bolas veloces como una centella a las que debemos abofetear, muchas veces con flippers (que así se llaman precisamente, aclaro para los no iniciados, las paletas con que le pegamos a la bola) torpes o directamente muertos (me sorprendió la cantidad de máquinas defectuosas que poseían los locales de Montecarlo, pero por otro lado eso le agregaba algo de condimento al juego).


El flipper incluye algo de azar, con la lotería del número fantasma; picardía brutal muchas veces castigada, con la posibilidad de sacudirlo pero también de tildar la máquina; es un objeto / obra de arte conceptual, no un tosco gabinete de plástico con una pantalla; y pocas cosas provocan tanta satisfacción como la aparición sorpresiva de una refulgente bola extra.


En resumen, más prestaciones por el mismo insignificante fichín (sí, en Montecarlo aún se utiliza al sistema del fichín, una alternativa mil veces más civilizaba y factible de controlar que la diabólica tarjeta magnética u –horror – la posesión de un eterno videojuego en el seno de un hogar: una de las gracias de jugar a cualquier cosa es que en algún momento el juego termina). Más dimensiones de emoción en el mismo tiempo y bajo el techo del mismo local maloliente.


Por último, el dato de color: durante la explosión de Palermo Hollywood era la piolada máxima tener en la sala de espera de infinidad de pequeÑas productoras o salas de grabación, un flipper.


Publicado a las 01:34 a.m.


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viernes, 31 de diciembre de 2004

¡QUE ESTE AÑO SEA EL PRIMERO DEL RESTO DE TU VIDA, AUNQUE NO Sé SI ESO ES TAN TAN TAN BUENO!





Patrón, aquí Kiriatos. Me emcuentro escribiendo desde la clndestinidad después de escuchar unos ominosos golpes en la puerta de la pensión. El peligroso hacker del que le hablaba ha ido demasiado lejos, escribiéndome una carta amenazadora a mi mail privado (ese que sólo conocemos usted y yo, patrón); en ella me decía cosas como “te voy a destruir” y “ahora sí te pasaste de mambo, cornudo”, además de insultos de muy poca altura como “viejo borracho”, “grequeta” (la palabra denigrante y racista para referirse a nosotros los griegos) y “estafador”; sé que usted nunca me diría ese tipo de cosas, que siempre la va tan de zurdito.


Pero no se preocupe por este viejo y astuto griego; sabré salir del paso con elegancia. Para hoy, por de pronto, pienso festejar el fin de aÑo en privado, rompiendo algunos platos a la usanza griega, junto con otros miembros de mi colectividad (en realidad son un ruso y un uruguayo, pero son lo más cercano desde el punto de vista geográfico que encontré).


¡Feliz aÑo para todos!


Publicado a las 01:36 p.m.


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