Ocurre de vez en cuando que los críticos estamos inspirados, y damos en la tecla acerca del enfoque, la lectura, la mirada, que encontramos el “quid”, la madre del borrego y la verdad de la milanesa, con lo cual la crítica se nos redacta automáticamente en el cerebro y solo resta relajarse y que los dedos tecleen solos. Y entonces se lo comentamos a nuestro Jefe de Redacción y nos avisa que nos equivocamos de película; que la crítica que diseñamos seguro que está bárbara, pero lamentablemente ya la hizo otro y la entregó antes y (también seguro) con menos errores de sintaxis.
Entonces hay que sacar apresuradamente otro “quid”, otro enfoque, otra madre de la milanesa de nuestra parrilla de recursos. Teniendo en cuenta que tampoco tengo tiempo para informarme mucho del tema correcto –El Gato con Botas, que yo creía que era un cuento pero parece que era una película- opto por una técnica muy en boga en las revistas de cine: Redactar una crítica a favor y otra en contra. Es como jugarle a par e impar en la ruleta. Poco emocionante tal vez: Pero un entretenimiento completamente inofensivo, que a veces es lo mejor que nos puede pasar.
A FAVOR: Cuando la saga Shrek estaba agotada, los talentosos creativos del equipo de Dreamworks lo hicieron de nuevo: combinar un guión eficaz y sin fisuras a una irreprochable factura técnica, para lograr un film capaz de arrancarle carcajadas tanto a adultos como a los más chicos.
Hace ya tiempo que los fanáticos de la saga esperaban un mayor protagonismo de este extraordinario personaje, que ya se ha logrado un lugar en la historia del cine de animación -y por qué no de la cinematografía internacional- colocándolo a la altura de los grandes “duros” del cine como Rick Blaine, Tony Montana y Vito Corleone. Y la comparación con estos personajes no es casual, ya que algunas escenas del film podrían encuadrarse entre las 5 mejores escenas de la Historia del Cine.
Y es que el Gato con Botas -interpretado por un Antonio Banderas capaz de provocar escalofríos de emoción sólo con ciertas inflexiones de su voz- logra ganarse un lugar en nuestro corazón a través de su emocionante historia, parábola de todo lo bueno y digno de ser contado acerca de la Humanidad. Hay un antes y un después de verlo en acción en esta Obra Maestra. Mejor dicho, sólo hay un Después, porque el Antes será sólo insignificante polvo en nuestra memoria. Oh, Gato con Botas, eres Grande y Poderoso, tu Nombre será coreado con el corazón henchido de Alegría por los siglos de los siglos. Yo ya no soy Yo, sino apenas el eufórico Instrumento de tu Palabra: Mi cuerpo, antaño abyecta bolsa de miasmas pútridas, es hoy vehículo cristalino de la Belleza, la Luz y la Verdad Revelada que significa tu nombre. ¡Ordéname arrastrarme entre vidrios destrozados como pago por atreverme a pisar el mismo suelo que Tú, y lo haré con los ojos rebosantes de lágrimas de gratitud! En resumen, una película.
EN CONTRA: Cuando ya no sabían cómo seguir exprimiendo la sobrevalorada saga Shrek, a los cráneos (sarcasmo) de Dreamworks se les ocurrió agarrar un personaje y meterlo en ooootra película. Che, pará de tener ideas, flaco, te va a explotar la cabeza, mamita.
Se trata, como sus antecesoras, de una de las producciones más deshonestas que puedan imaginarse: Una película para niños salpimentada con “guiños dirigidos al público adulto”, con lo que se logra una película que no es para niños, pero que los adultos concurrentes –entre los cuales están los miembros más imbéciles, conformistas e inmaduros de la raza humana- finjan que también pueden disfrutar de esta bazofia. En buen cristiano, la Nada Misma, un producto inexistente empaquetado en una trampa cazabobos. ¡Una Nada Misma que aparece ante nuestros ojos como un vómito de personajes más feos que un concejal bonaerense, rebosante de chistes que hacen ver a Miguel del Sel como un genio del humorismo y sonorizada con las inexpresivas voces de “estatua viviente” Banderas y la inexplicable Hayek! Y me encantaría bajarle los dientes al genio que la contrató para salir en una película donde ni siquiera puede lucir sus senos. ¡En El Gato con Botas están resumidos los peores vicios de la Humanidad! ¡Su estreno es una de las señales del Apocalipsis! ¡Arrepentíos! ¡Sólo serán salvos aquellos que hayan abrazado a Nuestro Señor y quienes se hayan resistido a ver este borborigmo de animación digital al que le sobran –así, a ojo- unos 145 minutos! En resumen, impecable la factura técnica.
Elija la crítica más acorde a su gusto personal, tome la decisión (“voy / no voy”) más adecuada y todos felices.
sábado, 12 de enero de 2013
El Gato con Botas; una crítica para todos los gustos (dos)
viernes, 11 de enero de 2013
¡Uhhh, esta carrera es un despelote!
La Universidad Yocontraelmundo de Ciencias Humanas lanza su Master en Desorganización para el último trimestre del año:
1° Año: Desorganización General I. La poca importancia de saber qué día es, o qué hora o en qué país vivís o qué hay que hacer. Cómo convencer a los demás de sos muy “espontáneo”. Introducción a la Economía: Relativización del concepto de “Vencimiento”. Por qué el pagar intereses debería conllevar un trato de cliente preferencial. Agenda I: Su reemplazo por miles de papelitos arrugados guardados en diferentes bolsillos y cajones. Enquilombamiento I y II. Teoría del Caos: Cómo aplicarlo en la vida cotidiana. Ingeniería doméstica I: El apilamiento de cosas. Por qué no es obligatorio obligatorio obligatorio poner lo más grande abajo y lo más chiquito arriba (crítica de la figura geométrica “pirámide” y su superación por el “poliedro irregular truncado con brazos puntiagudos que salen para todos lados”). Despelote I.
2° Año: Economía I: Microingeniería del Crédito. Cómo pagar un préstamo con otros tres préstamos diferentes, dos bancarios y uno personal, mas retiro en efectivo de la tarjeta de crédito, que se pagará con otra tarjeta de crédito y la plata con la que ibas a pagar la luz (que pasará a pagarse el mes que viene en cuotas, mitad Banelco, mitad una tercera tarjeta de crédito). Taller: ¿Es la Cuota nuestra amiga más generosa o un monstruo con piel de cordero? Rudimentos de Contabilidad Creativa. Despiplume 1. Ingeniería Doméstica II: Guardamiento de cosas sucesivas en un cajón, hasta que éste no se puede abrir. Demostración de la inutilidad de los placares, cómodas y cajoneras, y por qué son “un gastadero de guita al pedo, prefiero tener todo a la vista así sé dónde está”. Olvido de cosas I: Relevamiento de lugares ideales para olvidar cosas (bares, taxis, colectivos, salas de espera, burdeles, fumaderos de opio). La conveniencia de llevar innecesariamente a todos lados el paraguas, la agenda (de poseer una), el DNI, el pasaporte, la escritura de tu casa, el título del auto y tu bebé de seis meses. Agenda II: Especialización en la Técnica de Anotamiento Unilateral o T.A.U. (anotar cosas y después no fijarse). Batiburrillo I, II y III. Desorganización general II: El Mundo como una vorágine de formas extrañas, entidades sin sentido que hacen ruido e información inconexa y en un idioma extranjero.
1° Año: Agenda VII: Inicio de diferentes agendas en diversos formatos y repetición de citas en cada una de ellas o la misma. El arte de la superposición de obligaciones (el objetivo es llegar a tener 9 obligaciones simultáneas en diferentes puntos geográficos). Seminario de Multitasking: Cómo hacer cinco cosas al mismo tiempo, todas mal, excepto una, que se hará catastróficamente (Impartido por el Dr. Garimboldi, que contará su experiencia como cardiocirujano y jugador profesional de Playstation 2 en horarios superpuestos. Se solicita puntualidad, ya que el Dr. Garimboldi debe volver a la cárcel en un horario muy estricto). Economía XIV: Pagamiento de la misma cosa dos, o hasta tres veces, y otra cosa ninguna vez. Cómo vivir normalmente si te cortan la luz (Velomancia. Transporte de hielo. Clases de piano. Dactilografía en máquinas de escribir).
7° Año: Ingeniería Doméstica II: La microcompra en el Megasuperhipermercado. Por qué si compramos más de dos sachets de leche por vez terminaremos viviendo bajo un puente. Economía III: Música dodecafónica del siglo XIX. Agenda IIIIII: Tachamiento de nuestras anotaciones más importantes con garabatos incomprensibles mientras hablamos distraídamente por teléfono. Ingeniería Doméstica II: La microcompra en el Megasuperhipermercado. Por qué si compramos más de dos sachets de leche por vez terminaremos viviendo bajo un puente (de nuevo, pero con otro contenido). Grafología Creativa VVV: Tomado de notas con letra de subnormal que después no se entienden un carajo. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Ingeniería Doméstica II: Acumulamiento de cosas en el piso. Cómo caminar sobre ellas sin lastimarse o romperlas. Se complementa con la práctica de tratamientos caseros del broncoespasmo por juntamiento de ácaros. Olla de grillos I. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I.
2° Módulo y medio: Ingeniería Doméstica II: Introducción a la sociedad y Estado y al Conocimiento Científico y a la Ingeniería en Sistemas y al Teatro Infantil y a cualquier cosa. Bonga Bonga Bonga III: Puchulu. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. 3° Año: Catuto. ¡Pachomba! 6566%&8?? ‘\’))—##, @@@. Economía 10: Delegación del conocimiento de nuestra deuda en nuestros acreedores. Por qué sale guita. Agenda XIX: Cómo anotar, cómo chequear la agenda a diario y finalmente, cómo no cumplir con lo que dice. Improvisación I, II y JJIK: El cambio de rumbo a ¾ del camino. Por qué es excitante (Taller especializado: ¿Es propio de un espíritu libre y admirable cambiar de rumbo profesional a los 47 años, o francamente es ser medio boludo?) Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Uirrrrrrriurrriuuurrrrrrr I y 98. 2° Año: Manipulación del tiempo. El arte de tardar en todas las actividades de la vida 7 minutos más de lo calculado. Manipulación del tiempo XXX: Licenciatura en el cálculo completamente inexacto (se insta a que los alumnos se autoconvenzan que cruzar la ciudad les lleva 12, 13 minutos, segundos más, segundos menos con toda la furia). Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Reflexología I. Cucú. ¡Qué matete, mama mía! Tengo un hambre que no veo, que pim que pam, y ni hablar del peluquín I; $, POPO y IIIV.
Por favor enviar sus currículums a Corralitos 990, no, pará 888, creo, de 7 a.m. a 4:578 a.m. de miércoles a lunes sin DNI o personalmente, hasta abril del 2010 no no no. Traigan la platita.
jueves, 10 de enero de 2013
¡Explican cómo eran antes las cosas!
¡Ja, ja, ja! Veo a ustedes, los jóvenes, vanagloriándose de sus no-logros, y me río: ¡Ja, ja, ja! Si hubieran tenido que no trabajar como no trabajábamos en nuestra época, no habrían durado ni medio asalto. ¡Ja, ja, ja!
Porque antaño –cómo me gusta la palabra antaño, la usaría todo el tiempo, incluso en oraciones donde no corresponde. Por ejemplo, “Me voy a comprar cien gramos de antaño mortadela”- cuando queríamos perder el tiempo -¡y vaya si lo perdíamos!- no teníamos Facebook ni Twitter ni esas herramientas que tienen los pibes de ahora diseñadas para maximizar la pérdida de tiempo. Te sirven la perdición de tiempo en bandeja, no como nosotros. Fijate que allá lejos y hace tiempo –antaño- cuando empecé a trabajar en una oficina, ¿te acordás? (creo que fue hace como OCHO AÑOS), si queríamos perder el tiempo nos teníamos que arreglar prácticamente solos. Escuchame, te estoy hablando de una época donde no te digo ya antaño que no teníamos Facebook. ¡No teníamos YOUTUBE! ¿Vos sabés lo que es eso? Yo te desafío ahora a perder el tiempo sin tener no ya Facebook, tratá de perder el tiempo sin Youtube. Dale, probá. ¡Ahí está, te agarré! ¡Hiciste algo PRODUCTIVO! ¿Ves que no podés?
No hay caso, se les está atrofiando. Te voy a decir más: Cuando yo empecé –allá como en el 2004, 2003, antaño- casi casi casi que no había blogs. Había, pero pocos, es más, yo tenía un blog en esa época –creo que era éste- y casi casi que no sabía lo que era un “blog”, así como ahora todavía no termino de entender lo que es un Twitter o un Cuevana. O un blog, ponele.
No, querido, antaño, para perder el tiempo teníamos que visitar “páginas de Internet”. ¿Qué? Sí, sí, anotá: “Pa-gi-nas-de-In-ter-net”. Sí, con hache. Eso. Así, en pelo, páginas de “Internet”, a lo gaucho, casi como hombres de la edad de piedra. Páginas de Internet de cosas, por ejemplo agarrás y ponés en Google “Monos que tienen cuernos en las manos” y había que ver qué aparecía (Es un ejemplo, no te pongas a googlear “Monos que tienen cuernos en las manos”. Te das cuenta, ni autonomía para googlear cosas tienen los pibes de ahora). O “Batman”, o “Coleccionismo de tapitas de botella”, o “Turururuuipu”.
¿Sabés lo que llegué a hacer cuando ya no sabía cómo perder el tiempo? ¡ESTUDIAR HOLANDÉS ONLINE! (Dato de la vida real) ¿Waar is de toileten? ¿Gaan je das de bioskoop? ¡Me tenía que meter en una página de “Internet” de cosas de clases de holandés antaño online!
¡Había PORNOGRAFÍA! Pero eso era para ver en la casa, porque en el trabajo por algún motivo no te dejaban. No como ahora, que en Facebook no podés ver pornografía y como la gente, el hombre del común digamos, el ciudadano de a pie, el antaño ya no sale de Facebook entonces ya no mira pornografía, con las desgraciadas consecuencias para la continuidad de la especie que esto representa. En fin.
Yo no sé qué va a pasar cuando a los pibes estos de ahora les saquen el Facebook con el virus ese que imbentaron. Ya me los imagino, horas frente a la computadora, diciendo “sí, no… A ver… ¿Qué puedo ver? Eh… ¡Ah! (Angustiado) ¡No sé, no sé! ¡No sé qué hacer con Internet!” y antaño finalmente, como ya no saben cómo perder el tiempo, haciendo cosas. ¡Cosas! ¡Haciéndolas! La-mentable.
Miren, el cocodrilo gigante que encontraron en Filipinas que ya no sé cómo voy a hacer para volver a dormir sabiendo que existe un monstruo semejante y SÍ, YA SÉ QUE LO AGARRARON, PERO SE PUEDE ESCAPAR Y AHORA PEOR, PORQUE LO VAN A PINER EN EL ZOOLÓGICO DONDE HAY GENTE Y SABÉS EL DESPIPLUME QUE PUEDE HACER ESTE BICHO SI SE SUELTA, O NO VISTE KING KONG (enviado por Lucía), el botón para que esté todo bien (enviado por Legally Brunette) y lo primero que sale si googleás “Monos con cuernos en las manos”.
sábado, 5 de enero de 2013
“¡Aniversario!”, una película del Dr. Tranca
Escribe el Dr. Tranca
Premio Nobel de Facto de la Medicina Ilegal
ayudemedrtranca@gmail.com
PRINCIPIO: Arranca que Washington McVarela, un rudo piloto de cazabombarderos de ascendencia uruguayo-escocesa está cazando –completamente alcoholizado- uno de esos aviones que escriben cosas en el aire, y le va golpeteando la cola y haciendo que escriba guarangadas. El jefe, un alto general medio chino medio maricastañuela le chilla por el intercomunicador que vuelva a la base, que se deje de joder (viste que los chinos gritando son graciosos, es como una parte de comedia). Entonces McVarela agarra y vuelve pero se olvida de pisar el freno y le destroza la oficina al chino, el jacuzzi, la mesita de whisky, etc. El chino grita “¡McVarelaaaaa!”.
PARTE 2: McVarela –después de darle una tunda al chino, que lo quiere aleccionar con unas patadas de karate pero a nuestro héroe que no le vengan con cosas raras que él a las piñas le basta y sobra para moler a palos al que se venga- se va despedido de la oficina, y lo vemos cargando en su cazabombardero una caja con sus objetos personales: Un arma, sus revistas de chicas desnudas y su perro Percho, un fiel callejero de 32 años de edad pero que todavía es capaz de arrancar un brazo con los tres dientes que le quedan. El destino es incierto, así que McVarela enfila hacia la whiskería topless más cercana, cuando recibe un llamado en su radio (un hombre de verdad, no tiene celular ni esas cosas raras).
PARTE 2 (parte II): Acá viene un “corte”, que me explicó el Maricarmencita de la Sagrada Superstición Arrodillada de Podeti que es cuando, para no poner todo el traslado del tipo, se lo ve mágicamente, como de golpe, como si se hubiera teletransportado en otro lugar. Y está en la Casa Blanca, junto al presidente (que no es el negro afeminado que hay ahora sino uno de esos de antes, de jopo, de traje y corbata y el dedo siempre bailando en el Botón del Armagedón Total). El tipo le explica un montón de cosas, así que mientras tanto lo que se ven son imágenes caseras de cabareteras del año ’63 (un tesoro que me dejó mi padre, lo pudo aportar personalmente para abaratar costos). Lo que le explica es que van a conmemorar la caída de las torres gemelas construyendo unas nuevas y derribándolas ellos mismos, para demostrar el Superpoderío Estadounidense, pero como andan flojos de platita las tienen que derribar con un solo avión. Y el único piloto capaz de la tarea, ¿adiviná quién es? Papito. McVarela. McVarela acepta, más que nada porque es bien bien hombre y le gusta la idea, y después le preguntan cuánto quiere. Él pide u$6669e.r998#$$99053’0,, 098 de millones de dólares, le contraofrecen uu$$$y7.89900.345672262”## m contramillones, él dice “bueno, pero aparte quiero pensión vitalicia para Percho”, “Compro”, dice Bushclintonreagan jr. padre, “Ta”, dice McVarela. Esplosión.
PARTE DE ACCIÓN: Acá vienen explosiones y unos turcos que agarran y se la quieren dar a McVarela con un auto, le persiguen el cazabombardero con el auto, McVarela se mete con el cazabombardero –andando, porque todavía no tiene permiso para volarlo en Estados Unidos- en un shopping y destroza un montón de cosas. Se ven vidrieras esplotando todas en cámara lenta, en eso McVarela da una vuelta de 180° y le arranca el capot a los turcos. Uno de ellos huye escaleras arriba y el tipo lo persigue (siempre a bordo del cazabombardero), hasta que llegan a la terraza, y cuando el tipo está por escapar McVarela le lanza un misil y, medio así pegándole de refilón, le quita la pañoleta esa que usan los árabes. ¡Y resulta que es una turca, divina, de grandes senos! Ella intenta atacar a McVarela a piedrazos, pero él sale del avión y avanza, tolerando las piedras que le rebotan contra el pecho y la nariz, y cuando llega le baja los humos de un par de bifes. Ahí se miran a los ojos y viene parte de sexo.
PARTE DE SEXO: Acá se ve a McVarela y la turca, que se llama Zulma Zulema, teniendo sexo en todas las posiciones existentes y por inventarse durante horas, todo entremezclado con explosiones y partes de las películas esas que me dejó mi viejo (para que sea apta para todo público la idea es que delante de las pelvis de ellos siempre pase algo, un pájaro, o un murciélago, o una cabra que justo pasa por ahí). Más explosiones y algunas otras turcas que se suman, porque a McVarela con una no le alcanza.
PARTE DE DESPUÉS: McVarela tiene que iniciar el atentado, así que toma envión volando hasta China. Pero Zulma Zulema, que se sube con él perdidamente enamorada, le dice que no lo haga. Que es todo un plan de los perros infieles estadounidenses, que las torres anteriores también las derribaron ellos, y que ahora quieren hacer creer que Osama Bin Laden Jr. organizó un nuevo atentado y así lanzar la Segunda Guerra Mundial (ya que la anterior Segunda Guerra no habría sido más que un montaje cinematográfico, como la llegada a la Luna, el asesinato de Kennedy, Internet y las películas de Spielberg, que parece que también son un montaje cinematográfico). Por una diez millonésima de segundo, McVarela duda, pero entonces se retuerce los testículos con una pico de loro, para que se le pase. La duda. Y le dice a la mina “Una misión, es una misión, chiquilina” y aprieta el acelerador. Zulma Zulema le dice “después de la noche de infinito placer que me has hecho pasar, no puedo contradecirte” (más partes de sexo, aunque más cortitas).
PARTE ANTES DEL CLÍMAX FINAL: Entonces, cuando está por derribar las torres nuevas viene otro avión y las derriba. Y él pasa de largo y se estampa contra la Estatua de la Libertad. En todos los noticieros sale la foto de él manejando el avión, como el culpable. Ahí se da cuenta de que Zulma Zulema, mujer al fin, lo ha traicionado, y la ve escaparse con un aladelta que dice “Vote Bushclintonreagan jr. padre 2011”. Él, decepcionado, la derriba de un misilazo. Una lágrima pero no de agua sino hecha de whisky, grapamiel, chivito, plomo y tierra de las cuchillas uruguayas resbala por su mejilla, y después es absorbida por un ganglio medio inflamado que tiene ahí (tenía dudas para esta parte, pero me dijeron que si el tipo llora capaz que nos dan un Oscar y ando necesitando la plata).
EL CLÍMAX: McVarela se da cuenta de que todo fue un plan del Presidente, para… Bueno, muy complicado. No importa. La cosa es que era un plan. Y encima jugaron a dos puntas y contrataron a otro para tirar abajo las torres, la parte más amena del laburito. ESO NO SE HACE. Ahora, a McVarela lo han hecho enojar. Agarra y apaga todas las cosas eléctricas del cazabombardero, para que los poderosos radares norteamericanos no lo detecten, y lo maneja planeando, agarrando las corrientes de aire caliente y pegándole trompadas al aparato por adentro cuando se empieza a piantar para abajo. Y empieza a hacer un recorrido en espiral por todo USA, cuyo centro sería la Casa Blanca, lanzando misiles a todas las ciudades importantes: Connecticut, Indianápolis, Las Vegas, Atlanta, Milkwakee, Wienepazookie, Siracusa, Middleford, Applefield, Bloomingdale, Amazon, Chesterton, Cudad Gótica, etc. Todas esas (Obviamente esta parte está llena de esplosiones, no lo aclaro porque me parece innecesario. Pero sobre estas esplosiones que no hace falta aclarar van otras, otras explosiones -más grandes- que se suman). Y mientras tanto el Presidente ve todo por la tele y chilla desesperado tipo “¡Inútles! ¡Agarren a ese bastardo! ¡Están todos despedidos!”, etc.
PARTE FINAL: Al final, después de dejarle el país hecho una ruina, McVarela estaciona el cazabombardero en el patio de la Casa Blanca y se baja. Camina hacia el Salón Oval, muy tranquilo. Nadie se atreve a detenerlo, paralizados por el aura de viril respeto que se le escapa por los poros. Entra y está el Presidente, que primero hace la pantomima de que lo echa, y después lo amenaza con apretar el botón del Armagedón Final y finalmente se pone a llorar como una nena y se tira al piso y hasta le ofrece satisfacerlo sexualmente. Le dice que conoce unas técnicas especiales, viste que los Presidentes viajan mucho, van a esos países de oriente llenos de degenerados, etc. McVarela saca un papel y musita secamente “Esta es la factura por mis servicios. Hubo algunos gastos extra” (la factura asciende a toda la plata que hay en Estados Unidos). El presidente, aliviado, dice sí, sí, pero claro, Sr. McVarela, no, yo creía, pero sí, por favor, Sr. McVarela, faltaría más, ahora le hago un cheq… No, cheque no, ¿no? Efectivo, Sr. McVarela, claro, faltaría más (abre la caja fuerte donde está toda la plata de Estados Unidos), tome, acá tiene, bueno, no se si puedo servirle en algo, Sr. McVarela, como ud. diga, Sr. McVarela, algo sexual, un café… McVarela, entre dientes, dice “sólo me queda reintegrarle los insumos no utilizados”. Y saca un misil que tenía guardado en el saco y se lo encajeta en la boca. Y se va, y la Casa Blanca esplota atrás de él. Y después aprieta el botón del Armagedón Final que se afanó, y esplotan el resto de todas las cosas que hay en el mundo (atrás de él) excepto él y las tres hermanas gemelasde Zulma Zulema (una rubia, una negra y una china) y entre los cuatro inician una nueva Humanidad, pero antes se toman una luna de miel de cinco añitos, meta y ponga, meta y ponga (sobre estas imágenes se ven los títulos). Fin. Y después de que inician la nueva Humanidad, McVarela lanza otro misil (que tenía guardado). Esplosión. Fin. Esplosión. Títulos. Percho ladra (“¡Guau, guau!”). Fin. Esplosión. Y otra Esplosión (por las dudas).
viernes, 4 de enero de 2013
¡Denuncian a “Insistor”!
El arte de la discusión es un laberinto pleno de recovecos, callejones sin salida, puertas-trampa, cazabobos, páramos mortales y altillos donde moran monstruos coprófagos; y son estas entidades las que otorgan a una discusión su condición de tal, ya que en su ausencia estamos ante un intercambio de novedades barriales entre vecinas; quien sepa sortearlos con elegancia y a la vez guiar a su oponente a uno o más de ellos habrá conseguido llegar a la meta, que no es llegar a un acuerdo o echar luz sobre un asunto o negocio, sino aplastar al prójimo más cercano con el Zapato Clavetado de la Retórica. Y bien que se lo merece, por boludo.
Antaño era blog, hoy es Facebook donde se llevan a cabo las contiendas más demenciales, y sólo los muy valientes o los muy esquizofrénicos saben lanzarse a éstas con decisión, o sea yo. Reconozco que no siempre he salido indemne; no del resultado de la batalla en sí (mantengo un invicto casi bochornoso) pero sí de las puñaladas fatales contra mi tiempo, productividad y salud mental. Pero me instan a continuar los bellos momentos que suelo legar a la posteridad: un sarcasmo hiriente en el momento exacto, un contraataque a traición, un súbito giro de temática que deja al contrincante mareado e indefenso (para luego ¡zas! Patearlo en las Canillas de la Convicción), todas fintas y movimientos que, como en el boxeo, justifican la pelea más allá del resultado final.
Por eso quiero quejarme, o hacer notar o tal vez denunciar, qué digo denunciar, encarcelar o prohibir o aplastar (con el Zapato Claveteado etc. etc) un movimiento, o ejemplar o “bug de diseño” que suele aparecer en estas discusiones que me parece completamente antideportivo, por no decir ILEGAL. Se trata de la torpe estrategia que llamaremos “Insisto”.
“Insisto” y su usuario, “Insistor”, actúa de este modo: Profiere el argumento “A”, contestado de manera impecable por nosotros por el argumento “B”, al que re-contesta con el argumento “C”, a su vez refutado devastadoramente por nosotros por el argumento “D”. Extiéndase esta escena a todas las letras del abecedario necesarias. Y entonces, en algún momento, “Insistor” cree contratacar con el siguiente manotazo: “Insisto: ¡A!”.
Yo no sé qué espera “Insistor” con esta torpeza, no sé si cree que la insistencia es un argumento, no sé si me vio la cara o si es boludo o se hace. Lo que sí sé es que “A” ya ha sido contestado oportunamente por “B”. ¿Debo rebajarme a decir “Insisto: B” para que el muy primitivo me entienda? ¿No se detiene a razonar que decir “Insisto” es lo mismo que anunciar a los gritos “Me quedé sin argumentos, así que repito uno viejo”?
Lo único que logra “Insistor” es retrasar la polémica, tirarla hacia atrás, echar un manchón pútrido sobre lo que debería ser una epopeya, meter un “resumen de lo publicado” en mitad de una edición en papel biblia de la Ilíada. No pretendo determinar si “Insistor” tenía razón al decir “A”. Eso no importa. Es irrelevante. Lo discutiremos en otro momento. Lo que me pone rojo de frustración es: ¿No le da vergüenza, pudor, bochorno social exhibir un tropezón en mitad del Lago de los Cisnes? ¿No tiene el mínimo de aprecio por los valores de la belleza, el equilibrio, el ritmo, la elegancia anrrativa? Por más que los ángeles hablaran a mis oídos, que los Dioses se presentaran cada mañana a mi despacho y que las voces de mis antepasados retumbaran en mi cabeza diciéndome “Tenés razón, tenés razón, tenés razón, es ‘A’ y no otra cosa”, ¡jamás se me ocurriría volverlo a repetir! ¡“A” ya tuvo su oportunidad, y si no ha sido lo suficientemente aplastante, no ya para acabar la discusión, pero siquiera para dejar al enemigo con los oídos zumbando y las sienes embotadas, entonces que no joda más! ¡Que se le lleve el Demonio a “A”! ¿Qué hacés acá? ¿No te habías ido?
Creo entender o interpretar que “Insistor” pertenece a una de las razas menos humanas de la Humanidad, esa raza que, sin ser diabólica, preferiríamos todos que se extinguiera antes que el mismo Diablo. Tomaríamos con más gusto el té con Satanás antes que con un miembro de esta especie: la de los cargosos, los insistentes, los plomos de todo tipo y laya, aquellos que ante la ausencia de armas, ingenio, o del justo sentido de la oportunidad que nos permite una zancadilla traicionera pero efectiva, optan por la menos digna de las estrategias: La de la insistencia, la repetición, el mantra con perspectivas de cansancio moral o lavado de cerebro. La estrategia que los niños pequeños utilizan cuando quieren un helado, sólo que en ellos se justifica debido a que aún no conocen otra.
Pero tolerar que un usuario de Facebook (por definición mayor de 14 años), un hombre o mujer hecho y derecha, un bolainas con bigote pretenda incluir en una discusión el cántico “Insisto, quiero un helado, insisto, quiero un helado, insisto, quiero un helado” como un movimiento válido… No, no. Inaceptable. Retírese, Insistor. No se lo voy a decir dos veces, espero que no haga falta explicarle por qué.
¡No, porque aparte… Perdón, ya está. Sufi, sufi, a ver si todavía es contagioso.
jueves, 3 de enero de 2013
“Cultura de Verano”: 5 propuestas para su Destrucción
Desde los inicios del ciclo de las cuatro estaciones, el hombre ha sacrificado en las épocas de canícula la Excelencia Cultural en bien de la conservación de agua en el organismo. Pero, ¿es posible revertir esta lamentable situación? Para ello necesitamos analizar las dos culturas antinómicas y llegar, por fin, a la síntesis ideal entre Hegel y los Culos Bronceados en Tanga.
Teatro con Mayúsculas: Shakespeare. Moliere. Ibsen. Sesudas obras polacas sobre el Exterminio y la Desintegración del Ser. Superproducciones con tambores, sangre de chancho y arneses tipo La Fura dels Baus.
Teatro veraniego: Obras en Mar del Plata o Villa Carlos Paz con nombre tipo “Me pica la Tarariiiiiira!” y la intervención de subhumanos televisivos con senos plastificados o pelo en la espalda.
La Integración: Organización de festivales teatrales a mitad de camino entre la Capital y Mar del Plata –en San Clemente, por ej.- con Cinthya Fernández protagonizando ¡Wielepole, Wielepole! (obra con maniquíes e instrumentos de de tortura de Tadeusz Kantor), dirigida en conjunto por Gerardo Sofovich y Ricardo Bartís. Aplicación de un subsidio per cápita para obligar a la gente a que vaya.
Música con Mayúsculas: Mozart. Haendel. Schoenberg. Free jazz. Visita a la Argentina de alguna leyenda del rock de más de 70 años a precios monstruosos.
Música veraniega: Festivales de rock barrial en parques tapizados de hormigón caliente, donde el primitivismo musical se da de la mano con la deshidratación. Hits del verano. Bases rítmicas expelidas por un parlante en las sesiones hitlerianas de “step” o “gym” o “aerobox” de los paradores playeros.
La integración: Recorrido musical por los hitazos veraniegos más bodrios de todos los tiempos, desde “Aserejé” a “Ai seu chi pegu”, en versión de música deconstructivista para filarmónica, dirigida por Zubin Metha, no en el Colón, sino en algún balneario de Colón, Entre Ríos (lugar neutral).
Danza con Mayúsculas: El Lago de los Cisnes. Grupo de Danza Contemporánea del San Martín. Experimentos de “Video Danza” del Rojas. La película esa de Pina Bausch en 3D que salió ahora.
Danza veraniega: Pasitos del verano. Murgas sin ritmo ensayando para el Carnaval, apareciendo -tal como el diablo de una caja de sorpresas- de los rincones y callecitas más insospechadas. Corsos oficiando de Némesis de automovilistas de ultraderecha.
La integración: Decreto de Necesidad y Urgencia para obligar a los murgueros a reemplazar sus coloridos y lentejuelados uniformes por sobrias calzas de lycra negra, e incorporar una grabación tipo danza experimental –sonido de agua corriendo, por ej.- al set de tamborileros.
Literatura con Mayúsculas: Faulkner. Joyce. Kundera. Bolaño. Laiseca. Aira. Libros de Historia de la Corrupción Papal o la Opresión del Patriarcado o ambas cosas.
Literatura veraniega: Sheldon. Katzenbach. Paluch. Intrucciones de crucigramas. Columnas humorísticas en revistas semanales de actualidad. Artículos del género “Lucidez Impostada” contra el pasatismo de verano, comentados con desgano por los locutores suplentes de la radio para instalar una breve polémica. Fragmentos de literatura editados en suplementos progres (tipo 400 renglones incomprensibles del “Ulises”).
La Integración: Reedición de clásicos de más de 900 páginas sobre la Condición Humana, insertándole cada “x” cantidad de párrafos (calculada mediante un algoritmo) alguna intriga de espías o chantaje, diálogos compuestos exclusivamente de monosílabos y uno que otro mantra para autoconvencerte de que Tú Eres la Personita Más Especial del Planeta.
Cine con Mayúsculas: Kieslowski. Bergman. Fassbinder. Pasolini. Kiarostami. Y si me agarrás en un buen día, algún Coppola, algún Scorsese o un Eastwood (¡tiene un reality!), pero hasta ahí, viste que se re vendieron al Sistema.
Cine veraniego: Cualquier cosa, mientras tenga aire acondicionado (cosa que baja a niveles catastróficos el nivel de exigencia artística)
La Integración: Prohibición en los cines de todo el país del aire acondicionado, y obligación POR LEY del consumo de pochoclo, pero sin gaseosa. De ese modo, el sufrimiento y la deshidratación implicados en la asistencia al cine obligarán al espectador promedio a decidirse sólo por las grandes Joyas de la Cinematografía.
Confiamos en la pronta aplicación de estas propuestas en lo posible abril/mayo, porque me acaba de llegar una invitación para ir a Las Toninas y no estoy para premios Nobeles, sóri.
miércoles, 2 de enero de 2013
¡Visualizan Ley de las cuatro, cinco o seis cosas extra!
Supongamos que ud. tiene que hacer una cosa. Es un suponer. Una suposición. Un caso hipotético, lo más probable es que ud. Esté ahí parado, rascándose. Si no, le iría mejor en la vida. Pero supongamos. Suponte, ud. Debe “abrir” una cosa en un lugar, para que en ese lugar unas personas de otro lugar le depositen algo, unos papeles que sirven para intercambiar por bienes y servicios.
La Ley, el Orden Natural, digamos, es que para “abrir” esa “cosa”, ud. Deba cumplir con una cantidad de pasos. O sea, hacer otras cosas. Tres, por ejemplo, que es una cifra razonable. Más no, imaginate si yo con todo lo que tengo que hacer voy a hacer más de tres cosas por cada cosa que tengo que hacer. ¡Son como cuatro! Entonces uno hace esas tres cosas –que ya es bastante- y va confiado pensando que ya puede hacer su cosa (la primera), ¿no? Eso sería lo lógico, lo razonable, lo humanamente esperable, ¿verdad?
¡No! Desgraciadamente existe una Ley, más fuerte que la Ley de la Gravitación Universal o la Ley de la Termodinámica, que explica que a esas tres “cosas”, siempre debemos agregarle una cuarta cosa, si tenemos suerte. Porque lo más probable es que deba hacer cinco, o seis cosas extra. Llamémosle “Ley de las cuatro, cinco o seis cosas extra”.
Esta perversa Ley conlleva, además, una perversa enmienda, que reza que “por cada cosa extra que debe hacer antes de la cosa principal que tiene que hacer, pueden abrirse dos o más cosas extra, sin perspectiva de que esta apertura de sub-cosas tenga un fin, plazo o Piedad por la Vida Humana”. Por eso es que hacer cosas puede considerarse algo así como abrir una caja de Pandora, o partir un átomo.
Para tener un pantallazo rápido de la clase de cosas extra que se verá obligado a hacer cuando ud. decide hacer una cosa, tomemos el ejemplo anterior -abrir una cosa en un lugar para que alguien le ponga allí unas cosas- y apretemos “Play”:
-En el lugar le piden: la fotocopia de una cosa donde dice quién es ud., una cosa donde se aclara que ud. está anotado en cierto organismo que le hace pagar papeles para el Estado (“Super Cosa”), y un papel donde dice dónde vive ud.
-Ud. consigue esas cosas y se acerca al lugar. Esto podría ya considerarse una cuarta cosa, pero no. Démosle el beneficio de la duda.
-En el lugar, entonces, le piden una cuarta cosa que ud no sabía que tenía que tener. Se pelea con el tipo. Pierde. Se va, dispuesto a conseguir esa cosa.
-Averigua cómo conseguir esa cuarta cosa. Le explican que para conseguir esa cosa debe pagarle un montón de dinero a un tipo para que se lo haga (llamémosle “estrategia A”).
-Mientras trata de que le recomienden a un Tipo de esos, le dicen que antes de pagar, averigüe en otro lugar, a ver si piden lo mismo.
-En el otro lugar le dicen que no necesita eso, sino llevar unos papeles donde demuestra que ud. ha pagado una cosa (“Estrategia B”).
-Ud. hace cuentas mentales y decide pagar esos papeles. Así que después de salir de otro lugar (porque mientras tanto, ud. también está haciendo una segunda cosa principal), pregunta dónde hay un lugar donde se puede pagar rápido esa cosa.
-Le dicen dónde hay, pero queda para el otro lado de donde ud. tiene que ir. Le insisten “no, andá a ese, está acá nomás”.
-Va a ese lugar. Un tipo le dice que “está caído el sistema”.
-Se vuelve. Vuelve a preguntar, a un tipo de la calle, por un un lugar donde se puede pagar rápido esa cosa. Le recomiendan otro, pero más lejos aún del lugar a donde tiene que ir. Ud. se enoja. “¡Escuchame, voy para el otro lado!” “¡Bueno, y yo qué sabía!”, se defiende, con algo de razón, el otro. Ambos se separan ofuscados (aclaremos que ya estamos en la sexta “Sub-cosa”).
-Algo descorazonado, quiere llamar a alguien para que le recomiede un tipo que le haga la cosa (la desechada “Estrategia A”). Intenta usar un aparatito que tiene que sirve para llamar, pero no tiene “crédito”.
-Le pregunta a un tipo si sabe dónde se puede cargar “crédito” en ese aparatito. El tipo le dice, pero ES PARA EL OTRO LADO, NO PARA EL LADO QUE UD. TIENE QUE IR. Ud. chasquea la lengua y se va para su propio lado diciendo “buéh, gracias, eh, sos re macanudo”.
-Logra encontrar POR SUS PROPIOS MEDIOS Y SIN AYUDA DE NADIE el lugar para cargar el aparatito, y lo carga.
-Llama a la persona que le iba a recomendar al Tipo. Pero no está.
-Pregunta a un señor que tiene un negocio callejero donde se venden papeles que contienen información a ver si sabe dónde puede pagar los papeles de la “Estrategia B”. ¡El tipo lo vuelve a mandar al primer lugar! ¡Ese que no andaba y que aparte queda para el otro lado! Parece una joda. Ud. le dice “No anda”. El tipo se enoja “¿Cómo que no anda?”. “No anda?”. “Pero, ¿qué pasó?” “Y yo qué sé”, dice ud. El tipo, con gesto de fastidio porque el lugar no anda, lo manda a otro lado –afortunadamente en dirección hacia el lugar a donde ud. tiene que ir.
-Cuando está llegando, suena el teléfono. Es la persona que le va a recomendar al Tipo. Ud. quiere anotar, pero no tiene un aparatito que sirve para escribir cosas en papeles. Le pide que espere, que lo vuelve a llamar.
-Va a un kiosco y compra el aparatito ese, negro y de trazo grueso.
-El tipo que le vende el aparatito le pregunta si tiene cambio (Ya andamos por la décimo sexta cosa). Ud. dice que no.
-Ahora, munido de su aparatito nuevo, llama a la persona, pero ésta no atiende, por algún motivo. Seguro que -en lugar de atenderlo y darle la “info que ud. necesita- se está rascando o contando chistes verdes y racistas de putos o untándose el cuerpo con alguna sustancia.
-De golpe, decide rever toda su estrategia y volver a fojas cero y llamar a la persona que le tiene que dar esos papeles, para decirle si no habrá otra forma de que le dé esos papeles, por ejemplo en efectivo o en caramelos o en patadas en el culo. Como no quiere gastar el “crédito” de su aparatito, decide preguntarle a alguien si conoce un lugar donde te permitan usar el teléfono a cambio de papeles con valor monetario. De paso, tal vez pueda llamar -de nuevo, a ver si terminó de rascarse- a la persona que le iba a recomendar el Tipo de la “Estrategia B”.
-Como no ve a nadie que le parezca confiable –“estos me van a mandar a cualquier lado”-, decide cruzar la calle, a preguntar en otro negocio donde venden papeles con información.
-Llega a ese negocio y pregunta. ¡El tipo lo manda para la dirección hacia donde ud. no va! Esto es el acabóse. Ud. se indigna: ¿Pero por qué me mandan todo el tiempo para allá? ¿Por qué no quieren que vaya para allá (el otro lado)? ¿Qué hay allá? ¿Qué hay que no quieren que vea? El tipo le dice algo así como que se calme. “¡No me calmo nada!”, y se va dando un portazo imaginario (para el lado al que ud. tiene que ir).
-Un profesional de la venta callejera de frutos secos cubiertos de azúcar crocante le dice que “le parece” que “para allá” (el lado correcto) hay un lugar dodne te permiten usar el teléfono a cambio de papeles.
-Ud. está tan desesperado que decide premiar al hombre –necesita aliados- comprándole uno de sus productos. El tipo le pregunta si no tiene cambio. No, no tengo.
-Va al lugar y hay mucha gente esperando para usar los teléfonos (a cambio de papeles de valor monetario). Por un momento piensa volver con el hombre y exigirle que le devuelva el importe de los frutos secos azucarados, ya que su información tuvo poco valor. Se va, furioso, pero antes le pregunta al que atiende el lugar –furioso- si sabe dónde puede pagar los papeles esos (los de la “Estrategia A”). El tipo le dice.
-Antes de llegar al lugar, ve una sucursal del lugar donde tiene que “abrir” la cosa” y decide arriesgarse. Tal vez, acá no me pidan la “cuarta cosa”. Entra y pregunta. Le dicen que ahí no es, que es una sucursal pero que no hace esas cosas sino otras, pero no las que ud. necesita. Otras.
-Llega al lugar para pagar los papeles. No anda.
-Decide llamar a la persona que le iba a recomendar el tipo de la “Estrategia A” por teléfono, ya que ahora tiene el aparato para escribir sobre papel. Le atiende, pero está en la calle (rascándose) y ahora no le puede pasar el número.
-Llama a la persona que le tiene que dar los papeles, pero hoy no fue porque está enferma.
-Mira la hora, y descubre que tiene que ir a otro lugar para hacer algo, a cambio de lo cual le darán más papeles intercambiables por productos y servicios, si es que logra hacer la cosa necesaria para ese fin, así que la cuarta cosa y las cuatro o cinco o seis Sub-cosas que han quedado inconclusas permanecerán en ese estado hasta otra ocasión
La conclusión que podemos sacar es la misma de siempre: No hay que hacer nada, nunca.