martes, 19 de noviembre de 2013

¡Macabra reflexión sobre problemas con la tarjeta SUBE!


NO ES CULPA MÍA, ES DE ÉL, DEL AUTO DEL QUE NO ME BAJO DESDE HACE UNOS DIEZ MESES, pero la cosa es que allí estaba, colocando mi apolillada tarjeta SUBE en un sector del molinete del subte que no correspondía, y por tanto no recibiendo reacción alguna por parte de éste, hasta que un señor, un señor muy bueno y comprensivo del subte que me miraba con compasión me dijo “no va ahí, va ahí”. Sobreactué mi gesto de “ah, claro, qué tonto, estaba pensando en otra cosa, en algo muy importante… ¡Estaba pensando en la Situación Internacional! No, pará. Estaba pensando en Algo del Trabajo. ¡Sí, eso es! Algo del Trabajo que me distrajo; si no, ya habría sabido que la SUBE no iba ahí, ya que soy un hombre grande, independiente, con mucha calle y que evidentemente sabe dónde va apoyada la SUBE (silencio incómodo) Ok ok ok sigo viaje” y continué mi curso.



Nunca me sentí de esa manera, como una señora tilinga de sesenta y siete años que sale por primera vez al mundo y ninguno de sus sobrinos la puede llevar en el Volvo a donde tiene que ir (por ejemplo, a lo del abogado para ver el tema de la sucesión) y mira lectoras de tarjeta SUBE, choferes de colectivo y gente del populacho con desconfianza y pánico, y pispea a su alrededor a ver si alguien que no parece que le fuera a arrebatar la cartera se compadece de ella y la ayuda, por ejemplo avisándole dónde se tiene que bajar (o dónde se apoya la tarjeta SUBE) y maldice el momento en que a Rogelio (su sobreprotector marido) se le ocurrió morirse, al igual que el hecho de que no existan tubos neumáticos o pneumáticos que la transporten desde su living-room (su seguro y acogedor living-room, donde acostumbra a pedirle a Águeda que le sirva el té y no hay máquinas diabólicas ni gente torva) hasta los lugares a donde tiene que ir. En fin, nunca me había sentido así. Ah, pará, los sobrinos se llaman Checho, Roberto y María de las Angustias. Los de la señora. Pará, y María de las Angustias es medio bizca, pero muy muy ardiente en la cama. Bueno. Ya está.



Como enseñanza, voy a ser menos hijo de puta y prejuicioso con las señoras mayores que no saben dónde va la tarjeta SUBE, e incluso prometo no volver a indicarles lugares de bajada erróneos, o instrucciones inventadas de cómo tocar el timbre, o protocolos equívocos de cesión de asiento. Ah, y tuvo una relación semi-incestuosa con su primo segundo. Me refiero a María de las Angustias.


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