(Continúa del capítulo anterior. Por amplia mayoría, gana la opción “AH”, y Conejín Lindo Coladecapullitoderosa decide matar a Conejucho y acostarse con Conejita)
Al día siguiente, Conejín Lindo Coladecapullitoderosa se despertó con una Sensación Nueva y Completamente desconocida: Se trataba de una suerte de arroyito de Amor que corría desde su coronilla hasta su esponjoso dedo gordo, un Amor intenso y lleno de florcitas por todos los seres vivientes, pero con un par de remolinos. Después de mucho análisis interno y muchas autoafirmaciones frente a su espejo en forma de osito koala, Conejín identificó que el problema estaba en una especie de desbalanceo: sentía un afecto levemente menos intenso por Conejucho, y un poco bastante más agudo por Conejita, que aparecía en sus pensamientos ataviada con un vestidito muy ajustado con guardas de pequeños ponies y grandes mamas (de conejo).
Una especie de pensamiento en forma de nube rosa con ojitos y pestañas que tocaba un violín mágico se arremolinó en la afelpada cabecita de Conejito, que se traducía en lo siguiente: “¡Qué lindo sería ser el único Alegriconejito del Mundo que le pudiera dar besos en las mejillas a Conejucha! ¡Qué lindo sería poder darle algún tipo de beso o abrazo de tipo como un poco más fuertecito! ¡Y que lindo sería que Conejucho se ausentara de la casa de Conejita por un largo tiempo parecido a la Eternidad, y qué aún más lindo sería poder tomar alguna medida, alguna acción, no se me ocurre qué, no sé, algo que conllevara esta consecuencia!”
Conejín se sintió un 5.0 % menos sereno y alegre que de habitual, un número que era poco habitual entre la risueña población de conejitos, así que decidió acudir al Gran Kiosquero. De haber sido un ser humano, seguramente habría ido al médico o el psiquiatra, pero al ser los conceptos de locura o enfermedad desconocidos en Alegriconejitolandia, las anomalías (¡otro concepto desconocido!) se consultaban con el Gran Kiosquero, un bondadoso tejón que atendía un colorido maxikiosco 24 hs. en forma de hongo.
-¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Qué alegría verte, Conejín!- dijo el Gran Kiosquero, para luego entregarse a una extensa danza de la Algarabía- ¿Qué te trae por aquí? ¿Acaso te has decidido a probar mis Dulcegarrapiñadas cubiertas de algodón de azúcar, con una segunda capa de dulcegarrapiñadas?
-¡Oh, no, Gran kiosquero! Sólo me levanté con un “desbalanceo afectivo” por mis queridos y dulces y alegres amigos Conejucho Perlimpimpín Comecaramelitosdefrutilla, que como bien sabes es agente del Alegreministerio y su amiga especial Conejita Mariposita Colordemiel, y quiero volver a mi habitual estado de alegría y ternura, queriendo a todos por igual y adecuadamente! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!
El Gran Kiosquero no alcanzó a fruncir el ceño, ya que los músculos necesarios para realizar este gesto se encontraban completamente atrofiados, pero sintió una especie de cosquilleo involuntario en esa zona. Con toda su fuerza de voluntad, sin embargo, eliminó los posibles pensamientos negativos que habían asomado (los cuales escaparon a través de sus narices, convertidos en unas alegres pompas de moco fosforescente, que reventaron con un sonido alegre de cornetitas de cumpleaños), y le regaló a Conejín -¡tal era la bondad del generoso tejón!- una bolsa de caramelos masticables de frutilla recubiertos con dulce de leche y zanahoria glaceada y crocante de coca cola y benzodiazepam y jarabe de arce, explicándole que con ellos desaparecerían todos sus problemas.
¡Conejín saltó de alegría ante la solución propuesta por su viejo amigo y luego de contarle 25 cuentos protagonizados por unas alegres vaquitas de San Antonio como agradecimiento, se alejó cantando, salticando y rebotando contra los tachos de basura (que olían a frambuesas y huevo frito), rumbo a su trabajo en el Alegreministerio de Relaciones Exteriores Alegres, dispuesto a zamparse las golosinas!
Luego de mandarse de una los 93 caramelitos (“El enamorado”; En Alegriconejitolandia sólo existían los números de la Quiniela que representaban cosas lindas), Conejín sintió un leve dolor de pancita (que solucionó con un té de margaritas que hablaban) y un rebalanceo de su afecto por sus dos amigos, que ahora parecía estar en sus niveles justos y adecuados. “¡Y para reforzarlo, voy a enviarle a Conejucho una torta!”. Conejín pidió a su secretaria Conejilla Michifuzita Lunaresdecolores –que secretamente deseaba darle más de los cuatro besos en las mejillas de rigor entre jefe y ampleada, tal vez cinco o seis- que cancelara todas sus entrevistas, y se puso a hacer una torta de azúcar negra, nesquik, crema chantilly, mermelada de durazno, bizcochos grasidul, grageas de colores, dulce de tomate y chocolate semidulce (el concepto de “amargo” era otra considerado una leyenda urbana). Luego lo recubrió con su propio orín, ya que como todo el mundo sabe el orín de los alegriconejitos posee un vivificante sabor a almíbar azucarado con miel de mariposas machacadas (voluntariamente).
Pero cuando iba a colocar una cereza recubierta con merengue de kiwis para coronar la torta, Conejín sintió que, por algún motivo, no deseaba hacerlo; que su afecto por Conejucho no llegaba a tanto, como que “no daba”. Como que no sé, todo bien con la torta, es un alegriconejito, un amigo, bah, amigo, no tengo nada contra Conejucho, pero me parece mucho. Como que no me surge, no me sale, como que estas cosas no hay que forzarlas, no es mi hermano Conejucho y entonces agarró y se comió la cereza (que estaba exquisita). Y le pidó a su secretaria que llevara la torta a Conejucho: ésta se sintió un 0.87 % menos poco azorada al ver que la torta no tenía cereza, pero obedeció.
Conejín se desplomó lleno de alegría y sonrisas en el sillón, pensando en qué consecuencias podría acarrearle haber enviado una torta sin cereza recubierta con merengue de kiwis. Y luego decidió que debía expresar el afecto especial que sentía por Conejita, ya que ni los caramelitos habían logrado rebalancearlo, así que salió a comprar una tarjeta de felicitación. En ella escribió que se sentía muy alegre y contento de haberla conocido, y que le enviaba grandes besos en las mejillas y que cuando quisiera podrían merendar juntos y contar cuentos alegres sobre delfines bondadosos que limpiaban pingüinos empetrolados (con petróleo de manzanas), y antes de meter la tarjeta en el sobre también le dibujó así medio impulsivamente, un miembro. Un miembro de alegriconejito, que tiene forma de corazoncito con un glande en la parte de encima. Y luego metió la carta en el buzón.
Cuando llegó su hora de descanso, que aprovechó para tomar leche con vainillas con sugus de ananá mientras veía dibujos animados (con las partes en que se golpean censuradas), se preguntó si la inclusión del miembro en la tarjeta no habría sido un grave error.
-Si deseas que Conejín vaya al buzón y lo destruya con dinamita para rescatar la tarjeta, vota “AH”.
-Si deseas que Conejín se quede sentado en su oficina esperando la reacción, tomando un whisky de chocolate blanco sin alcohol, vota “EH”.
-Si deseas que a Conejín le entre el pánico y decida huir de Alegriconejitolandia, ingresando al país limítrofe (Horriblebuitrelandia), vota “UH”.
(Y sí, querido, esta historia continuará, sóri)
miércoles, 30 de marzo de 2011
“No-Felicidad Total” en Alegriconejitolandia: Capítulo 2
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