miércoles, 6 de marzo de 2013

¡Para bien o para mal, escribí algo!


Propongo que se prohiba y se persiga judicialmente -o con mastines- a quien empiece una oración diciendo “Para bien o para mal”, especialmente si es una necrológica. Concretamente bajo la acusación de miedica y falsario, y ni siquiera un falsario efectivo, porque “Para bien o para mal” ya todos sabemos que estás queriendo decir “Para mal”. Fijate que cuando se murió Spinetta nadie dijo “Para bien o para mal, Spinetta tocó la guitarra”.



Una salvedad: También puede usarse para decir “Todo bien” cuando no me animo a ensalzar al difunto: “Para bien o para mal, Pinochet volteó a Salvador Allende”. Pero entendemos al toque el amor del tipo por el pinochetismo. Lo que queda carísimo es que la expresión es un falso suavizante.



El ejercicio de la hipocresía bien puede ser un acto de educación, pero tiene que estar bien hecho. No sirve de nada si saludo con una sonrisa a la ex, el jefe o el vecino que odio con todas mis fuerzas, si a través de ésta surge la palabra “Sí, estoy sonriendo, pero me gustaría enterrarte vivo en un ataúd lleno de cangrejos y garrapatas”. ¡Así que, si vas a hacer una necrológica ya que no sentida por lo menos educada, no mostrés la hilacha en la primera frase! Porque para ser hipócrita, pero hipócrita en serio, un hipócrita desde las entrañas, un hipócrita sincero y comprometido con el trabajo de ser hipócrita también hay que poseer un tipo especial de valentía.



Y si no, volvamos la expresión obligatoria y apliquémosla a todos y cada uno de los eventos de la vida: “Para bien o para mal, está la comida”; “Para bien o para mal, terminé la prueba, señorita”; “Para bien o para mal, estuviste bárbaro, papito”; “Para bien o para mal, necesito hacerme una endoscopía colónica”; “Para bien o para mal, voy al zoológico”; “Para bien o para mal, arreglé el coso del baño”; “Para bien o para mal, me voy a esperar el 168″.



De ese modo, le quitaremos el sentido connotativo y diplomático a la frase, obligando a los hipócritas malintencionados a anunciar sus intenciones desembozadamente o a laburar en una hipocresía profesional, en lugar de este pueril intento de quedar bien con Dios y con el Diablo, que como ya sabemos es quedar bien con el Diablo.



Confío en que esta propuesta sea para bien. O para mal; Pero no para las dos cosas, todo no se puede, flaco.



Miren, David Paleo.


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martes, 5 de marzo de 2013

¡Visualizan Ley de las cuatro, cinco o seis cosas extra!


Supongamos que ud. tiene que hacer una cosa. Es un suponer. Una suposición. Un caso hipotético, lo más probable es que ud. Esté ahí parado, rascándose. Si no, le iría mejor en la vida. Pero supongamos. Suponte, ud. Debe “abrir” una cosa en un lugar, para que en ese lugar unas personas de otro lugar le depositen algo, unos papeles que sirven para intercambiar por bienes y servicios.



La Ley, el Orden Natural, digamos, es que para “abrir” esa “cosa”, ud. Deba cumplir con una cantidad de pasos. O sea, hacer otras cosas. Tres, por ejemplo, que es una cifra razonable. Más no, imaginate si yo con todo lo que tengo que hacer voy a hacer más de tres cosas por cada cosa que tengo que hacer. ¡Son como cuatro! Entonces uno hace esas tres cosas –que ya es bastante- y va confiado pensando que ya puede hacer su cosa (la primera), ¿no? Eso sería lo lógico, lo razonable, lo humanamente esperable, ¿verdad?



¡No! Desgraciadamente existe una Ley, más fuerte que la Ley de la Gravitación Universal o la Ley de la Termodinámica, que explica que a esas tres “cosas”, siempre debemos agregarle una cuarta cosa, si tenemos suerte. Porque lo más probable es que deba hacer cinco, o seis cosas extrsa. Llamémosle “Ley de las cuatro, cinco o seis cosas extra”.



Esta perversa Ley conlleva, además, una perversa enmienda, que reza que “por cada cosa extra que debe hacer antes de la cosa principal que tiene que hacer, pueden abrirse dos o más cosas extra, sin persepectiva de que esta apertura de sub-cosas tenga un fin plazo o Piedad por la Vida Humana”. Por eso es que hacer cosas puede considerarse algo así como abrir una caja de Pandora, o partir un átomo.



Para tener un pantallazo rápido de la clase de cosas extra que se verá obligado a hacer cuando ud. decide hacer una cosa, tomemos el ejemplo anterior -abrir una cosa en un lugar para que alguien le ponga allí unas cosas- y apretemos “Play”:



-En el lugar le piden: la fotocopia de una cosa donde dice quién es ud., una cosa donde se aclara que ud. está anotado en cierto organismo que le hace pagar papeles para el Estado (“Super Cosa”), y un papel donde dice dónde vive ud.

-Ud. consigue esas cosas y se acerca al lugar. Esto podría ya considerarse una cuarta cosa, pero no. Démosle el beneficio de la duda.

-En el lugar, entonces, le piden una cuarta cosa que ud no sabía que tenía que tener. Se pelea con el tipo. Pierde. Se va, dispuesto a conseguir esa cosa.

-Averigua cómo conseguir esa cuarta cosa. Le explican que para conseguir esa cosa debe pagarle un montón de dinero a un tipo para que se lo haga (llamémosle “estrategia A”).

-Mientras trata de que le recomienden a un tipo de esos, le dicen que antes de pagar, averigüe en otro lugar, a ver si piden lo mismo.

-En el otro lugar le dicen que no necesita eso, sino llevar unos papeles donde demuestra que ud. ha pagado una cosa (“Estrategia B”).

-Ud. hace cuentas y decide pagar esos papeles. Así que después de salir de otro lugar (porque mientras tanto, ud. también está haciendo una segunda cosa principal), pregunta dónde hay un lugar donde se puede pagar rápido esa cosa.

-Le dicen dónde hay, pero queda para el otro lado de donde ud. tiene que ir. Le isnsiten “no, andá a ese, está acá nomás”.

-Va a ese lugar. Un tipo le dice que “está caído el sistema”.

-Se vuelve. Vuelve a preguntar, a un tipo de la calle, por un un lugar donde se puede pagar rápido esa cosa. Le recomiendan otro, pero más lejos aún del lugar a donde tiene que ir. Ud. se enoja. “¡Escuchame, voy para el otro lado!” “¡Bueno, y yo qué sabía!”, se defiende, con algo de razón, el otro. Ambos se separan ofuscados (aclaremos que ya estamos en la sexta “Sub-cosa”).

-Algo descorazonado, quiere llamar a alguien para que le recomiede un tipo que le haga la cosa (la desechada “Estrategia A”). Intenta usar un aparatito que tiene que sirve para llamar, pero no tiene “crédito”.

-Le pregunta a un tipo si sabe dónde se puede cargar “crédito” ene se aparatito. El tipo le dice, pero ES PARA EL OTRO LADO. Ud. chasquea la lengua y se va para su propio lado diciendo “buéh, gracias, eh, sos re macanudo”.

-Logra encotrar POR SUS PROPIOS MEDIOS Y SIN AYUDA DE NADIE el lugar para cargar el aparatito, y lo carga.

-Llama a la persona que le iba a recomendar al Tipo. Pero no está.

-Pregunta a un señor que tiene un negocio callejero donde se venden papeles que contienen información a ver si sabe dónde puede pagar los papeles de la “Estrategia B”). ¡El tipo lo vuelve a mandar al primer lugar! Ud. dice “No anda”. El tipo se enoja “¿Cómo que no anda?”. “No anda?”. “Pero, ¿qué pasó?” “Y yo qué sé”, dice ud. El tipo, con gesto de fastidio porque el lugar no anda, lo manda a otro lado –afortunadamente en dirección hacia el lugar a donde ud. tiene que ir.

-Cuando está llegando, suena el teléfono. Es la persona que le va a recomendar al tipo. Ud. quiere anotar, pero no tiene un aparatito que sirve para escribir cosas en papeles. Le pide que espere, que lo vuelve a llamar.

-Va a un kiosco y compra el aparatito ese, negro y de trazo grueso.

-El tipo que le vende el aparatito le pregunta si tiene cambio (Ya andamos por la décimo sexta cosa). Ud. dice que no.

-Llama a la persona, pero ésta no atiende.

-De golpe, decide rever toda su estrategia y volver a fojas cero y llamar a la persona que le tiene que dar esos papeles, para decirle si no habrá otra forma de que le dé esos papeles, por ejemplo en efectivo o en caramelos. Como no quiere gastar el “crédito” de su aparatito, decide preguntarle a alguien si conoce un lugar donde te permitan usar el teléfono a cambio de papeles con valor monetario. De paso, tal vez pueda llamar a la persona que le iba a recomendar el tipo de la “Estrategia B”.

-Como no ve a nadie que le parezca confiable –“estos me van a mandar a cualquier lado”-, decide cruzar la calle, a preguntar en otro negocio donde venden papeles con información.

-Llega a ese negocio y pregunta. ¡El tipo lo manda para la dirección hacia donde ud. no va! Esto es el acabóse. Ud. se indigna: ¿Pero por qué me mandan todo el tiempo para allá? ¿Por qué no quieren que vaya para allá (el otro lado)? ¿Qué hay allá? ¿Qué hay que no quieren que vea? El tipo le dice algo así como que se calme. “¡No me calmo nada!”, y se va dando un portazo imaginario (para el lado al que ud. tiene que ir).

-Un profesional de la venta callejera de frutos secos cubiertos de azúcar crocante le dice que “le parece” que “para allá” (el lado correcto) hay un lugar dodne te permiten usar el teléfono a cambio de papeles.

-Ud. está tan desesperado que decide premiar al hombre –necesita aliados- comprándole uno de sus productos. El tipo le pregunta si no tiene cambio. No, no tengo.

-Va al lugar y hay mucha gente esperando para usar los teléfonos (a cambio de papeles de valor monetario). Por un momento piensa volver con el hombre y exigirle que le devuelva el importe de los frutos secos azucarados, ya que su información tuvo poco valor. Se va, furioso, pero antes le pregunta al que atiende el lugar –furioso- si sabe dónde puede pagar los papeles esos (los de la “Estrategia A”). El tipo le dice.

-Antes de llegar al lugar, ve una sucursal del lugar donde tiene que “abrir” la cosa” y decide arriesgarse. Tal vez, acá no me pidan la “cuarta cosa”. Entra y pregunta. Le dicen que ahí no es, que es una sucursal pero que no hace esas cosas sino otras.

-Llega al lugar para pagar los papeles. No anda.

-Decide llamar a la persona que le iba a recomendar el tipo de la “Estrategia A” por teléfono, ya que ahora tiene el aparato para escribir sobre papel. Le atiende, pero está en la calle y ahora no le puede pasar el número.

-Llama a la persona que le tiene que dar los papeles, pero hoy no fue porque está enferma.

-Mira la hora, y descubre que tiene que ir a otro lugar para hacer algo, a cambio de lo cual le darán más papeles intercambiables por productos y servicios, si es que logra hacer la cosa necesaria para ese fin, así que la cuarta cosa y las cuatro o cinco o seis subcosas que han quedado inconclusas permanecerán en ese estado hasta otra ocasión

La conclusión que podemos sacar es la misma de siempre: No hay que hacer nada, nunca.


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lunes, 4 de marzo de 2013

¡Lanzan revelación universal sobre el paso del tiempo!


HOLA, SOY DIOOOOOS. SÍ, ESTA VEZ VINE SIN HACERME PASAR POR UN OSITO AL QUE LE GUSTA MUCHO EL YOGUR, O UN VIEJITO QUE ARREGLA JUGUETES DE MADERA O UNA HERMOSA MUCHACHA DE GRANDES SENOS CON LA ROPA HECHA JIRONES, SABÉS POR QUÉEEE? PORQUE ME CANSÉEEE. YA NI GANAS DE DISIMULAR QUE SOY YO ME DAN.



MENTIRAAAA, OBVIO, QUÉ GANAS DE DISIMULAR ME VAN A DAR SI SOY DIOOOOOS, EL TODOPODEROSOOOO, EL GRANDILOCUENTEEE, EL CAPOOOOO, EL MAJESTUOSOOOOO, LA GRAN PORONGA DEL UNIVERSOOOOOOO, OOOOOOHHHHLALALALAAAAA. BUENO, VA REVELACIÓN UNIVERSAL:



LA GENTE QUE TE HABLA DEL PASO DEL TIEMPO (“UY, YA ESTAMOS EN MARZO”) ES JODIDA, ES COMO A UN TIPO QUE TIENE UNA ENFERMEDAD TERMINAL IR A HABLARLE DE LA ENFERMEDAD TERMINAL (“CHE. ¿QUÉ ONDA TU ENFERMEDAD TERMINAL?”), PORQUE SI LO PENSÁS DEL PASO DEL TIEMPO ESTAMOS ENFERMOS TODOOOOS. BAH, TODOS USTEDES, YO NOOOO. ASÍ QUE ES ASÍ, SI VIENE ALGUIEN Y TE HABLA DEL TIEMPO O DE LA MUERTE, QUE ES OTRA COSA DE LA QUE UDS. ESTÁN ENFERMOS, O DE TODAS ESAS COSAS QUE TE VAN A TERMINAR MATANDO, ES UNA PERSONA JODIDA, Y OTRA COSA, BASTA DE ESO DE QUE NO HAY QUE SER NEGADOR, SÍ, HAY QUE SER NEGADOR, EN ESO CONSISTE LA VIDAAAAA, EN NEGAR, NEGARLO TODO, O ME VAS A DECIR QUE TODAS LAS COSAS QUE HACÉS –EN EL SUPUESTO DE QUE VOS HAGAS COSAS, LARRRRRRRRRRRRVA- NO SON EN DEFINITIVA PARA NEGAR OTRAS COSAS, COSAS FEAS EN GENERAL, O MÁS FEAS QUE LAS QUE HACÉS (PARA NEGAR LAS OTRAS COSAS FEAS).



AH, ¿NO ESTÁS DE ACUERDO? (Re caliente) ¡UYYY, YA ESTAMOS EN MARZO! Y EN MENOS DE LO QUE CANTA UN GALLO SOS VIEJO Y TE MORÍS. ¿VISTE, VISTE QUÉ LINDO LO QUE DIJE, TARADO? ¡TOTAL A MÍ QUÉ ME IMPORTA, QUE SOY ETERNO Y NI SIQUIERA ME AGARRA DOLOR DE ESPALDA! ¡Y YA ME HICIERON CALENTAR! (Esquiafo) ¡LA PUTA QUE LO PARIÓ! ME AMARGARON EL DÍA, ME VOY A TENER QUE HACER UNOS BUCHES DE VINAGRE PARA SACARME EL MAL GUSTO DE LA BOCA, ASÍ QUE ME VOY, VOLANDO, ¡Y RÁPIDO, QUE YA ESTAMOS EN AMRZO, YA ESTAMOS EN MARZOOO, YA ESTAMOS EN MARZOOOOOOOO! (Mientras hace mímica de que vuela murmura cosas, re caliente, con los cachetes colorados)



Miren, el blog de Drew Friedman.


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¡Macabra reflexión sobre coleccionismo!


BUENO, LO QUE ME PASÓ AHORA ES QUE TENGO UN CUADERNITO. ES UN CUADERNITO PEQUEÑO, RAYADO, CON “ESPIRAL” (EN REALIDAD, UNA HÉLICE), Y QUE ENTRA EN MI BOLSILLO. ALLÍ ANOTO todas las cositas que tengo que hacer. “Ah, sí, genio, cráneo, premio Nobel, eso se llama ‘agenda’, corré a patentarlo”, me dirá algún sagaz lector.



No, no es agenda. Yo creo que no tiene aún el status de “agenda”, aunque aspira a serlo, cuando sea grande. La cosa es así: así como la adquisición del taladro marca el momento en que uno se convierte en un Hombre de Verdad, la adquisición de la Agenda significa la entrada a la adultez, al mundo de los hombres y mujeres de maletín y corbata apretujada. O de pañuelo apretujado o lo que sea que usen las mujeres, después me fijo. Y yo, miembro de la lamentable generación Nesquik, recién a los 43 años estoy empezando a completar este proceso.



He tenido “agenda” en otras ocasiones, pero no la usaba correctamente. Anotaba y no me fijaba, o me fijaba y no hacía nada al respecto, o hacía algo y dejaba la cosa por la mitad al primer obstáculo. Y cuando no cumplía con algo, ese algo quedaba rezagado en las hojas anteriores, a la espera de que se solucionara solo (cosa que sólo ocurría en el 75 % de los casos. Reconozcamos que ese porcentaje ha sido de gran aporte para que yo haya logrado sobrevivir hasta el día de hoy).



Yo digo que esto no es una “agenda” porque mi método personal es un poco engorroso: En lugar de asignar tareas a un díay una hora, anoto en una seguidilla de cuatro o cinco páginas absolutamente todo lo que tengo que hacer el resto de mi vida, desde pagar Edenor la semana que viene a llamar a Obdulio por lo del carbón y a comprarme una casa sobre un acantilado en veinte años. De ese modo, si no cumplo con algo, sigue pendiente, sin abandonar mi persecución –como una eterna espada de Damocles- hasta que la hago. Y allí, cuando la hago, llega el momento del clímax: la tacho. Una vez por semana reescribo tooooooda la lista, ítem por ítem, excepto las cosas que ya taché, y agregando las cosas que se me ocurren en el camino.



Este método, a simple vista tan obvio, básico y primitivo, parece estar resultando en un menor boludismo de mi parte, cosa que siempre es positiva. Sin embargo hay algo que me preocupa: Me pone demasiado feliz el momento del tachado. Es como que soy un resultadista. Un bilardista de la agenda. Por ejemplo, ayer me dejé el cuadernito en casa y no sólo me sentí perdido, sino que extrañé la adrenalina del momento en que tacho y grito “¡Cagaste , hijo de puta!” (así les digo a mis tareas pendientes). Tengo que confesar algo vergonzoso: A veces, por ejemplo, cumplo una tarea y cuando voy al cuadernito descubro que no la tenía anotada. No hay problema: La anoto en ese momento, y acto seguido la tacho.



Supongo que esto habla de un aspecto adictivo de mi personalidad, pero sobre todo de una relación no muy adulta con la tarea pendiente: Como si la tarea pendiente fuera una figurita. ¿Recuerdan las grillas numéricas que venían al final de los álbumes de figuritas? Si te tocaba la figurita 21,la pegabas, y después tachabas el 21 en la grilla. Y cada tachón iba oscureciendo la grilla, y existía un deleite secreto, paralelo a recorrer el álbum, en contemplar cómo la grilla estaba toda sucia y tachoneada y quedaban sólo diez o doce cuadritos en blanco. Así me siento ahora. Contemplar los ítems enterrados bajo un revoltijo de dolorosos tajos de birome azul me hace sentir un placer algo malsano. A veces me quedo un rato mirando una hoja llena de tachones, y me regodeo, no del todo sexualmente (con risitas perversas y privadas) en mi letal eficiencia.



Lo que entiendo es que no soy un hombre grande haciéndose cargo de sus responsabilidades, sino de una especie de inmaduro coleccionista, de coleccionista de tareas tachoneadas. Las tareas más inalcanzables –como la casa en el acantilado- son figuritas difíciles. Y la Plastibol supongo que será la Muerte. Lo que todavía no hay es la posibilidad de intercambiar “repes”. Por ejemplo, si tenés que hacerte dos veces el mismo análisis de sangre, no se lo podés dar a otro para que éste, por ejemplo, te pague Edenor. Eso todavía no está bien reglamentado. Pero es coleccionismo al fin.



Y ya sabemos lo jodido y ponzoñoso que es el espíritu del coleccionista, que llega a invadir el noble oficio de la paternidad. ¿Viste cuando tenés un hijo varón? Lo primero que te dicen es “Ahora te falta la nena. La parejita. El casalito”. Fijate lo enfermos que están estos tipos: Quieren que completes la colección. La colección de sexos de hijos. Aún no he escuchado que digan “Ahora te falta el que tiene disforia de género”, pero esto no tengo dudas de que se empezará a escuchar cuando el tema sea menos tabú.


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sábado, 2 de marzo de 2013

¡Denuncian el drama de la “Deficiencia Etaria”!


Carlos (-18) parece a simple vista un joven normal, aunque un observador atento podría encontrar indicios de su problema atendiendo a su exceso de pelo y piel excesivamente lisa. Entonces, en un momento de la conversación deja escapar la frase que lo delata: “¿Qué es ‘Pumper Nic’?”. Al principio, el resto de sus compañeros de mesa festeja lo que parece una broma, pero pronto se da lugar a un tenso manto de piedad cuando explica, con algo de ingenuidad: “nací posteriormente al año 75”.



“Cada día aparecen más personas con este problema”, explica el Dr. Heinfeld (47), director del Centro de Estudios para Personas con Deficiencias Etarias. “Se cree que el problema está originado en los cambios de la alimentación, aunque hay quienes lo atribuyen a la radiación emitida por las antenas de los celulares”. El caso es que los nacidos con posterioridad al año 1975 se cuentan por millones, y a pesar de los numerosos problemas que esta condición conlleva, la mayoría vive entre nosotros: En el trabajo, en los lugares de recreación, en el transporte público.



“Cuando me enteré de que Rodríguez de Cuentas a pagar era un ‘Post-75’ no lo podía creer”, explica Anselmo (38), empleado de una importante empresa de catering. “Lo ves y parece re normal. Ojo, no estoy diciendo que sea ‘anormal’, yo sé que la gente con Deficiencia Etaria puede vivir una vida normal. Lo que me jode es que no lo haya blanqueado”. A pesar de los esfuerzos de corrección política que intenta Anselmo (producto tal vez del Curso de Integración y Tolerancia dictado por el Dto. de Recursos Humanos de su empresa), los enormes prejuicios que la condición de Rodríguez, Carlos y tantas otras personas despierta en la Sociedad son un obstáculo más contra el que se enfrentan.


“Yo no tengo culpa de haber nacido en 1989”, se queja Nadia (-14). Y aunque su queja pueda ser discutible (¿Entonces quién tiene la culpa? ¿Yo?, se pregunta este cronista), también es cierto que el Estado no debería hacer oídos sordos a su reclamo. “Casi desde que nacés te meten en establecimientos educativos con otros deficientes etarios, que aparte de ser re discriminatorio no te ayuda. ¿Cómo vas a saber cosas normales así? Decí que llego a casa y mi vieja me pone DVDs de Pepe Biondi y del Pato Carret y discos de los Bee Gees, pero imaginate el esfuerzo extra que es para ella”. Sorprende saber que al día de hoy –¡que nos recuerda al apartheid sudafricano!- esta práctica sigue vigente; y no sorprende, en cambio, que esta “formación” (¿deformación?) provoque tantos problemas de convivencia: “El otro día en el laburo hice un chiste con la palabra ‘Eaeapepé’ y no se rió nadie. ¡Claro, eran todos deficientes etarios! ¡Y no lo blanquean, loco! Me fui a quejar a Recursos Humanos, pero me dijeron que no se puede hacer nada, que me la banque, que agache la cabeza, todo bien, yo los entiendo que ellos tienene se problema pero los platos rotos los paga uno que es normal”, insiste Anselmo, con los cachetes medio enrojecidos, y ciertamente con algo de razón.


Los números asustan un poco. “Desde el año 1975, más del 93 % de los chicos que nacen vienen con algún tipo de deficiencia etaria. Y las cifras van en aumento”, explica el Dr. Heinfeld. ¿Se puede revertir? “Existen algunos tratamientos en USA utilizando terapia genética y micropartículas que viaja antrás en el tiempo, pero son carísimos y todavía están en experimentación. La mayoría, incluso después de completarlo, sigue siendo ‘post-75’ por el resto de su vida, sin haber escuchado jamás al grupo ‘Viuda e Hijas de Roque Enroll. Salvo que se lo baje de Internet, pero ya sabemos que no es lo mismo”, aclara. “La gente no sabe lo que es vivir con este problema, yo por ejemplo nunca vi ‘La Pantera Rosa’ en blanco y negro. ¿Sabés la sobrecarga de estímulo de las retinas por exceso de información visual que te trae eso? Y lagente es re pelotuda, te dice ‘no te preocupes, tu problema se cura con el tiempo’. ¡Y no es así! ¡Yo al cine ‘Real’ o al centro comercial ‘Gath & Chávez’ ya no voy a poder ir nunca!”, dice, con la voz quebrada.


Y el problema no se detiene: Intentando mantener la serenidad, Roberto (41) nos dice: “Mi hijo nació hace cinco años. Yo le notaba algo raro, por ejemplo traté de jugar con él al ‘Telemach’, pero no sabe lo que es. En cambio, dice que los amiguitos juegan a ¿la Play’. Obvio que yo no lo dejé auqnue empecé a angustiarme. Pero ahora lo llevamos al pediatra y nos explicóque tiene Síndrome de Deficiencia Etaria. Un ‘Post-75’, como dice la gente. Y que tiene -31 años”.


La ignorancia y falta de información, como siempre, son los principales escollos para solucionar este problema. Muchos deficientes etarios ni siquiera saben que portan este problema genético (según las últimas investigaciones producto de una acumulación de genraciones en el ADN mitocondrial) y hasta hacen de la tara una bandera, escuchando cosas como “Pearl Jam” o “Justin Bieber” (que es todo medio lo mismo), y exhibiendo sus cuerpos raquíticos, tatuados y con excesiva escasez de lunares peludos, manchas y arrugas. Es nuestro deber reclamar al Estado una campaña de conientización de este problema, hasta dar a entender a los etariamente disminuidos que tienen un problema, un problema muy muy grave e irreversible y que no pueden opinar y que no digan boludeces y apaguen esa música de mierda.



Lleno de tristeza y amor, Roberto mueve los deditos de su hijo sobre la perilla de baquelita del Telemach para que trate de jugar al “Tenis”, que el pequeño agarra con gran esfuerzo. “Nadie te preapra para esto”, agrega con los ojos húmedos.


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viernes, 1 de marzo de 2013

¡Lanzan instructivo para hablar del calor!


Quiere un lugar común entre la gente piola que hablar del clima es de boludo, o revela una personalidad sosa o lúgubre. NADA MÁS FALSO. Pocos temas hay tan interesantes como el clima y sus variantes: la climatología, la climasofía, la climastesia, el climatismo, el climaterio, etc. El clima abarca casi la totalidad de los asuntos humanos: la matemática, la geografía, la historia, la ecología, la medicina (como el tema de la “ola de calor”), la psiquiatría (“el invierno a mí, lo que es a mí me re bajonea”) e incluso la filosofía (¿Existe el frío o sólo la ausencia de calor? Para pensar). En realidad, dejémonos de joder, prácticamente es una locura insensata que hablemos de otra cosa.



El tema “clima” además es infinitamente más rico e interesante cuando se circunscribe a la parte “calor”, ya que produce inmediatamente una complicidad, un pensamiento subyacente relacionado con el descanso, las vacaciones, la relajación de las costumbres, andar en pelota, en fin, pudiendo inferirse que las personas que hablan inocentemente del clima (incluso esas dos viejecitas tan inofensivas) están en realidad hablando de cosas de sexo y perversiones y látigos.



Por supuesto, como la mayoría de la gente es un bodrio logra reducir este tema tan inagotable a una serie de refranes prefabricados. Por eso el servicio de mejoramiento de conversaciones de YCEM ofrece a continuación el siguiente instructivo para hablar del calor, dividido en a) Cantidad de calor, b) Calidad del calor y c) Inconveniencia del calor en sí.



Cosas para decir cuando hace calor respecto de la cantidad:



“¡Pfff, qué calor hace!”

“No sólo qué calor hace, yo diría cuánto calor hace”

“Ah, sí”

“No cuesta nada expresarse bien”

“Bueno, bueno, Doctor Gancedo”

“Porque el tema no es que haga calor, el tema es la cantidad de calor que hace. Yo creo que hace bastante”

“¡Sí! Yo creo que hace un montón, un montón de calor, ay ay ay qué calor que hace, no puedo más del calor, hay una verdadera ola de calor, no veo la hora de que se vaya el calor, vos a mí dame el invierno porque ahí te tapás, en cambio en verano llega un punto que no te podés sacar más cosas”

“Bueno, pero ¿un montón de calor respecto a qué?

“Bueno… Al calor que hacía el otro día. Hace como 32 grados, es un montón.”

“Claro, pero ¿sabías que en el interior del Sol hace 15.000.000°?”

“…”

“En serio, lo acabo de googlear”

“Bueno, pero eso es irrelevante. Porque comparado con un lugar donde hace 15.000.000° bajo cero, hace calor”

“¡Pero mi querido amigo! Esa temperatura no existe. El “cero absoluto”, la temperatura más baja posible de alcanzar por cualquier cuerpo del Universo se calcula en 273° bajo cero, mi querido amigo. ¡Por lo que a ciencia cierta en este momento, querido amigo, estaríamos pasando frío! No, en serio, lo googléé.”

“(Con bronquita) ¿Por qué me decís ‘querido amigo’? No soy tu amigo.”

“Bueno, yo…”

“Y aparte me parece re soverbio (sic) que creas que sabés qué temperatura hace en todo el Universo, como si lo hubieran medido. Dejate de joder. Yo creo que si el Universo es infinito, en algún lugar debe poder hacer infinita baja temperatura. Me parece sentido común básico”

“No, no se puede porque la materia…”

“¡Y dejate de googlear cosas mientras hablamos! ¡Un poco de educación, flaco!”

“Bueno, igual 32 grados no es tanto calor. Mucho calor es 40 grados”

“Para mí sí es mucho calor”

“Para mí no, para mí es ‘bastante’ calor, pero no mucho”

“No, para mí ‘bastante’ calor es 27°”

“No, estás re loco, eso es ‘calor’, así, a secas”

“No, ‘calor’ es 24°”

“¿Quéeeee??? ¿Qué te tomaste? ¡Eso es ‘un poco’ de calor!”

“¡No! ¡No! ¡No! ¡ ‘Un poco’ de calor es 20 grados, eso lo sabe todo el mundo!”

“Nada que ver, eso es ‘agradable’”

“Disculpame, ¿qué mente afiebrada te armó ese escalonamiento? Me parece que me estás cachando o que tenés un problema con el termostato.”

“Bueno, en todo caso estamos de acuerdo en que hace calor, si es bastante, o si es mucho o poco ya es materia de otra polémica”

“Claro, con ese criterio lo importante es que es que hay hambre, no que haya 10 pibes con hambre o 60.000.000.000.000”

“¡Y sí, es así!”

“No, no es así”

“Escuchame, mientras que haya un pibe con hambre, un pibe, un pibe con hambre no podemos bajar los brazos, compañero”

“Bueno, pero ¿qué es mejor? ¿Que haya un pibe con hambre o 60.000.000.000.000?”

“No importa eso, lo que importa es que hay hambre”

“Claro, claro, es la típica de la izquierda infantil histérica que le hace el juego a la derecha”

“Claro, y la tuya es la típica del peronismo que necesita que haya pobres para sostenerse en el Poder”

“(Resoplido)”

“(Resoplido)”

“La verdad que con este calor me dan ganas de sacarme toda la ropa”

“A mí también, y acto seguido de dedicarme a relaciones carnales con mucha saliva y degeneraciones y cosas raras”

“Dale”



Cosas para decir cuando hace calor respecto de la calidad:



“Cuánto calor”

“No, qué calor”

“No, lo correcto es cuánto calor, ¿no, Dr. Gancedo?”

“No, porque el tema no es la cantidad de calor sino que acá tenemos un calor húmedo. El problema es el tipo, la clase, la forma de calor. Por eso ‘qué calor’ es correcto. ‘Qué’ se refiere al tipo de calor, en este caso húmedo y pegajoso”

“Es cierto, si hiciera este mismo calor pero menos húmedo no serúia tan grave”

“Exacto, si fuera un calor seco nos estaríamos cagando de la risa”

“Yo te soy sincero, si fuera un calor seco creo que ni siquiera lo percibiríamos como calor”

“Claro, lo que mata es la humedad”

“Es verdad, es verdad, nada que hacerle, la sabiduría de nuestros abuelos es imbatible”

“Por ejemplo, ¿sabés dónde hace calor seco? En el norte. En el NOA.”

“Sí”

“Y ahí no es tan jodido el calor, sin contar con los bellísimos paisajes que allí se encuentran, y las gemas de la Cultura Santamariana o la Cultura de la Aguada”

“Ah, sí, y el locro”

“Sí”

“¿Sabés dónde hace calor seco también? En el Sur. En el S.”

“Claro, pero en verano”

“Sí, acá también en verano”

“Pero en el Sur hay paisajes nada más. No tienen las gemas de la Cultura Santamariana o la Cultura de la Aguada. Como mucho tienen chocolaterías y casas tirolesas, vistes. Esas cositas nazis.”

“Sí, bah, hay mapuches. De golpe hacen artesanías. Algún tejido, qué se yo”

“Sí, bueno, no es lo mismo”

“No, no es lo mismo”

“Pero volviendo al tema, el calor es seco, no como acá, que salís a la calle y terminás hecho una sopa”

“Sí, el calor acá es húmedo, pegajoso, transpirante, mojado, una baba lúbrica y pantanosa, como la repugnante piel de un batracio o de las criaturas viscosas y ojisaltonas que habitan las profundidades de los pozos de agua abandonados, o los Insondables Abismos de la Imaginación”

“Sí, teminás hecho una sopa”

“Y en el centro es peor, eh, en el centro es más húmedo y pegajoso aún, allí el contacto casual con el prójimo rememora inconscientemente la sensación de introducir la mano en un balde lleno de sapos, almejas y miasmas que se revuelven en una orgía de Pesadilla, en un vórtice de sensaciones putrefactas grabadas enn nuestra psique profunda, desde el tiempo en que el Hombre no era Hombre, sino una primigenia criatura acuática moviéndose por instinto en un Laberinto de frío, oscuridad y miedo, escapando de predadores fluorescentes y pletóricos de dientes para revolcarse –en una brutal ceremonia donde el Asco estaba mucho más presente que el placer- con el prójimo más semejante posible y permitir la supervivencia de la especie; y luego morir dentro de las fauces de un monstruo ciego e idiota. De esos seres que fueran nuestros abuelos hemos heredado los peores demonios del alma humana: la angustia y el sinsentido de la Existencia.”

“Bueno, así y todo la sabiduría de nuestros abuelos era imbatible”

“Y mpas allá de todo, la verdad es que con este calor me dan ganas de sacarme la ropa”

“A mí también, y practicar las ciencias del amor desnfrenadamrente, incluyendo conejismo y mondongofilia. Eso sí, me pondría una franela en la barriga para evitar el ‘efecto sopapita”.

“Dale”



Cosas para decir cuando hace el calor, acerca de la inconveniencia del calor:



“¡Qué calor!”

“Sí, yo incluso diría cuánto calor”

“Yo no me banco el calor, no soy de esa spersonas que les gusta el calor y que andan deseando que haya calor todo el año”

“No, a mí tampoco me gusta el calor, no me lo banco, me re tira abajo el calor”

“A mí dame el frío, la lluvia, una taza de café humeante junto al hogar a leña envuelto en una frazada mientras miro la neblina por la ventana, yo te digo que por mí haría 5 grados todo el año”

“Claro”

“Si tuviera hogar a leña, claro”

“Claro, claro”

“Y ventana, mi depto da al ventiluz, en fin”

“Sí, ya sé”

“Y el café me viene cayendo un poco mal, en fin”

“A mí en cambio dame una temperatura de 172 grados, con los jóvenes de piel calcinada nadando en el asfalto derretido, los animalitos estallando en combustiín espontpanea y lluvias de fuego por las tardes, yo ahí soy feliz”

“Pará, pero, ¿no era que no te bancabas el calor?”

“Y no me lo banco. A mí que haya 30 grados no me gusta, me re tira abajo. Y la humedad. Pero con 172 grados humedad por ejemplo me parece que ya no hay”

“¡Pero 172 grados también es calor!”

“Bueo, para eso cinco grados también es calor. El frío no existe. Lo que existen son diferentes grados de calor (ver párrafo 1). A menos que quieras que haya cero absoluto (Ver Instructivo a)”

“No, no, cero absoluto no quiero, pero tampoco quiero que haya 172 grados, no me gusta tanto calor”

“Es que ahí aparte ya no se llama calor. Sería otra cosa.”

“¿Qué cosa? ¿Cómo se llama?”

“No sé… Supercalor”

“¡Ja, ja, ja! ¿Para eso inventaste una temperatura? ¿‘Supercalor’? ¡Qué nombre más choto!”

“Bueno, por lo menos yo tengo claro que no me gusta el calor. Me gusta el supercalor y actúo –por llamarle de alguna manera- en consecuencia. Vos en cambio decís que te gusta que haga frío y en lo único que pensás es en eliminarlo. Que el hogar a leña, que el café, que la frazada”

“Bueno, es que me gusta el frío para eso. Para abrigarme”

“O sea, te gusta el frío para no tener frío. Para eso que haga calor. Yo con el tema del Supercalor estoy re bien, con los aullidos de los leones salvajes calcinándose, con la evaporación súbita de los mares, con la melodía de las ampollas en la espalda de mis seres queridos estallando todas a la vez”

“¿Sabés que tenés razón? Al final mejor que haga calor, así me ahorro el hogar a leña, la frazada, el café.”

“Sí, y si te unpis a lod el Supercalor en lugar de la neblina por la entana podés mirar el humo de las bibliotecas acercándose a su punto de ignición. Y en vez de café humeante, un vaso de agua humeante, que es la única que va a haber”

“Y en vez de frazada, me saco toda la ropa”

“ Sí, yo también, y nos dedicamos a toda clase de degeneraciones extraídas de Libros Prohibidos e Infernales y les damos un ‘twist’ (con utensilios de cocina), y miramos porno duro en internet a través de las pantallas semi-derretidas de nuestros monitores, con el efecto óptico de que las chicas están horriblemente deformadas”

“Dale”


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jueves, 28 de febrero de 2013

Dato 4.858: Cura para el hipo


caparros.gifSegún un studio científico, es posible curar el hipo mediante un tacto rectal. ¡Mirá vos! (Fuente: El libro “Disgusting Things: A Miscellany”, de Don Voorhees. Probabilidades de exactitud: 200 %%, por libro. Y porque no tengo hipo)


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