martes, 29 de marzo de 2011

¡Taller Literario: Los Registros del Habla!


Me reclaman que no di dos o tres clases del Taller Literario, o cuatro o cinco, el número no importa, no vamos a convertirnos en esclavos del frío número y al parecer ya me habían pagado la platita, no sé, eso dicen ellos, no me voy a poner a discutir ni pichulear -tampoco me llamo cinco luquitas per cápita- así que para compensar les tiro un regalito.



Viste que cuando escribís una novela, o una película, o un manual de instrucciones o un Twitter, tenés que ocuparte de que no todos los personajes hablen igual. Cosa que es DIFICILÍSIMA, porque después de meter un gangoso, un tartamudo y un gallego ya como que las formas de hablar se te empiezan a agotar. Y cuando ves que todos los personajes, desde el Emperador Oriental a la huerfanita que vende flores terminan el 99 % de sus frases diciendo “¿nocierto, jefe?” es como que no queda bien. No queda bien.



Por eso, el Taller Literario de Yo contra el Mundo regala en esta ocasión, para usar en tu novela, guión o manual de instrucciones, nada menos que TRES (¡3!) FORMAS DE HABLAR DIFERENTES, para que puedan caracterizar con un mínimo de gracia a tus personajes. De nada.



UN TIPO MUY AUTORREFERENCIAL QUE TODO EL TIEMPO HACE DIGRESIONES SOBRE COSAS QUE HA HECHO EN TAL O CUAL MOMENTO:



“Mirá, yo de este tema de los impuestos aduaneros algo sé –porque yo alguna vez fui a la Aduana para hacer unos trámites- y te puedo explicar un poco de qué se trata –porque yo siempre he tenido interés en explicarle las cosas a los jóvenes, no te olvides que yo alguna vez fui a dar una charla sobre mi trabajo –armo esos perritos que mueven la cabeza- al jardín de infantes de mi hija- y lo que se puede decir es que acá –porque a mí lo que más me importa es el aquí y ahora, no me parece que haya que estar mirando el futuro con la nuca, como dicen, y siempre he actuado en consecuencia- las cosas no están claras –y yo siempre en mi vida he tratado de tener las cosas claras aunque en este país parece que tener las cosas claras fuera un crimen-, para empezar no está muy claro el tema de los impuestos aduaneros –y yo a lo largo de mi vida te puedo decir que si algo hay que tener claro es el pago de los impuestos –porque yo si hay algo de lo que me enorgullezco es de nunca haber dejado de pagar los impuestos- y no es que yo sea un potentado -aunque si hubiera querido yo hoy sería multimillonario- y al no estar claro este tema –y te aclaro que de haber sido multimillonario hubiera seguido pagando los impuestos, no como más de alguno que yo conozco –entonces se hace muy difícil entenderlo –aunque yo en mi vida siempre antes de hablar de cualquier cosa he procurado enterarme y estudiar el tema –porque vivimos en un país donde cualquiera opina sobre cualquier cosa- y si no sé de un tema prefiero cerrar la boca, que no cuesta nada –y además, de ser multimillonario el único lujo que me habría dado es comprarme un flipper. ¿Entendés cómo es la cosa?”



UN TIPO QUE HABLA CON PEQUEÑAS DEFORMACIONES LUNFARDAS DE PALABRITAS HASTA QUE NO SE LE ENTIENDE UNA GOMA:



“Hola, ¿qué me contursi? ¿Qué talco? ¿Viento? Vengo de comprarme un tragedia, me aprieta un poco en las bolivianas pero me hicieron un diego de descuento. Y, sí, no tuve que poner mucha guitarra, me salió tovarich, lo que pasa es que tengo un casuario el sabatino y tengo que estar a tonelli, a ver si conozco una minaverry y después la invictus a tomate cherry un vinazzi en algún caferatta del Bajel, hace tempura que no salgán-de lío con una chicago y ya me ciento un dálmatas medio solari irigoyen, para mí con una minimercado, una boticceli de whiskas y un tango & cash soy felicioni, no precioso much music massacessis cosacos. Soya un tipografía de gustavos ceratis simple minds. Me criadillas en un barrilete de amadeo genta noblex, de almorrana purina, que te da la manu ginóbili sin pedrazzini nadia komanechi.”



UN CAMPESINO DEL SUR NORTEAMERICANO QUE HACE TODO EL TIEMPO COMPARACIONES CON COSAS DE CAMPESINO:



“Sí, señor, la vida en las montañas es dura, dura como la carne de un viejo mapache poco cocido. Pero sólo aquí se respira aire puro, puro como el orín de un cerdo alimentado a manzanas maduras, maduras como una mula a punto de jubilarse, si señor. Y sólo aquí tus hijos se quedan junto a ti hasta que estás bien muerto, muerto como un aligátor recién desollado para sumarlo a la parrillada caliente, caliente como una gata montesa viuda. Y la vida pasa lentamente, lenta como una serpiente cascabel vieja, vieja como una cabra montesa sin dientes, sin dientes como un tenedor de latón que ha atravesado demasiados filetes de aligátor demasiado cocidos, demasiado cocido como el huevo de una gallina adolescente. No, no, no, señor, no me quejo, aunque alguna vez me hubiera complacido conocer aquello que los citadinos llaman mar. Dicen que es enorme, enorme como la vejiga de un cerdo alimentado a cerveza, cerveza como una botella de sidra añejada demasiado tiempo, demasiado tiempo como el que se necesita para hervir un escabeche de nutria raquítica, raquítica como un aligátor criado a heno amarillo, amarillo como la clara del huevo de una gallina con temblores, sí señor. Y también me hubiera gustado comer una pizza, dicen que es redonda, sí, redonda como los testículos de un cerdo famélico, famélico como un sabueso abandonado por comerse a tu primogénito un día de verano. Y dicen que tiene aceitunas ovaladas, ovaladas como los ovarios de una lechuza bien alimentada, señor. Así es, señor.”


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