lunes, 28 de abril de 2014

¡Demuestran que el Socialismo se encuentra dentro de todos nosotros en estado latente y sólo necesitamos que alguien nos obligue a implementarlo!


Existe en el humano una especie de “Sentimiento Socialista de la Lástima”. Como todas las cosas que no cuestan dinero, la Lástima es una de esas actividades donde la gente es capaz de sostener un criterio de reparto justo y razonable, dando a cada quien lo suyo, surcando su frente de diez mil arrugas ante desgracias irreparables y bajando gradualmente la cantidad de las mismas a medida que la desgracia parece implicar un previo estado de bienestar pequeño burgués al parecer inmerecido, culminando en un indiferente encogimiento de hombros en los puntos más opuestos del gradiente.



Por eso es que la gente te entrega palabras de aliento y palmadas de simpatía si les contás que se te murió alguien y, en cambio, reacciona casi festivamente (en el sentido amplio de la palabra “casi”), lanzando unas carcajadas ácidas e involuntarias y bastante desagradables si les contás -con gran congoja de tu parte- que perdiste las llaves del auto; es eso o mi prójimo ya ha decidido no disimular cuánto me odia.


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