jueves, 29 de septiembre de 2011

¡Macabra reflexión sobre coleccionismo!


BUENO, LO QUE ME PASÓ AHORA ES QUE TENGO UN CUADERNITO. ES UN CUADERNITO PEQUEÑO, RAYADO, CON “ESPIRAL” (EN REALIDAD, UNA HÉLICE), Y QUE ENTRA EN MI BOLSILLO. ALLÍ ANOTO todas las cositas que tengo que hacer. “Ah, sí, genio, cráneo, premio Nobel, eso se llama ‘agenda’, corré a patentarlo”, me dirá algún sagaz lector.



No, no es agenda. Yo creo que no tiene aún el status de “agenda”, aunque aspira a serlo, cuando sea grande. La cosa es así: así como la adquisición del taladro marca el momento en que uno se convierte en un Hombre de Verdad, la adquisición de la Agenda significa la entrada a la adultez, al mundo de los hombres y mujeres de maletín y corbata apretujada. O de pañuelo apretujado o lo que sea que usen las mujeres, después me fijo. Y yo, miembro de la lamentable generación Nesquik, recién a los 43 años estoy empezando a completar este proceso.



He tenido “agenda” en otras ocasiones, pero no la usaba correctamente. Anotaba y no me fijaba, o me fijaba y no hacía nada al respecto, o hacía algo y dejaba la cosa por la mitad al primer obstáculo. Y cuando no cumplía con algo, ese algo quedaba rezagado en las hojas anteriores, a la espera de que se solucionara solo (cosa que sólo ocurría en el 75 % de los casos. Reconozcamos que este modesto porcentaje ha sido suficien te para permitirme sobrevivir hasta el día de hoy).



Yo digo que esto no es una “agenda” porque mi método personal es un poco engorroso: En lugar de asignar tareas a un día y una hora, anoto en una seguidilla de cuatro o cinco páginas absolutamente todo lo que tengo que hacer el resto de mi vida, desde pagar Edenor la semana que viene a llamar a Obdulio por lo del carbón y a comprarme una casa sobre un acantilado en veinte años. De ese modo, si no cumplo con algo, sigue pendiente, sin abandonar mi persecución –como una eterna espada de Damocles- hasta que la hago. Y allí, cuando la hago, llega el momento del clímax: la tacho. Una vez por semana reescribo tooooooda la lista, ítem por ítem, excepto las cosas que ya taché, y agregando las cosas que se me ocurren en el camino.



Este método, a simple vista tan obvio, básico y primitivo, parece estar resultando en un menor boludismo de mi parte, cosa que siempre es positiva. Sin embargo hay algo que me preocupa: Me pone demasiado feliz el momento del tachado. Es como que soy un resultadista. Un bilardista de la agenda. Por ejemplo, ayer me dejé el cuadernito en casa y no sólo me sentí perdido, sino que extrañé la adrenalina del momento en que tacho y grito “¡Cagaste , hijo de puta!” (así les digo a mis tareas pendientes). Tengo que confesar algo vergonzoso: A veces, por ejemplo, cumplo una tarea y cuando voy al cuadernito descubro que no la tenía anotada. No hay problema: La anoto en ese momento, y acto seguido la tacho.



Supongo que esto habla de un aspecto adictivo de mi personalidad, pero sobre todo de una relación no muy adulta con la tarea pendiente: Como si la tarea pendiente fuera una figurita. ¿Recuerdan las grillas numéricas que venían al final de los álbumes de figuritas? Si te tocaba la figurita 21,la pegabas, y después tachabas el 21 en la grilla. Y cada tachón iba oscureciendo la grilla, y existía un deleite secreto, paralelo a recorrer el álbum, en contemplar cómo la grilla estaba toda sucia y tachoneada y quedaban sólo diez o doce cuadritos en blanco. Así me siento ahora. Contemplar los ítems enterrados bajo un revoltijo de dolorosos tajos de birome azul me hace sentir un placer algo malsano. A veces me quedo un rato mirando una hoja llena de tachones, y me regodeo, no del todo sexualmente (con risitas perversas y privadas) en mi letal eficiencia.



Lo que entiendo es que no soy un hombre grande haciéndose cargo de sus responsabilidades, sino de una especie de inmaduro coleccionista, de coleccionista de tareas tachoneadas. Las tareas más inalcanzables –como la casa en el acantilado- son figuritas difíciles. Y la Plastibol supongo que será la Muerte. Lo que todavía no hay es la posibilidad de intercambiar “repes”. Por ejemplo, si tenés que hacerte dos veces el mismo análisis de sangre, no se lo podés dar a otro para que éste, por ejemplo, te pague Edenor. Eso todavía no está bien reglamentado. Pero es coleccionismo al fin.



Y ya sabemos lo jodido y ponzoñoso que es el espíritu del coleccionista, que llega a invadir el noble oficio de la paternidad. ¿Viste cuando tenés un hijo varón? Lo primero que te dicen es “Ahora te falta la nena. La parejita. El casalito”. Fijate lo enfermos que están estos tipos: Quieren que completes la colección. La colección de sexos de hijos. Aún no he escuchado que digan “Ahora te falta el que tiene disforia de género”, pero esto no tengo dudas de que se empezará a escuchar cuando el tema sea menos tabú.


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miércoles, 28 de septiembre de 2011

¡Siguen regalando ideas GRATIS!


Una idea para un programa nuevo de televisión: “¿Viste quién se murió?”



Aprovechando que todas las semanas se muere algún famoso o semi-famoso (a veces de a dos o de a tres, están cayendo como moscas, ahí es donde uno agradece ser un Don nadie), en el programa (puede ser diario o semanal, todavía no decidí) se repasan los últimos muertos. Se repasa su vida y obra con imágenes entremezcladas de fotos y la canción “What a wonderful world” de fondo, se invita a algún deudo –en lo posible también famoso- y se lo hace llorar en cámara, se envía algún movilero al sepelio y al entierro. Lo interesante es que hay muchos famosos viejitos o arruinados –viste que el famoso suele tener una tendencia a los excesos. Y a envejecer- así que siempre hay material para el programa. Una sección especial puede estar dedicada a esos tipos que la gente pensaba que ya se había muerto hace años, y no, parece que se murió antiyer.



El programa puede abrir con una especie de intriga, para generar expectativa. Justamente la conductora (vestida de La Parca o en bikini) empezaría diciendo “¿Viste quién se murió?” y ahí se aceptan llamados de los oyentes. Y al final del bloque te lo revelan.



Si una semana ponele que justo justo no se muere nadie, invitás a viejitos famosos y les preguntás por su salud, cómo anda del colesterol, que traiga algunos análisis médicos para que los chequee producción, etc., en fin, se lo tantea. Y al final de la entrevista se le da un premio especial (una cena en “Don Lechón” por ejemplo) o se lo felicita (porque todavía no se murió). Igual sería una excepción, siempre hay alguno que la palma.



Lo interesante de “¿Viste quién se murió?” es que evitaría los responsos televisivos en programas que no son sobre este tema (sobre quién se murió), cosa que siempre es un bajón. Estaría todo concentrado allí. Y te ayuda a mantenerte actualizado (incluso en la página web podría tener como unas figuritas que te las bajás a una especie de album virtual o archivo de Excel, donde vas pegoteando los muertitos, como para consultar), para no meter la pata. Sería además una buena opción para el televidente “senior” o aficionado a chequear las necrológicas.



A mí me parece que es un hueco interesante. Un “nicho”, si se me permite. ¡Miren, cómo abrir una botella con un zapato, gracias al fenómeno que en hidráulica se conoce como “golpe de ariete”! Demencial.


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lunes, 26 de septiembre de 2011

Dato 3.590: El Papa Juan XX


caparros.gifNuestros padres conocieron a Juan XXIII. Sin embargo, sólo hubo 22 papas: ¡nunca existió un papa Juan XX! Como los edificios que no tienen piso 13, la Iglesia pasó de Juan XIX (1024-1032) a Juan XXI (1276-1277). El 21 debió ser 20, por lo que el 23 debió ser 22. ¡Mirá vos! (Fuente. Unservidor, que no dice de dónde lo sacó, así que debe ser una fuente secreta y esotérica, para iniciados en contacto con fuerzas innombrables. Probabilidades de exactitud: XX %%)


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Comida de pobre: ¿Privilegio para unos pocos?


Escribe el Lic. Isaías Baralt

Bon Vivant Extremo

lotomosinsodaporqueasipegamas@gmail.com



Aníbal Ontiveros Klein viene trabajando en el desarrollo de la Exagerated Charged Poor People Food o “Comida de pobre cobrada exageradamente cara” desde los años ’90, en el que volvió de un viaje iniciático a Liberia con las alforjas llenas de recetas a base de insectos y ano de cerdo frito. Las astronómicas el servicio, que podrían calificarse de “astronómicas” –más teniendo en cuenta que las materias primas, obtenidas gracias a la empresa paralela de control de plagas de Ontiveros Klein, no constituían un gasto sino un ingreso- proporcionaban el necesario toque lúdico para que la experiencia no se estancara en un mero “comer”. Locales como Miseria Espantosa, We are the world y Una limosnita de trescientos pesitos por favor fueron sólo algunos de sus emprendimientos.



Al acercarnos a su nuevo local, La ONG de Aníbal, lo primero que sentimos es una verdadera orgía de aromas compuesta de sudor rancio, cabezas de pescado podrido y verduras hongueadas (hablamos, claro, de una orgía sadomasoquista). El local recrea un arrabal inmundo y lleno de alimañas, y está ubicado en lo que realmente semeja un arrabal inmundo y lleno de alimañas, con un cuidado por el detalle tal que realmente nos sentimos en un arrabal inmundo y lleno de alimañas. Es exactamente la sensación palpable, casi real, de estar en un arrabal inmundo y lleno de alimañas, efecto conseguido entre otras cosas gracias a la suciedad –diseñada a la perfección- y a las alimañas que ramonean alegremente por el restaurante.



Luego de sentarnos en los inmundos asientos que el maitre –caracterizado como un leproso medieval, harapos, campana y una afección en la piel que semeja muchísimo la enfermedad de Hansen incluidos- nos ofrece, pedimos la presencia del camarero (aunque debemos hacer notar que Naty, nuestra fiel compañera de aventuras gastronómicas, no se atreve a apoyar sus graciosas posaderas en la banqueta cubierta de sustancias innominadas, manteniéndolas prudentemente a unos centímetros de distancia como si de un émulo de Marcel Marceau se tratase. Un conmovedor esfuerzo que a los pocos minutos se manifestará en su frente –de habitual límpida y juvenil- cubierta de arrugas y sudor).



Media docena de camareros se nos acercan, también cubiertos de harapos, algunos ciegos, otros tullidos, otros refregándonos un bebé berreante por las narices; pero en lugar de ofrecernos su asistencia, nos ruegan –con voces fantasmales y suplicantes- monedas o mendrugos de pan. En vano es explicarles que hemos venido a ser alimentados y no viceversa. La desesperación y el impétigo impregnan sus rostros miserables. Sólo luego de darles las pocas monedas que tenemos en los bolsillos (y que agradecen ululantes), nos dejan un menu a cambio.



El breve estudio del mismo nos transporta a un viaje alrededor de los parajes más miserables y sucios del globo, desde los slumdogs de la India a los barrios bajos de Lesotho, pasando por el Obelisco porteño un domingo a la una de la madrugada. Tentador el Conejito de Caño a la Plancha Untada en Aceite Sobrante con Ensalada de Cáscaras de Papa, así como el Potaje de Arroz y Gorgojo Machacado con Timbal de Tronquitos de Acelga y los Bollos de Garbanzos de Lata Vencidos. Una fiesta para el paladar y un baño de conciencia social al mismo tiempo. Sin embargo, como “pobre” no necesariamente significa “exótico”, optamos por un plato autóctono: La Porción de Pizza de Ugi’s Servida en Suave Colchón de Muzzarela Vieja Pegoteada en Caja de Pizza. Naty, en cambio, pide un Revuelto de Labio de Vaca, que luego comenta y evalúa verbalmente con gran entusiasmo como compensación por no probar un bocado.



“Lo que el paladar argentino no entiende”, explica Ontiveros Klein, caracterizado como el Rey de la Corte de los Milagros, “es que la Exagerated Charged Poor People Food, si se la hace bien, conlleva un cuidado y unos gastos astronómicos. Sin ir más lejos la Sopa de Espinazo de Pescado y Cebada que está comiendo ese señor no fue cocinada aquí (habiendo ubicado el local en un arrabal inmundo y lleno de alimañas, de más está decir que no tenemos cocina) fue traída directamente, vía FedEx desde el ‘rancho’ de los trabajadores de una mina de coltán en la República Democrática del Congo, con todos los estipendios en refrigeración y traslado que ello exige”. Menos categórico se muestra el hombre de Núñez cuando le preguntamos si la ración es compensada de algún modo al trabajador al que ésta le correspondía. Elevando las cejas, atina a sonreir “¡Qué buena pregunta! Después voy a preguntar, por mail”.



Ontiveros Klein nos cuenta además –mientras Naty, debido al dolor en los gemelos se desvanece unos minutos sin abandonar su posición en momento alguno- la interesante tournée que realiza todos los años buscando nuevas ideas por barrios, villas miseria, ollas populares, campamentos piqueteros, cárceles, lazaretos, trincheras de matanzas étnicas, hogares para moribundos, comedores infantiles y fábricas de sandwichs para maxikioscos de todo el globo (viaje en el que “aparte en comida gastás dos mangos”, aclara con cierto espíritu mezquino nuestro anfitrión). Entre algunas conclusiones que le dejan sus recorridos, Ontiveros Klein explica que “parece que pobres hay un montón” y “si todavía hay tantos es porque tan tan tan mal no les va, sino se habrían acabado”. Aclaremos piadosamente que lo de Ontiveros Klein es la gastronomía, no la sociología.



Es menester agregar que lo de Ontiveros Klein tampoco parece ser la finesse: Asumiendo que nos acercamos a su local como clientes y no como lo que somos –¡Ni más ni menos que los autores de las críticas gastronómicas con más prestigio del país!- nos acerca, ansioso y con una sonrisa estúpida cruzándole en el rostro, la cuenta. Donde no se explica el alto precio de la porción de pizza de Ugi’s, cuyo viático -a diferencia del la Sopa de Espinazo de Pescado congoleña- no debe haber superado el precio de un boleto de colectivo para empezar.



Ofendidos, despertamos a Naty sacudiéndola delicadamente y nos marchamos presurosos hacia la puerta. El hombre de Núñez, de un gesto, envía su ejército de camareros-mendigos a por nosotros, y tal como ocurría en la Corte de los Milagros mencionada más arriba, vemos cómo el que parecía un ciego se conduce sin ayuda de lazarillo alguno, cómo el pobre tullido se acerca ejecutando triples saltos mortales y cómo del interior del “bebé” otro mendigo extrae una semiautomática.



Afortunadamente el entrenamiento actoral strasbergiano previo al que se han visto sometidos puede más, y arrojamos a la marchante medio alfajor que teníamos en un bolsillo. El miserable ejército de Ontiveros Klein se lanza, desesperado, sobre la golosina, dejándonos el camino limpio y despejado mientras nuestro anfitrión chilla a lo lejos, frustrado.



Un excitante viaje a través del lado oscuro de la gastronomía, malogrado por las evidentes falencias humanas del chef. Pero no todo son perlas negras, porque una pizza de Ugi’s es una pizza de Ugi’s, verdad que celebraremos con una porción de parados, de regreso a nuestro asilo. ¡Cheers!


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viernes, 23 de septiembre de 2011

¡Uhhhh, cuántas cosas interesantes!


Hoy -a menos que haya un milagro, tipo que el impacto del satélite ese que se está por caer haga que la Tierra gire más lento- me parece que no hay, pero hay festival de cosas interesantes:



¡Enmudeced ante el extraordinario aviso de Stevie Wonder contra beber y conducir (habla en castellano y todo)! (Enviado por Lucía)



¡Tambaléense todas vuestras concepciones del Universo ante las cosas que se parecen a un Pacman! (Enviado por Gabriel Tamarit)



¡Abrid las puertas de vuestra percepción ante “Complete Roque”, las animaciones primigenias de Farsa Producciones!



¡Quedaos sin aliento ante la extraordinaria performance de Jerry Lewis en “The Errand Boy”!



¡Perded la capacidad del habla ante el número del “Trío Ruso” (no, no es lo que están pensando)! (Enviado por Lucho GK)



¡Lanzad grititos muy agudos con el videojuego de cargar la tarjeta SUBE! (Enviado por Claudia)



Y por fin: Pasad una tarde en grande con estos trailers de Hitchcock! (Proporcionado por Gaby)


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jueves, 22 de septiembre de 2011

Dato 3.590: El aporte de la contabilidad a la cultura universal humana


caparros.gifLos primeros símbolos numéricos indicaban medidas de grano (trigo o cebada). A cada unidad de grano correspondía un signo, así que si una persona poseía cuarenta granos, se anotaban cuarenta signos, que sólo podían significar cuarenta unidades de grano. Sin embargo, los contables de Uruk, una de las primeras ciudades de la Mesopotamia, fueron capaces de desdoblar el concepto numérico (“cuarenta”) del concepto lingüístico (“grano”), creando un tipo de signo para los números y otro para los objetos, pudiendo combinarlas para simbolizar tanto “cuarenta ovejas” como “veinte granos”. Así, le debemos a los contadores no sólo a creación de los números sino también de las palabras escritas. ¡Mirá vos! (Fuente: El libro “Del hacha al chip”, de James Burke y Robert Ornstein. Probabilidades de exactitud: 100 %% libro, aparte tiene letras re grandes y se entiende)


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¡Paramiento del colectivo: Una proyección Evolutiva!


Nivel 1: Pasajero figurante en su parada correspondiente, parado y con los brazos en los costados. (Apto para Suecia, Noruega, Suiza y otros países en serio, como debe ser, etc.). Excusa para no parar: “Y, estabas ahí parado, qué se yo, vos parado ahí abriendo la boca qué voy a saber que querías que pare”)

Nivel 2: “Saludo Nazi”. El pasajero levanta su brazo derecho, expresando su deseo de abordar ese colectivo en particular. Excusa para no parar: “Y yo qué sé, pensé que estabas parando al colectivo que venía atrás, aparte no me miraste”

Nivel 2 (b): “Saludo Nazi con Amor”. El pasajero levanta su brazo derecho, expresando su deseo de abordar ese colectivo en particular, e intenta mirar al colectivero a los ojos, incluso a treinta metros de distancia. Excusa para no parar: “No me miraste con la suficiente intensidad”.

Nivel 3: “Saludo Nazi con Figuras Ornamentales”. El pasajero levanta su brazo derecho y luego lo mueve hacia un lado y el otro desesperadamente, mientras mira a los ojos al colectivero con expresión de súplica o sumisión. Excusa para no parar: “No te vi”.

Nivel 4: El pasajero baja de la vereda y hace el saludo nazi con figuras, mientras mira al motorman con expresión de enojo o amenaza. Excusa para no parar: “No puedo, mirá el quilombo que es el tránsito, te tenés que acercar más”. (Nota: En este momento histórico nos encontramos en este nivel. La ubicación en un nivel más bajo se traduce en una indiferencia total del colectivero en el 95 % de los casos)

Nivel 5: El pasajero se baja de la vereda mientras hace un saluido nazi con figuras y corre al encuentro del colectivo antes de que éste llegue, trazando con su movimiento una línea imaginaria que colisiona directamente con el vehículo. Excusa para no parar: “Tenés que correr más rápido y aparte no me miraste a los ojos”

Nivel 6: “Play chicken”. El pasajero baja de la vereda y se coloca en la trayectoria del colectivero con las dos manos en alto, con expresión de un hombre dispuesto a todo, incluso a morir en el intento, corriéndose en el último segundo –con el colectivo rozándole las pestañas- y buscando el famoso “ladrillo imaginario”. Excusa para no parar: “Soy malvado”. (Nota: Este nivel se está imponiendo de a poco, yo estuve ahí el otro día)

Nivel 7: El pasajero silba distraídamente como si tal cosa, espera a que el colectivo pase y arroja un ladrillo no imaginario contra la luneta del colectivo y la hace añicos, en la confianza de que el chófer se detendrá aunque sea para cagarlo a trompadas. Excusa para no parar: “Me ne frega, total el colectivo no es mío y aparte hace calorcito, mejor, así hay corriente de aire (se ríe)”.

Nivel 8: El pasajero se planta adelante con un bati-cinturón cargado de tarros de pintura en aerosol -en actitud “Play Chicken”-, pero cuando éste está a medio metro se lanza de un salto cruzando todo lo ancho del colectivo (en cámara lenta) y embadurnando de pintura el parabrisas del colectivo, confiando que la completa falta de visión obligará al colectivero a frenar. Excusa para no parar: “Escuchame, flaquito, hace diez años que hago este recorrido, lo puedo hacer con los ojos cerrados, es más, es hora de mi siesta. Hablamos después, ¡Abrazo! Zzzzzzzzzzzzzzzzzzz”

Nivel 9: El grupo de pasajeros elige a uno de ellos mediante el azar (o al más viejo o débil) y entre todos lo aprisionan y lo arrojan bajo las ruedas del colectivo, esperando que el colectivo se detenga debido a la culpa homicida. Excusa para no parar: “No me miraron a los ojos con la suficiente intensidad y aparte era muy viejo y débil, igual no hubiera sobrevivido”.

Nivel 10: El grupo de pasajeros se para en medio de la calle totalmente armado, con fusiles y granadas y cuando el colectivo se acerca comienzan a disparar tiros de advertencia, al costado del vehículo y a detonar explosivos y luego directamente contra las ruedas y el parabrisas, en la creencia de que si el chofer muere, detendrá el vehículo. Excusa para no parar: “Uh, menos mal que gracias al Plan de Inversión en Transporte Automotor ahora todos poseemos colectivos de Adamantium”

Nivel 11: El grupo de pasajeros coordina, mediante comunicación radial, un ataque “desde adentro” por parte de otros pasajeros del vehículo, que acuchillarán al chófer con armas blancas de plástico, tripularán el colectivo y desviarán su curso hasta estrellarlo contra el edificio de la UTA, provocando su implosión y asestando un recio golpe al orgullo y seguridad de los perros colectiveros, ¡Inch’Allah! Excusa para no parar: “Pueden matarme, pero no me quitarán la satisfacción de ver la carita de decepción y bronca de esos impacientes oficinistas pequeño burgueses”

Nivel 12: Los pasajeros hacen un “pool” económico (ahí, en la parada) y compran (a través de la blackberry que tiene el más garqueta de todos ellos) el 75 % del paquete accionario de la empresa colectivera en cuestión, y amenazan con suspensión y despido al colectivero que no pare (en esa parada en particular). Excusa para no parar: “Hoy hay paro y movilización, o sea, paro al revés porque hago paro no parando, y movilización al derecho (porque me muevo), ajo y agua”

Nivel 13: Los pasajeros detonan un dispositivo de “pulso electromagnético”, que detiene completamente todos los aparatiuquis con electricidad, desde plantas nucleares a gatitos chinos que mueven la patita y, por supuesto, la batería del colectivo. A ver qué hacés. Excusa para no parar: “Uh, menos mal que ahora las maquinolas de los colectivos se mueven mediante enanitos mágicos que corren, gozan y viven vidas de despreocupación y ensueño en el interior del motor”



Se calcula que para mediados del año 2014 habremos alcanzado este nivel.


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miércoles, 21 de septiembre de 2011

¡Rempujamiento de relatos orales: La guía!


El buen rempujador de historias –que es un tipo que va por ahí escuchando relatos, anécdotas o películas narradas en casas particulares, viajes en colectivo y mesas de café, y cuando alguien se atranca o se pierde o hace cagadas, interviene: “Permiso, medio que te perdiste. Permitime, entonces, cuando el médico le dijo lo de la operación, ¿qué hizo tu abuelo? Listo, retomá de ahí y seguí tranquilo”, y después se sienta a un par de metros, en actitud de “ustedes hagan como que no estoy”, pero con cierta actitud corporal amenazadora, para evitar recaídas- debe conocer, para una correcta ejecución de su trabajo, las principales falencias de narración del hombre del común.



Serían estas:



“EL CAMPO MINADO”: Es una maniobra engañosa. El narrador capaz que arranca bien la anécdota, bien el planteo, presenta rápidamente a los protagonistas (“El ‘Chiche’ Sosa era un peluquero de allá de mi pueblo”), pero después se empieza a dispersar. Y la historia del “Chiche” Sosa deriva en el padre del tipo, que envasaba vizcacha en escabeche, y de ahí al problema de los caballos que se mancaban en las vizcacheras, y de ahí –no sabemos cómo- a la historia de un primo lejano que había peleado junto a Garibaldi. Y la historia se empieza a deshilachar en cuatro o cinco historias, que a su vez quedan abiertas. Y el narrador no llega ni siquiera a la parte del medio, y el escucha se desespera, porque para enterarse –aunque sea- del desenlace de la primera historia, corre el riesgo de tener que volver a pasar por las cuatro o cinco historias inconclusas que quedaron desperdigadas. Y ahí ya olvidate de llegar al médico a tiempo.

Los candidatos: Por lo general ancianos, con la memoria de corto plazo agotada o personas con gran capacidad de dispersión.

La Frase Recurrente: (Levemente angustiado) “…¿pero qué te estaba contando?”



La Labor del Rempujador: Rempuje mediante recordatorios periódicos y constantes (con el sistema del “Me decías”: “Me decías que el Chiche era medio picaflor”… “La maestra, me decías qué le dijo la maestra”… “Perón, me decías lo de Perón, lo que había hecho Perón, te acordás, abuelo, me contabas lo de Perón”)



“LA CARRETA FÚNEBRE”: A diferencia de “El Campo Minado”, que se desdibuja pero por lo menos empieza con ganas, los usuarios de esta maniobra no arrancan nunca. Para peor, el entre de la historia suele ser un dato incompleto pero angustiante, como para crear un intolerable “suspense”. A la Tía Aflicciones, por ejemplo, le preguntás –con cero entusiasmo- “¿Cómo va todo, Tía?” y ahí dice: “Y… Vos sabés… la nena”. Y vos decís con un hilo de voz, con un repentino falsete (suponiendo que se trataba de tu sobrinita más pequeña) “Qué… ¿Qué pasó?”. “Y, viste, vos viste viste lo que hizo el padre de la nena…” o “Vos viste lo que es la escuela de la nena…” o “Vos viste la enfermedad de la hermana de la compañera de trabajo de la madre de la nena…”, así hasta enganchar una desgracia ajena con otra desgracia ajena, paseándote por la horrenda situación social del conurbano o el cáncer fulminante de páncreas de una compañera de trabajo de la madre de la nena, que encima dejaba cuatro hijos no mayores de cinco años, y yo no sé en qué puede terminar esto (suspiro). Todo muuuuuy lento y exasperante y espantoso. Finalmente, resultaba que la nena había tenido gripe. Gripe. Tres días, 37 de fiebre, no, ya está bien, hoy volvió a la escuela, ¿por? Mientras tanto, envejecimos diez años.

Los candidatos: Suegras, tías, vecinas, señoras mayores y depresivas, llenas hasta el tope de maldad reprimida, que se gozan en el relato de desgracias y la impaciencia angustiada del oyente.

La frase recurrente: “Y para peor…”



La Labor del Rempujador: Rempujamiento impaciente mediante el recurso del “Bueno, bueno”: “Bueno bueno, pero la nena, la nena, ¿qué le pasó a la nena?” O tal vez: “Bueno, bueno, pero la nena está bien? ¿Está bien la nena?” O más directamente: “Bueno, bueno, ¡pero avanzá, tía, sos una carreta!!! ¿QUÉ ONDA CON LA NENA???”



EL “MEJOR IMPOSIBLE”: Maniobra titulada así en homenaje a aquella película en la que Jack Nicholson hacía de obsesivo compulsivo. Los “Mejor Imposible” tienden a obsesionarse por un detalle pelotudísimo de la historia al que vuelven una y otra vez. Por ejemplo, el acuciante problema de “quién estaba”: Estaba el Tute, Marquitos y el Pardo. No, pará, miento, miento, el Pardo no estaba. Estaba Mingo. ¿Estaba? No, miento, estaban Mingo, Rolo y el Tute. No, no puede ser, porque el Tute en ese momento estaba en Alemania visitando a los tíos. Así que el que estaba era el hermano, Romeo. No, pará, miento, miento, si el hermano del Tute ya había fallecido. ¿Quién era el que estaba entonces?



Clint Eastwood, luego de fracasar varias veces en la filmación de una escena donde debía aparecer un carro en llamas que entraba en un granero, optó por eliminarla, aclarando “Después de todo la película no se trata de un carro en llamas que entra en un granero”. Los Mejor Imposible no tienen la sabiduría de Clint Eastwood; No saben “de qué trata la película”. Creen que la película se trata de quién estaba.

Los candidatos: Cincuentones que nos cruzamos casualmente, tíos a los que vemos en un velorio, vecinos jubilados, taxistas comunicativos o plomeros de esos que tienen mucho para decir.

La frase recurrente: “No, pará. Miento, miento”



La Labor del Rempujador: Órdenes directas envueltas en furia, mediante la maniobra “Contá lo que pasó”: “¡Y a mí qué carajo me importa quién estaba! ¡Contá lo del perro, qué pasó con el perro, lo encontraron o no lo encontraron al perro!”



EL “PROPAGANDA DE MASTER CARD”: Este ejemplar, como un hábil creativo publicitario, te cuenta una cosa pero para contarte, en forma subliminal o traicionera (es lo mismo) un mensaje completamente diferente. Por ejemplo, te cuenta que se encontró con Víctor, te acordás de Víctor, el que tocaba el teclado con Los Apaches, ahhhh, sí, me acuerdo, pobre infeliz, y qué es de la vida de Víctor. Bueno. Y lo que vendría acá, que sería la anécdota o meollo del encuentro con Víctor, el apasionante “nudo” y el desgarrador “desenlace” consiste en apenas dos o tres datos laborales y domiciliarios y completamente faltos de interés; por ejemplo “Bien, anda bien, está arreglando CPUs y vive en Ranelagh”. O “Bien, bien, consiguió una beca en el Conicet y vive en Parque Patricios”. O, si querés ponerle mucha emoción: “Bien, ahí anda, está trabajando de payaso asesino en un Laberinto del Terror y vive en la Luna”. Y luego, sin avisar ni nada, pasa a lo realmente importante: “Sabés… Yo hace un par de años me cogí a la novia de Víctor”. O sea, al tipo le importa una goma contarte que se encontró con Víctor, o que trabaja de payaso asesino. Su intención, desde el principio, ha sido revelarte que se benefició a su novia, cosa que le parece un triunfo sobrecogedor digno de ser cantado por trovadores. Como historia, una estafa.

Los candidatos: Amigos de larga data o compañeros de oficina muy cancheros y sexualmente inseguros.

La frase recurrente: ¿Viste la minita esa? Bueno… (levantada de ceja y silencio elocuente)”



La Labor del Rempujador: El “rempuje al revés”, ignorando por completo la parte del triunfo sexual, con un “Pero pará, y Víctor, ¿qué más te contó? ¿Sigue tocando? Un tipazo, Víctor” (para gran desazón del Propaganda).



EL “PULP FICTION”: El recurso del relato desordenado hay que dejárselo a los profesionales. El narrador medio, más aún en el género relato oral no debería andar mezclando los tiempos, porque el relato oral se escucha con una oreja sí y con la otra puesta en el agua que no hierva o en que el crío no se tire por el balcón. ¡No! A mí contame la película ordenadita, querido. Sin embargo, muchos narradores orales, envueltos en la ansiedad y la prisa parecen darle poca importancia a este principio, y lo emparchan mediante el “porque antes”: “Ah, pará, porque antes habíamos tenido que pasar por lo de Pachu a buscarla a Ferchu para ir a lo de Chechu. Entonces estábamos en el 152, ah, pará, porque antes fuimos al Alto Palermo comprar el regalo de Gabu” y es todo un Caos narrativo insostenible y enloquecedor. Encima cuando pedís alguna precisión se te enojan: “No, no, PRIMERO me bocharon en lengua y DESPUÉS tuve que jugar la final de hockey, ay, tío, no tendés nadannn”. Y, no, no entiendo nada porque lo estás contando para el culo.

Los candidatos: Sobrinos o hijos de amigos, niños, preadolescentes y adolescentes llenos de vida y entusiasmo e incompetencia oral.

La frase recurrente: “Ah, pará, porque antes”



La Labor del Rempujador: Rempujamiento reconstructivo, cada diez segundos de relato, mediante la técnica del “Entonces”: “Entonces: Vos estabas en lo de tu primo y de ahí es que se fueron al Parque de la Costa, donde vomitaste el guiso de lentejas”. O “Entonces, en el colectivo fue que a tu amiga se le rompió el jean y ahí bajaron a lo de la prima a ver si le prestaba algo, pero vos no podías entrar porque a la prima le… ¿O venían de lo de la prima?”



Mediante el reconocimiento de estos desastres orales, el buen rempujador podrá llevar a cabo su tarea con eficiencia, para confort y tranquilidad del público.


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lunes, 19 de septiembre de 2011

Coso 92: The Arm


El más reciente orgullo de Janet era su vistosa birome de tinta azul, que había encontrado en una tienda de baratijas de segunda mano. En su mitad superior contenía un pequeño receptáculo con agua, donde se veía una escena portuaria. Un pequeño barquito bidimensional se encontraba en primer plano, y cuando Janet ponía el bolígrafo patas para arriba, el barquito se deslizaba graciosamente. El día que lo llevó a la Oficina Municipal de Patentes Automovilísticas, por primera vez se había convertido en el centro de atención de sus compañeros de labor.



Por eso no estaba dispuesta a permitir que los visitantes -gente grosera y ansiosa, apurada para que Janet solucionara sus problemas burocráticos- se lo “llevasen distraídamente”, como solía ocurrir con las biromes que se ofrecían para llenar formularios. La solución vino en la forma de una pequeña sopapa a la que estaba adosado un cable espiralado, cuyo extremo se conectaba a la birome (al que en un rapto de poesía no habitual en ella, llamó “El Brazo”), dispositivo adquirido en una extraña tienda de artículos de oficina de la zona.



La efectividad de El Brazo, sumada a cierto perfil obsesivo de Janet -todos recordaban aquella vez en que había terminado en el hospital, por no soltar el bolso que dos delincuentes habìan intentado arrebatarle, en el que Janet no llevaba más de diez dólares- despertó en ella una suerte de fanatismo por la propiedad privada que terminaría mal; a las pocas semanas, todos sus objetos personales -su tazón para el café, su cartera, su celular y hasta el táper donde llevaba su almuerzo- estaban sostenidos por diferentes “Brazos” que Janet había adquirido; y las sopapitas que los aseguraban, pegadas gracias a la magia del Vacío Hidráulico al propio cuerpo de Janet. El Sr. García, jefe de sección, estaba seguro de que su empleada menos favorita estaba violando algún tipo de “dress code”, pero no logró determinar cuál era, a pesar de revisar de arriba a abajo el Manual de Ética del Empleado.



Dos meses después, Janet volvió a ser atacada por un par de delincuentes callejeros, que terminaron arrancándole todos sus “Brazos” y empujándola contra una reja, y despojándola de su querida birome. Janet, llorando, juró que esto no volvería a ocurrirle.



Tras cuatro días de ausencia sin aviso el Sr. García se vio obligado a visitar la casa de Janet. Tocó el timbre, deseando que ella no le atendiera.



“No se preocupe por mí, Sr. García”, dijo Janet con voz mecánica. “Por primera vez me siento a salvo. Gracias a El Brazo, nadie me atacará, ni me arrebatará, ni me hará daño. El Brazo no permitirá que me quiten del lugar al que pertenzco. El Brazo cuidará de mí y de todas mis Posesiones.”



El Sr. García intentó no tambalear, pero ver a Janet, completamente desnuda, con ese inmenso cable espiralado de fabricación casera, injertado bajo la piel de su espalda, y una sopapa que parecía estar hecha de algún tipo de material orgánico (pequeñas venas asomaban bajo su superficie traslúcida, y el Sr. García hubiera podido jurar que RESPIRABA) adosada firmemente a la pared del fondo, y centenares de “Brazos” asegurando la totalidad de los objetos de Janet -desde su sofá cama hasta la más insignificante cucharita-, conformando una maraña de cables entrecruzados e interconectados mediante sopapitas de distintos colores y tamaños, incluyendo “Brazos” que sostenían otros cables, cuyas sopapitas a su vez se pegoteaban a otras sopapitas, como si se tratara de una pesadillesca orgía umbilical, resultó demasiado para su rudimentaria mente oficinesca. El Sr. García soltó una carcajada demencial y luego se retiró, trastabillando, apenas escapando a un “Brazo” que intentaba insertarse lascivamente bajo su ropa.



Siendo como era un hombre decente y sociable, aún hoy es visitado por acongojados familiares en la Clínica Miskatonic para los Irreversiblemente Catatónicos. Su piquiatra dice que ha hecho grandes progresos en su capacidad de comunicación: Hoy, por ejemplo, dejó escapar un sonido inarticulado, algo parecido a un reprimido grito de horror.



(Fragmento de “The Arm”, película de horror nortemaericana, adaptada de la película japonesa “Kenzaburi No Aramo”)


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jueves, 15 de septiembre de 2011

¡Las cinco señáleis de que tu chico os te os es infiel!


Escribe Iosune Olarticoechea

Ingeniera en degeneradismo recreativo

mepongoelpongo@gmail.com



¡Hala, blancas palomitas! Os es muy probábleid que si tenéis una relación tradicional –me refieros a os aquella donde tú y vuestro chico son una pareja, se han prometido fidelidad y no incluyéis enanos ni sustancias tóxicais testeadas por el ejército de USA en Vietnam ni coleccionismo de maquinaria industrial del siglo XIX- que os molestéid que tu chico se acueste con cada vertebrado que se cruza os en vuestro su camino.



De ser así, es probable que os toméis las de Villadiego o le digáis a vuestro chico que se marche a freir gambas al ajillo. Pero sabémois cómo os son los hombres; y muchas veces no tiéneis la delicadeza de informároslonoslo la cosa de lo de su infidelidad, bueno, nada, tío, por lo que debéid estar atentais a las siguiented señales:



¿Se baña, perfuma y acicálaid más de lo debido os? En una relación, llega siempre el tiempo en que os vuestro chico ya no viene a recibírois de punta en blanco, con el matojo púbico bien recortado y sus tatuajes satánicos recién lustrados. ¡Son cósais naturales, propias de una relación que se ha asentado! Bueno, nada, por eso, cuando os veáis que ha dejado de venir a veros sin duchar, sin trozos de longaniza entre los dientes y que se ha puesto una camisa con menos de cinco manchas de gazpacho, es mejor que hagáis sonar todas las alarmas. Tu chico, sin lugar a dudas, viene de ver a otra. O está pensándoos en ir a ver a otra luego de abusar de vosotra, o tiene a otra encerrada y encadenada tras un doble fondo en el baño, con la que mantiéneid un amorío, o tiene a otra oculta bajo os un manto de la Invisibilidad, con la que está manteniendo un “affaireid” mientras conversa contigo tranquilamente. ¡Quítalo ya mismo de tu vida!



¿Os haced regalos inesperados? ¿Tu chico se ha aparecídoid con un collar de diamantes de 34.000 duros, sin justificación alguna, acompañado de un extenso poema iámbico donde os dicéis cuánto y por qué te ama en veintidóis maneras diferénteis? ¡Eso no es normal! Lo hace por el mísmoid motivo por el que os ha invitado a ese bistró de comida indochina al que siempre quisisteis ir; evidentemente se siente os culpable. Si no, bueno, nada, no habría dejádod de quitaros cincuenta euritos del monedero “para una litrona, chata” cada vez que os sale de vuestra casa. ¡Es evidénteid que está tratando de ocultaros los cientos de orgías a las que asiste apenas dobla la esquina (y que, mediántied alguna técnica de manipulación os mental logra que se vuelvan imperceptibles a la vista, el olfato y el tacto cuando los siguéis para atrapároslo con os las manos en la os masa)! Es más que claro que os su amante, la hija de un potentado rumano (que evidentemente tiene algúnois negocios sucios y multimillonarios con la mafia rusa) le presta el dinero necesáriois para haceros esos costosos regalos (que, si tenéis un os mínimois de dignidaid, habréis arrojado a la basura). ¡Déjasloid inmediatamenteis y denúncialois al Ombudsman de la mujer!



¿Os sorpréndeid cada día con nuevas técnicas os sexuáleis que os hácein alcanzar un extáseis más allá de lo imaginable? ¡Cuernos a la vista! Tu vuestro chicod está aplicando las asquerosidádeis que ha aprendido con la otra, vale, tío, bueno, nada, o está ensayando en vosotra las asquerosidádeis con las que quiere agasajar en la otra. Es indistíntoid. ¡No prestéis atención al “Manual de las nuevas técnicas os sexuáleis para proporcionaros a tu chicais un extáseis más allá de lo imaginable” que tiene en su mesa de luz y que estudia a toda hora! ¡Es una pantalla! ¡Échale ya mismo de tu vida, si es posible a patádais, golpes de puño y objetos contundentes!



¿Ya no te zurra cuando se tómaid un par de copas de orujo de máis? Si te quedaba alguna duda, tiéneis más cuernos que una convención de Unicornios. Probablemente esté saliendo con alguna zorra que conocióid en sus reuniones de Violentos Anónimos, o la de Alcohólicos Anónimos, o la de Adictos a los Disfraces de Payaso Anónimos (que, ademáis, son una excúsais para encontrarse con esas tres zorras). ¡Es un os claro síntoma de culpabilidad por su os infidelidad, hala, aunque él os diga que os no te os golpea porque os se siente os culpable de habéroslo os golpeado! ¡Volatízalo de tu vida, no sin ánteis ponerle una falsa denuncia policial por haberos golpeado en venganza por no haberos golpeado como pantalla de su infidelidáid!



¿Ha dejádoid de salir con mujeres para luego contarte todo con lujo de perversos y ocscuros detálleis? Un clásico. ¡Se trataid de otra pantalla para ocultarte que sale con mujeres y despuéis te cuenta todo con lujo de perversos y oscuros detalles! ¡De lo cuál ni te enteráis, hostia, vale, tío, porque no te cuenta todo con lujo de perversos y oscuros detalles! Bienvenida a Cuernolandia. Población: ¡Vosotra! En este momento la mitáid de vuestra Comunidad Autónoma se os está riendo de ti y viendo un video en pantalla gigante donde sale él no follando con mujéreis (pero con un subtitulado que explica que es todo una pantalla. No, no la pantalla gigante, sino una pantalla –de tamaño normáil- para ocultar que os está os siendo os infiel os). ¡Expúlsale para siempre ya de tu vida y arrójale cósais y denúnciale y publica en Internéit fotos trucadas de él vestido de Isabel Pantoja donde se lo fóllain cuatro gorrinos bien dotados! Así aprenderáid y no volverá a hacerte lo mismo cuando vuelvas a ponerte de novia con él.



Bueno, nada, por supuesto, vale, tío, y esto es una opinión personal, lo mejor para evitar esto es mantener una relación “abiertaid” donde cada uno preserve ciertos espacios de libertad, él saliendo con mujeres y mostrándote Polaroids y os presentándote testigos presenciales del acto y tú divirtiéndote, a tu manera –y con los límites que ello implica- en el cuartito donde te tiene encerrádaid. ¡Hostia, tío!


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miércoles, 14 de septiembre de 2011

¡Visualizan Ley de las cuatro, cinco o seis cosas extra!


Supongamos que ud. tiene que hacer una cosa. Es un suponer. Una suposición. Un caso hipotético, lo más probable es que ud. Esté ahí parado, rascándose. Si no, le iría mejor en la vida. Pero supongamos. Suponte, ud. Debe “abrir” una cosa en un lugar, para que en ese lugar unas personas de otro lugar le depositen algo, unos papeles que sirven para intercambiar por bienes y servicios.



La Ley, el Orden Natural, digamos, es que para “abrir” esa “cosa”, ud. Deba cumplir con una cantidad de pasos. O sea, hacer otras cosas. Tres, por ejemplo, que es una cifra razonable. Más no, imaginate si yo con todo lo que tengo que hacer voy a hacer más de tres cosas por cada cosa que tengo que hacer. ¡Son como cuatro! Entonces uno hace esas tres cosas –que ya es bastante- y va confiado pensando que ya puede hacer su cosa (la primera), ¿no? Eso sería lo lógico, lo razonable, lo humanamente esperable, ¿verdad?



¡No! Desgraciadamente existe una Ley, más fuerte que la Ley de la Gravitación Universal o la Ley de la Termodinámica, que explica que a esas tres “cosas”, siempre debemos agregarle una cuarta cosa, si tenemos suerte. Porque lo más probable es que deba hacer cinco, o seis cosas extra. Llamémosle “Ley de las cuatro, cinco o seis cosas extra”.



Esta perversa Ley conlleva, además, una perversa enmienda, que reza que “por cada cosa extra que debe hacer antes de la cosa principal que tiene que hacer, pueden abrirse dos o más cosas extra, sin perspectiva de que esta apertura de sub-cosas tenga un fin, plazo o Piedad por la Vida Humana”. Por eso es que hacer cosas puede considerarse algo así como abrir una caja de Pandora, o partir un átomo.



Para tener un pantallazo rápido de la clase de cosas extra que se verá obligado a hacer cuando ud. decide hacer una cosa, tomemos el ejemplo anterior -abrir una cosa en un lugar para que alguien le ponga allí unas cosas- y apretemos “Play”:



-En el lugar le piden: la fotocopia de una cosa donde dice quién es ud., una cosa donde se aclara que ud. está anotado en cierto organismo que le hace pagar papeles para el Estado (“Super Cosa”), y un papel donde dice dónde vive ud.

-Ud. consigue esas cosas y se acerca al lugar. Esto podría ya considerarse una cuarta cosa, pero no. Démosle el beneficio de la duda.

-En el lugar, entonces, le piden una cuarta cosa que ud no sabía que tenía que tener. Se pelea con el tipo. Pierde. Se va, dispuesto a conseguir esa cosa.

-Averigua cómo conseguir esa cuarta cosa. Le explican que para conseguir esa cosa debe pagarle un montón de dinero a un tipo para que se lo haga (llamémosle “estrategia A”).

-Mientras trata de que le recomienden a un Tipo de esos, le dicen que antes de pagar, averigüe en otro lugar, a ver si piden lo mismo.

-En el otro lugar le dicen que no necesita eso, sino llevar unos papeles donde demuestra que ud. ha pagado una cosa (“Estrategia B”).

-Ud. hace cuentas mentales y decide pagar esos papeles. Así que después de salir de otro lugar (porque mientras tanto, ud. también está haciendo una segunda cosa principal), pregunta dónde hay un lugar donde se puede pagar rápido esa cosa.

-Le dicen dónde hay, pero queda para el otro lado de donde ud. tiene que ir. Le insisten “no, andá a ese, está acá nomás”.

-Va a ese lugar. Un tipo le dice que “está caído el sistema”.

-Se vuelve. Vuelve a preguntar, a un tipo de la calle, por un un lugar donde se puede pagar rápido esa cosa. Le recomiendan otro, pero más lejos aún del lugar a donde tiene que ir. Ud. se enoja. “¡Escuchame, voy para el otro lado!” “¡Bueno, y yo qué sabía!”, se defiende, con algo de razón, el otro. Ambos se separan ofuscados (aclaremos que ya estamos en la sexta “Sub-cosa”).

-Algo descorazonado, quiere llamar a alguien para que le recomiede un tipo que le haga la cosa (la desechada “Estrategia A”). Intenta usar un aparatito que tiene que sirve para llamar, pero no tiene “crédito”.

-Le pregunta a un tipo si sabe dónde se puede cargar “crédito” en ese aparatito. El tipo le dice, pero ES PARA EL OTRO LADO, NO PARA EL LADO QUE UD. TIENE QUE IR. Ud. chasquea la lengua y se va para su propio lado diciendo “buéh, gracias, eh, sos re macanudo”.

-Logra encontrar POR SUS PROPIOS MEDIOS Y SIN AYUDA DE NADIE el lugar para cargar el aparatito, y lo carga.

-Llama a la persona que le iba a recomendar al Tipo. Pero no está.

-Pregunta a un señor que tiene un negocio callejero donde se venden papeles que contienen información a ver si sabe dónde puede pagar los papeles de la “Estrategia B”. ¡El tipo lo vuelve a mandar al primer lugar! ¡Ese que no andaba y que aparte queda para el otro lado! Parece una joda. Ud. le dice “No anda”. El tipo se enoja “¿Cómo que no anda?”. “No anda?”. “Pero, ¿qué pasó?” “Y yo qué sé”, dice ud. El tipo, con gesto de fastidio porque el lugar no anda, lo manda a otro lado –afortunadamente en dirección hacia el lugar a donde ud. tiene que ir.

-Cuando está llegando, suena el teléfono. Es la persona que le va a recomendar al Tipo. Ud. quiere anotar, pero no tiene un aparatito que sirve para escribir cosas en papeles. Le pide que espere, que lo vuelve a llamar.

-Va a un kiosco y compra el aparatito ese, negro y de trazo grueso.

-El tipo que le vende el aparatito le pregunta si tiene cambio (Ya andamos por la décimo sexta cosa). Ud. dice que no.

-Ahora, munido de su aparatito nuevo, llama a la persona, pero ésta no atiende, por algún motivo. Seguro que -en lugar de atenderlo y darle la “info que ud. necesita- se está rascando o contando chistes verdes y racistas de putos o untándose el cuerpo con alguna sustancia.

-De golpe, decide rever toda su estrategia y volver a fojas cero y llamar a la persona que le tiene que dar esos papeles, para decirle si no habrá otra forma de que le dé esos papeles, por ejemplo en efectivo o en caramelos o en patadas en el culo. Como no quiere gastar el “crédito” de su aparatito, decide preguntarle a alguien si conoce un lugar donde te permitan usar el teléfono a cambio de papeles con valor monetario. De paso, tal vez pueda llamar -de nuevo, a ver si terminó de rascarse- a la persona que le iba a recomendar el Tipo de la “Estrategia B”.

-Como no ve a nadie que le parezca confiable –“estos me van a mandar a cualquier lado”-, decide cruzar la calle, a preguntar en otro negocio donde venden papeles con información.

-Llega a ese negocio y pregunta. ¡El tipo lo manda para la dirección hacia donde ud. no va! Esto es el acabóse. Ud. se indigna: ¿Pero por qué me mandan todo el tiempo para allá? ¿Por qué no quieren que vaya para allá (el otro lado)? ¿Qué hay allá? ¿Qué hay que no quieren que vea? El tipo le dice algo así como que se calme. “¡No me calmo nada!”, y se va dando un portazo imaginario (para el lado al que ud. tiene que ir).

-Un profesional de la venta callejera de frutos secos cubiertos de azúcar crocante le dice que “le parece” que “para allá” (el lado correcto) hay un lugar dodne te permiten usar el teléfono a cambio de papeles.

-Ud. está tan desesperado que decide premiar al hombre –necesita aliados- comprándole uno de sus productos. El tipo le pregunta si no tiene cambio. No, no tengo.

-Va al lugar y hay mucha gente esperando para usar los teléfonos (a cambio de papeles de valor monetario). Por un momento piensa volver con el hombre y exigirle que le devuelva el importe de los frutos secos azucarados, ya que su información tuvo poco valor. Se va, furioso, pero antes le pregunta al que atiende el lugar –furioso- si sabe dónde puede pagar los papeles esos (los de la “Estrategia A”). El tipo le dice.

-Antes de llegar al lugar, ve una sucursal del lugar donde tiene que “abrir” la cosa” y decide arriesgarse. Tal vez, acá no me pidan la “cuarta cosa”. Entra y pregunta. Le dicen que ahí no es, que es una sucursal pero que no hace esas cosas sino otras, pero no las que ud. necesita. Otras.

-Llega al lugar para pagar los papeles. No anda.

-Decide llamar a la persona que le iba a recomendar el tipo de la “Estrategia A” por teléfono, ya que ahora tiene el aparato para escribir sobre papel. Le atiende, pero está en la calle (rascándose) y ahora no le puede pasar el número.

-Llama a la persona que le tiene que dar los papeles, pero hoy no fue porque está enferma.

-Mira la hora, y descubre que tiene que ir a otro lugar para hacer algo, a cambio de lo cual le darán más papeles intercambiables por productos y servicios, si es que logra hacer la cosa necesaria para ese fin, así que la cuarta cosa y las cuatro o cinco o seis Sub-cosas que han quedado inconclusas permanecerán en ese estado hasta otra ocasión



La conclusión que podemos sacar es la misma de siempre: No hay que hacer nada, nunca.


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martes, 13 de septiembre de 2011

Dato 50: La punta redondeada de los cuchillos


caparros.gifEn el siglo XVII, el Cardenal Richelieu le ordenó a su mayordomo que limara las puntas de todos los cuchillos hasta darles forma redonda, ya que no soportaba ver como el Canciller Pierre Séguier utilizaba la punta del cuchillo como mondadientes. Así nació la clásica forma con punta redondeada de los cuchillos de mesa. ¡Mirá vos! (Fuente: Elcuervodepoe, que lo sacó del libro “Del facón al bowie”, de Abel Domenech. Probabilidades de exactitud: 199 %%, por libro, y para premiar el gran avance del cuervodepoe desde la época en que ponía datos rocambolescos de pollos sin cabeza sacados de galerías de fenómenos de Internet. Le tuve que sacar un puntito, eso sí, ya que debido a esa mancha que pesa sobre su pasado JAMÁS podrá tener un 200, pero dentro de su casta inferior tendrá asegurado un lugar alto en la jerarquía, un jergón de paja, una escudilla de arroz y derecho a un baño semanal)


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“¡Aniversario!”, una película del Dr. Tranca


Escribe el Dr. Tranca

Premio Nobel de Facto de la Medicina Ilegal

ayudemedrtranca@gmail.com



PRINCIPIO: Arranca que Washington McVarela, un rudo piloto de cazabombarderos de ascendencia uruguayo-escocesa está cazando –completamente alcoholizado- uno de esos aviones que escriben cosas en el aire, y le va golpeteando la cola y haciendo que escriba guarangadas. El jefe, un alto general medio chino medio maricastañuela le chilla por el intercomunicador que vuelva a la base, que se deje de joder (viste que los chinos gritando son graciosos, es como una parte de comedia). Entonces McVarela agarra y vuelve pero se olvida de pisar el freno y le destroza la oficina al chino, el jacuzzi, la mesita de whisky, etc. El chino grita “¡McVarelaaaaa!”.



PARTE 2: McVarela –después de darle una tunda al chino, que lo quiere aleccionar con unas patadas de karate pero a nuestro héroe que no le vengan con cosas raras que él a las piñas le basta y sobra para moler a palos al que se venga- se va despedido de la oficina, y lo vemos cargando en su cazabombardero una caja con sus objetos personales: Un arma, sus revistas de chicas desnudas y su perro Percho, un fiel callejero de 32 años de edad pero que todavía es capaz de arrancar un brazo con los tres dientes que le quedan. El destino es incierto, así que McVarela enfila hacia la whiskería topless más cercana, cuando recibe un llamado en su radio (un hombre de verdad, no tiene celular ni esas cosas raras).



PARTE 2 (parte II): Acá viene un “corte”, que me explicó el Maricarmencita de la Sagrada Superstición Arrodillada de Podeti que es cuando, para no poner todo el traslado del tipo, se lo ve mágicamente, como de golpe, como si se hubiera teletransportado en otro lugar. Y está en la Casa Blanca, junto al presidente (que no es el negro afeminado que hay ahora sino uno de esos de antes, de jopo, de traje y corbata y el dedo siempre bailando en el Botón del Armagedón Total). El tipo le explica un montón de cosas, así que mientras tanto lo que se ven son imágenes caseras de cabareteras del año ’63 (un tesoro que me dejó mi padre, lo pudo aportar personalmente para abaratar costos). Lo que le explica es que van a conmemorar la caída de las torres gemelas construyendo unas nuevas y derribándolas ellos mismos, para demostrar el Superpoderío Estadounidense, pero como andan flojos de platita las tienen que derribar con un solo avión. Y el único piloto capaz de la tarea, ¿adiviná quién es? Papito. McVarela. McVarela acepta, más que nada porque es bien bien hombre y le gusta la idea, y después le preguntan cuánto quiere. Él pide u$6669e.r998#$$99053’0,, 098 de millones de dólares, le contraofrecen uu$$$y7.89900.345672262”## m contramillones, él dice “bueno, pero aparte quiero pensión vitalicia para Percho”, “Compro”, dice Bushclintonreagan jr. padre, “Ta”, dice McVarela. Esplosión.



PARTE DE ACCIÓN: Acá vienen explosiones y unos turcos que agarran y se la quieren dar a McVarela con un auto, le persiguen el cazabombardero con el auto, McVarela se mete con el cazabombardero –andando, porque todavía no tiene permiso para volarlo en Estados Unidos- en un shopping y destroza un montón de cosas. Se ven vidrieras esplotando todas en cámara lenta, en eso McVarela da una vuelta de 180° y le arranca el capot a los turcos. Uno de ellos huye escaleras arriba y el tipo lo persigue (siempre a bordo del cazabombardero), hasta que llegan a la terraza, y cuando el tipo está por escapar McVarela le lanza un misil y, medio así pegándole de refilón, le quita la pañoleta esa que usan los árabes. ¡Y resulta que es una turca, divina, de grandes senos! Ella intenta atacar a McVarela a piedrazos, pero él sale del avión y avanza, tolerando las piedras que le rebotan contra el pecho y la nariz, y cuando llega le baja los humos de un par de bifes. Ahí se miran a los ojos y viene parte de sexo.



PARTE DE SEXO: Acá se ve a McVarela y la turca, que se llama Zulma Zulema, teniendo sexo en todas las posiciones existentes y por inventarse durante horas, todo entremezclado con explosiones y partes de las películas esas que me dejó mi viejo (para que sea apta para todo público la idea es que delante de las pelvis de ellos siempre pase algo, un pájaro, o un murciélago, o una cabra que justo pasa por ahí). Más explosiones y algunas otras turcas que se suman, porque a McVarela con una no le alcanza.



PARTE DE DESPUÉS: McVarela tiene que iniciar el atentado, así que toma envión volando hasta China. Pero Zulma Zulema, que se sube con él perdidamente enamorada, le dice que no lo haga. Que es todo un plan de los perros infieles estadounidenses, que las torres anteriores también las derribaron ellos, y que ahora quieren hacer creer que Osama Bin Laden Jr. organizó un nuevo atentado y así lanzar la Segunda Guerra Mundial (ya que la anterior Segunda Guerra no habría sido más que un montaje cinematográfico, como la llegada a la Luna, el asesinato de Kennedy, Internet y las películas de Spielberg, que parece que también son un montaje cinematográfico). Por una diez millonésima de segundo, McVarela duda, pero entonces se retuerce los testículos con una pico de loro, para que se le pase. La duda. Y le dice a la mina “Una misión, es una misión, chiquilina” y aprieta el acelerador. Zulma Zulema le dice “después de la noche de infinito placer que me has hecho pasar, no puedo contradecirte” (más partes de sexo, aunque más cortitas).



PARTE ANTES DEL CLÍMAX FINAL: Entonces, cuando está por derribar las torres nuevas viene otro avión y las derriba. Y él pasa de largo y se estampa contra la Estatua de la Libertad. En todos los noticieros sale la foto de él manejando el avión, como el culpable. Ahí se da cuenta de que Zulma Zulema, mujer al fin, lo ha traicionado, y la ve escaparse con un aladelta que dice “Vote Bushclintonreagan jr. padre 2011”. Él, decepcionado, la derriba de un misilazo. Una lágrima pero no de agua sino hecha de whisky, grapamiel, chivito, plomo y tierra de las cuchillas uruguayas resbala por su mejilla, y después es absorbida por un ganglio medio inflamado que tiene ahí (tenía dudas para esta parte, pero me dijeron que si el tipo llora capaz que nos dan un Oscar y ando necesitando la plata).



EL CLÍMAX: McVarela se da cuenta de que todo fue un plan del Presidente, para… Bueno, muy complicado. No importa. La cosa es que era un plan. Y encima jugaron a dos puntas y contrataron a otro para tirar abajo las torres, la parte más amena del laburito. ESO NO SE HACE. Ahora, a McVarela lo han hecho enojar. Agarra y apaga todas las cosas eléctricas del cazabombardero, para que los poderosos radares norteamericanos no lo detecten, y lo maneja planeando, agarrando las corrientes de aire caliente y pegándole trompadas al aparato por adentro cuando se empieza a piantar para abajo. Y empieza a hacer un recorrido en espiral por todo USA, cuyo centro sería la Casa Blanca, lanzando misiles a todas las ciudades importantes: Connecticut, Indianápolis, Las Vegas, Atlanta, Milkwakee, Wienepazookie, Siracusa, Middleford, Applefield, Bloomingdale, Amazon, Chesterton, Cudad Gótica, etc. Todas esas (Obviamente esta parte está llena de esplosiones, no lo aclaro porque me parece innecesario. Pero sobre estas esplosiones que no hace falta aclarar van otras, otras explosiones -más grandes- que se suman). Y mientras tanto el Presidente ve todo por la tele y chilla desesperado tipo “¡Inútles! ¡Agarren a ese bastardo! ¡Están todos despedidos!”, etc.



PARTE FINAL: Al final, después de dejarle el país hecho una ruina, McVarela estaciona el cazabombardero en el patio de la Casa Blanca y se baja. Camina hacia el Salón Oval, muy tranquilo. Nadie se atreve a detenerlo, paralizados por el aura de viril respeto que se le escapa por los poros. Entra y está el Presidente, que primero hace la pantomima de que lo echa, y después lo amenaza con apretar el botón del Armagedón Final y finalmente se pone a llorar como una nena y se tira al piso y hasta le ofrece satisfacerlo sexualmente. Le dice que conoce unas técnicas especiales, viste que los Presidentes viajan mucho, van a esos países de oriente llenos de degenerados, etc. McVarela saca un papel y musita secamente “Esta es la factura por mis servicios. Hubo algunos gastos extra” (la factura asciende a toda la plata que hay en Estados Unidos). El presidente, aliviado, dice sí, sí, pero claro, Sr. McVarela, no, yo creía, pero sí, por favor, Sr. McVarela, faltaría más, ahora le hago un cheq… No, cheque no, ¿no? Efectivo, Sr. McVarela, claro, faltaría más (abre la caja fuerte donde está toda la plata de Estados Unidos), tome, acá tiene, bueno, no se si puedo servirle en algo, Sr. McVarela, como ud. diga, Sr. McVarela, algo sexual, un café… McVarela, entre dientes, dice “sólo me queda reintegrarle los insumos no utilizados”. Y saca un misil que tenía guardado en el saco y se lo encajeta en la boca. Y se va, y la Casa Blanca esplota atrás de él. Y después aprieta el botón del Armagedón Final que se afanó, y esplotan el resto de todas las cosas que hay en el mundo (atrás de él) excepto él y las tres hermanas gemelasde Zulma Zulema (una rubia, una negra y una china) y entre los cuatro inician una nueva Humanidad, pero antes se toman una luna de miel de cinco añitos, meta y ponga, meta y ponga (sobre estas imágenes se ven los títulos). Fin. Y después de que inician la nueva Humanidad, McVarela lanza otro misil (que tenía guardado). Esplosión. Fin. Esplosión. Títulos. Percho ladra (“¡Guau, guau!”). Fin. Esplosión. Y otra Esplosión (por las dudas).


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lunes, 12 de septiembre de 2011

Dato 3.565: Cumpleaños


caparros.gifLa probabilidad de que en un grupo de 23 personas reunidas al azar, dos de ellas celebren su cumpleaños el mismo día, es levemente superior al 50 %. ¡Mirá vos! (Fuente: Don García, que dice que se lo dijo su “hija que está estudiando ‘Probabilidades’ en Exactas. Lo pude corroborar con un archivo de Excel (lo adjunto como prueba N° 1) que encontré en Internet y hace la simulación con números generados aleatoriamente.”. Probabilidades de exactitud: Levemente superior al 50 %%)


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jueves, 8 de septiembre de 2011

¡Explican cómo eran antes las cosas!


¡Ja, ja, ja! Veo a ustedes, los jóvenes, vanagloriándose de sus no-logros, y me río: ¡Ja, ja, ja! Si hubieran tenido que no trabajar como no trabajábamos en nuestra época, no habrían durado ni medio asalto. ¡Ja, ja, ja!



Porque antaño –cómo me gusta la palabra antaño, la usaría todo el tiempo, incluso en oraciones donde no corresponde. Por ejemplo, “Me voy a comprar cien gramos de antaño mortadela”- cuando queríamos perder el tiempo -¡y vaya si lo perdíamos!- no teníamos Facebook ni Twitter ni esas herramientas que tienen los pibes de ahora diseñadas para maximizar la pérdida de tiempo. Te sirven la perdición de tiempo en bandeja, no como nosotros. Fijate que allá lejos y hace tiempo –antaño- cuando empecé a trabajar en una oficina, ¿te acordás? (creo que fue hace como OCHO AÑOS), si queríamos perder el tiempo nos teníamos que arreglar prácticamente solos. Escuchame, te estoy hablando de una época donde no te digo ya antaño que no teníamos Facebook. ¡No teníamos YOUTUBE! ¿Vos sabés lo que es eso? Yo te desafío ahora a perder el tiempo sin tener no ya Facebook, tratá de perder el tiempo sin Youtube. Dale, probá. ¡Ahí está, te agarré! ¡Hiciste algo PRODUCTIVO! ¿Ves que no podés?



No hay caso, se les está atrofiando. Te voy a decir más: Cuando yo empecé –allá como en el 2004, 2003, antaño- casi casi casi que no había blogs. Había, pero pocos, es más, yo tenía un blog en esa época –creo que era éste- y casi casi que no sabía lo que era un “blog”, así como ahora todavía no termino de entender lo que es un Twitter o un Cuevana. O un blog, ponele.



No, querido, antaño, para perder el tiempo teníamos que visitar “páginas de Internet”. ¿Qué? Sí, sí, anotá: “Pa-gi-nas-de-In-ter-net”. Sí, con hache. Eso. Así, en pelo, páginas de “Internet”, a lo gaucho, casi como hombres de la edad de piedra. Páginas de Internet de cosas, por ejemplo agarrás y ponés en Google “Monos que tienen cuernos en las manos” y había que ver qué aparecía (Es un ejemplo, no te pongas a googlear “Monos que tienen cuernos en las manos”. Te das cuenta, ni autonomía para googlear cosas tienen los pibes de ahora). O “Batman”, o “Coleccionismo de tapitas de botella”, o “Turururuuipu”.



¿Sabés lo que llegué a hacer cuando ya no sabía cómo perder el tiempo? ¡ESTUDIAR HOLANDÉS ONLINE! (Dato de la vida real) ¿Waar is de toileten? ¿Gaan je das de bioskoop? ¡Me tenía que meter en una página de “Internet” de cosas de clases de holandés antaño online!



¡Había PORNOGRAFÍA! Pero eso era para ver en la casa, porque en el trabajo por algún motivo no te dejaban. No como ahora, que en Facebook no podés ver pornografía y como la gente, el hombre del común digamos, el ciudadano de a pie, el antaño ya no sale de Facebook entonces ya no mira pornografía, con las desgraciadas consecuencias para la continuidad de la especie que esto representa. En fin.



Yo no sé qué va a pasar cuando a los pibes estos de ahora les saquen el Facebook con el virus ese que imbentaron. Ya me los imagino, horas frente a la computadora, diciendo “sí, no… A ver… ¿Qué puedo ver? Eh… ¡Ah! (Angustiado) ¡No sé, no sé! ¡No sé qué hacer con Internet!” y antaño finalmente, como ya no saben cómo perder el tiempo, haciendo cosas. ¡Cosas! ¡Haciéndolas! La-mentable.



Miren, el cocodrilo gigante que encontraron en Filipinas que ya no sé cómo voy a hacer para volver a dormir sabiendo que existe un monstruo semejante y SÍ, YA SÉ QUE LO AGARRARON, PERO SE PUEDE ESCAPAR Y AHORA PEOR, PORQUE LO VAN A PINER EN EL ZOOLÓGICO DONDE HAY GENTE Y SABÉS EL DESPIPLUME QUE PUEDE HACER ESTE BICHO SI SE SUELTA, O NO VISTE KING KONG (enviado por Lucía), el botón para que esté todo bien (enviado por Legally Brunette) y lo primero que sale si googleás “Monos con cuernos en las manos”.


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miércoles, 7 de septiembre de 2011

¡Uhhh, esta carrera es un despelote!


La Universidad Yocontraelmundo de Ciencias Humanas lanza su Master en Desorganización para el último trimestre del año:



1° Año: Desorganización General I. La poca importancia de saber qué día es, o qué hora o en qué país vivís o qué hay que hacer. Cómo convencer a los demás de sos muy “espontáneo”. Introducción a la Economía: Relativización del concepto de “Vencimiento”. Por qué el pagar intereses debería conllevar un trato de cliente preferencial. Agenda I: Su reemplazo por miles de papelitos arrugados guardados en diferentes bolsillos y cajones. Enquilombamiento I y II. Teoría del Caos: Cómo aplicarlo en la vida cotidiana. Ingeniería doméstica I: El apilamiento de cosas. Por qué no es obligatorio obligatorio obligatorio poner lo más grande abajo y lo más chiquito arriba (crítica de la figura geométrica “pirámide” y su superación por el “poliedro irregular truncado con brazos puntiagudos que salen para todos lados”). Despelote I.



2° Año: Economía I: Microingeniería del Crédito. Cómo pagar un préstamo con otros tres préstamos diferentes, dos bancarios y uno personal, mas retiro en efectivo de la tarjeta de crédito, que se pagará con otra tarjeta de crédito y la plata con la que ibas a pagar la luz (que pasará a pagarse el mes que viene en cuotas, mitad Banelco, mitad una tercera tarjeta de crédito). Taller: ¿Es la Cuota nuestra amiga más generosa o un monstruo con piel de cordero? Rudimentos de Contabilidad Creativa. Despiplume 1. Ingeniería Doméstica II: Guardamiento de cosas sucesivas en un cajón, hasta que éste no se puede abrir. Demostración de la inutilidad de los placares, cómodas y cajoneras, y por qué son “un gastadero de guita al pedo, prefiero tener todo a la vista así sé dónde está”. Olvido de cosas I: Relevamiento de lugares ideales para olvidar cosas (bares, taxis, colectivos, salas de espera, burdeles, fumaderos de opio). La conveniencia de llevar innecesariamente a todos lados el paraguas, la agenda (de poseer una), el DNI, el pasaporte, la escritura de tu casa, el título del auto y tu bebé de seis meses. Agenda II: Especialización en la Técnica de Anotamiento Unilateral o T.A.U. (anotar cosas y después no fijarse). Batiburrillo I, II y III. Desorganización general II: El Mundo como una vorágine de formas extrañas, entidades sin sentido que hacen ruido e información inconexa y en un idioma extranjero.



1° Año: Agenda VII: Inicio de diferentes agendas en diversos formatos y repetición de citas en cada una de ellas o la misma. El arte de la superposición de obligaciones (el objetivo es llegar a tener 9 obligaciones simultáneas en diferentes puntos geográficos). Seminario de Multitasking: Cómo hacer cinco cosas al mismo tiempo, todas mal, excepto una, que se hará catastróficamente (Impartido por el Dr. Garimboldi, que contará su experiencia como cardiocirujano y jugador profesional de Playstation 2 en horarios superpuestos. Se solicita puntualidad, ya que el Dr. Garimboldi debe volver a la cárcel en un horario muy estricto). Economía XIV: Pagamiento de la misma cosa dos, o hasta tres veces, y otra cosa ninguna vez. Cómo vivir normalmente si te cortan la luz (Velomancia. Transporte de hielo. Clases de piano. Dactilografía en máquinas de escribir).



7° Año: Ingeniería Doméstica II: La microcompra en el Megasuperhipermercado. Por qué si compramos más de dos sachets de leche por vez terminaremos viviendo bajo un puente. Economía III: Música dodecafónica del siglo XIX. Agenda IIIIII: Tachamiento de nuestras anotaciones más importantes con garabatos incomprensibles mientras hablamos distraídamente por teléfono. Ingeniería Doméstica II: La microcompra en el Megasuperhipermercado. Por qué si compramos más de dos sachets de leche por vez terminaremos viviendo bajo un puente (de nuevo, pero con otro contenido). Grafología Creativa VVV: Tomado de notas con letra de subnormal que después no se entienden un carajo. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Ingeniería Doméstica II: Acumulamiento de cosas en el piso. Cómo caminar sobre ellas sin lastimarse o romperlas. Se complementa con la práctica de tratamientos caseros del broncoespasmo por juntamiento de ácaros. Olla de grillos I. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I.



2° Módulo y medio: Ingeniería Doméstica II: Introducción a la sociedad y Estado y al Conocimiento Científico y a la Ingeniería en Sistemas y al Teatro Infantil y a cualquier cosa. Bonga Bonga Bonga III: Puchulu. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. 3° Año: Catuto. ¡Pachomba! 6566%&8?? ‘\’))—##, @@@. Economía 10: Delegación del conocimiento de nuestra deuda en nuestros acreedores. Por qué sale guita. Agenda XIX: Cómo anotar, cómo chequear la agenda a diario y finalmente, cómo no cumplir con lo que dice. Improvisación I, II y JJIK: El cambio de rumbo a ¾ del camino. Por qué es excitante (Taller especializado: ¿Es propio de un espíritu libre y admirable cambiar de rumbo profesional a los 47 años, o francamente es ser medio boludo?) Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Uirrrrrrriurrriuuurrrrrrr I y 98. 2° Año: Manipulación del tiempo. El arte de tardar en todas las actividades de la vida 7 minutos más de lo calculado. Manipulación del tiempo XXX: Licenciatura en el cálculo completamente inexacto (se insta a que los alumnos se autoconvenzan que cruzar la ciudad les lleva 12, 13 minutos, segundos más, segundos menos con toda la furia). Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Cucú. ¡Qué matete, mama mía! Tengo un hambre que no veo, que pim que pam, y ni hablar del peluquín I; $, POPO y IIIV.



Por favor enviar sus currículums a Corralitos 990, no, pará 888, creo, de 7 a.m. a 4:578 a.m. de miércoles a lunes sin DNI o personalmente, hasta abril del 2010 no no no. Traigan la platita.


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lunes, 5 de septiembre de 2011

¡El Abominable Experimento del Dr. Heiffefr!


El Dr. Hanszs Heiffefr esboza una malévola sonrisa. Su nuevo experimento con cobayos humanos está dando resultado. Desde que el Centro Wiesenthal descubrió su escondrijo en el corazón de la selva ecuatoriana –obligándolo a incendiar su laboratorio para no dejar rastros, y a enterrar vivos sus horrorosos injertos de humanos con utensilios de limpieza- su vida había sido una zozobra constante, ocultándose en los arrabales más inmundos de diversas metrópolis del Tercer Mundo.



Ahora, la ayuda del Conciliábulo de Sigfrid (una organización secreta apoyada por poderosos capitalistas dementes, que impulsa la purificación de la raza humana “a través de todos los medios existentes”) había llegado, depositándole jugosos fondos en su cuenta apócrifa. Y no podía perder el tiempo: la Enfermedad de Heiffefr, que se inoculó a sí mismo impulsado irracionalmente por el SAEH (Síndrome de Abstinencia de Experimentación con Humanos) avanzaba a toda velocidad, mutándolo genéticamente en negro. Cuando el proceso estuviera completo (ya estaba empezando a disfrutar del conjunto “Public Enemy”), la úica salida honorable sería el suicidio.



Por lo que se lanzó de lleno a su último proyecto: la alteración quirúrgica de funciones cerebrales muy muy muy específicas. Si terminaba la Fase 1 antes de morir, estaría satisfecho.



No era obstáculo desde luego que la especialidad del Dr. Heiffefr no fuera la neurocirugía (sí en cambio los litigios sobre accidentes de tránsito, ya que era doctor en abogacía), o que no contara en absoluto con el instrumental adecuado. Al Dr. Heiffefr le bastaba saberse miembro de la raza superior para lograr sus objetivos, cayera quien cayese en el intento. Y así, tras 12.366 experimentos fallidos, había logrado el éxito en los últimos 500 especímenes que la Fuerza de Choque del Conciliábulo trajera a su galpón en el barriode Barracas, ciudad de Buenos Aires.



La operación –realizada con tenedores de plástico, espirales de cuaderno y sacabocados de artesano hippie- había resultado sencilla, una vez que se encontraba el “cómo” a través del ensayo y error. Consistía en el hallazgo y posterior destrucción de la zona del cerebro que controla la interacción de los seres humanos con los cajeros automáticos. El procedimiento transformaba a las víctimas en bestias inferiores sin capacidad de discernimiento, ni criterio ni capacidad intelectual alguna, especialmente a la hora de encontrarse con estos aparatos. Solo liberando a la calle a estos monstruos, el Dr. Heiffhefr lograría uno de los objetivos base del Conciliábulo: sembrar el caos y destruir los nervios y la paciencia de los honrados ciudadanos que esperan para retirar su dinero, sangre y motor a la vez de la Sociedad Moderna.



Ahora el Doctor afloja una a una las correas que sujetan a su pequeño ejército de Golems de carne (aunque se estremece al pensar en los paralelos de su creación con esta bestia mítica de origen hebreo), y les ordena “¡Ahora salgan, y destruyan mediante la lentitud y la inoperancia el funcionamiento de esta sociedad decadente!”



Entonces, lo inesperado: ¡Uno de los experimentos humanos, confundido y fuera de control, se lanza sobre el perverso científico! Éste le ordena “¡Suéltame, abominación! ¡Soy tu Dios!”, pero el solo esfuerzo de decir la complicada palabra “abominación” pulveriza las mermadas energías del anciano. Y el Golem del Cajero Automático, encarnado en el cuerpo de una señora de sesenta años de clase media y de expresión estólida, oprime la garganta del buen doctor hasta arrancarle el último aliento.



Así es el fin del Dr. Hansz Heiffhefr, doctor en abogacía y creador de innombrables experimentos. ¿Acaso entonces tiene la humanidad una esperanza?



¡No! Las bestias, dueñas de una fuerza sobrehumana, destrozan el galpón a manotazos, ganan la calle y se dispersan por toda la ciudad.



Ahora, movidas por una fuerza extraña e inefable, que a duras penas podríamos llamar “voluntad”, las criaturas se introducen en miles de prestigiosas entidades bancarias, e intentan realizar operaciones de Banelco y/u otras. Y es el Caos. No saben cómo hacerlo. No saben. No les sale. No entienden. Largas filas de hombres y mujeres normales se forman detrás de ellas, sufriendo pequeños ACV ante la irritante estupidez bancaria de los Golems.



Los monstruos aprietan los botoncitos del cajero como si tocaran el acordeón, van para adelante y para atrás, lanzan salivosas expresiones de pasmo, le hacen consultas improcedentes al guardia. En ningún momento retiran dinero, sino que hacen cosas innecesarias como consultar su saldo o CBUs de sí mismos u otras personas u objetos u Ovnis, o no se acuerdan la clave. También “pagan cosas” a través del cajero, cosa que debería estar prohibida por la Convención de Ginebra (¡eso se puede hacer en el rapipago, señor!), tardan y se equivocan y quieren anular la operación, y llaman al guardia -abrazándose al cajero para que nadie se lo quite- pidiéndole ayuda, y el guardia es tal vez también un Golem disfrazado y tarda, y llama a un bancario que también es un Golem disfrazado que tarda.



Y tardan y son enanos o ancianos, y tienen perros ciegos que meten irreglamentariamente en el banco, y tardan y la cola cada vez es más larga y vos tenés que sacar plata para llegar a tu puto trabajo y los Golems de mierda tardan y se rascan cabeza y profieren sonidos inarticulados y tardan. Y cuando la bestia en cuestión desiste o se desploma, muerta de rabia y estupidez, le toca a otro que está adelante tuyo. ¡Y resulta que también es un Golem y hace cosas raras y se le “queda” la tarjeta y tarda y llama al guardia y tarda y aprieta los botoncitos al azar y tarda y así y así y así, hasta que algo –el tenue hilo de plata que te ataba a la Civilización- se quiebra en tu interior, y salís a matar gente!



La escena se repite en toda la ciudad y el baño de sangre es inminente. En alguna dimensión oscura e inerte, “algo” del Dr. Heiffhefr lanza una carcajada. Que Dios se apiade de nosotros.



(Escrito tras esperar unos veinticinco minutos en un cajero automático tras tres especímenes de esta calaña)


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Yo contra la Negación!



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viernes, 2 de septiembre de 2011

Dato 3.563: Hawaii


caparros.gifEl primer país que reconoció nuestra independencia fue Hawaii, antes de haber sido convertido en un Estado de USA. Fue en 1818 y su rey se llamaba Kamehameha I. Lo hizo al firmar un tratado con Hipólito Bouchard. ¡Mirá vos! (Fuente: Unservidor, que no dice de dónde lo sacó. Probabilidades de exactitud: 170 %%, le bajé un poco porque es confuso que lo del miravós sea eso de la Independencia y no que el rey se llamara igual al superpoder de Dragonball Z. No sé, es raro, es turbio, polémico, produce “ruido” en el esquema comunicacional, es confuso, no lo entiendo y lo que no entiendo debe ser destruido)


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