Un habitante recurrente de tiendas de ciudades turísticas de la costa, el Golem de Conchas se emparenta con otras criaturas temáticas (y anatómicamente monstruosas) fabricadas a partir de un ítem determinado, tal como el Homúnculo de Caños de Escape, los personajes vegetales de Arcimboldo o los adefesios ferrocarrileros del artista argentino Regazzoni. Quiso el Creador que las caracolas marinas existieran en suficiente variedad de formas como para que fuera la concha de un vibalbo pies o caras, la alargada turbonilla un brazo, la caracola propiamente dicha ojos u orejas, de modo que la tosca criatura lograra semejar rasgos humano-animaloides a los ojos de un infante o una ingenua señora de pueblo (su target más frecuente). Es digna de señalar la perversidad de los vendedores de Golems de Conchas, ya que su fragilidad raras veces soporta el viaje de la playa a la ciudad de origen, reduciéndose a añicos al primer bache en la ruta: daría lo mismo que vendieran homúnculos hechos de castillos de naipes.
domingo, 13 de julio de 2014
Coso 94: Golem-souvenir de Conchas Marinas
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