Y entonces, luego de las putiadas, los llantos, las negociaciones infructuosas, los chantajes emocionales, los intentos de enfriar la cosa a ver si se entibia y otras estrategias demenciales, el Separadito se va. ¿Y cómo se va? Se va como todo un hombre. Un macho alfa, lleno de dignidad, testosterona y entereza. ¡Un Hombre, carajo, mierda!
¿Pero cómo, cómo exactamente se va el Hombre? ¿Cómo manifiesta su Virilidad inmaculada en estos casos? ¿Cómo demuestra sus habilidades de líder de la manada, de gorila lomo plateado, de cazador-recolector, macho proveedor, jefe, führer, capo mafia, conductor de masas, santo varón, héroe, caudillo, cacique, Schwarzenegger, Perón, barón del conurbano, sindicalista metalúrgico? ¿Con un plan brillante, impuesto a su comunidad mediante un razonaniento impecable y una actitud educada pero firme, que dejará al contrincante y al entorno con la boca abierta –y un poco de bronca- pero convencido de que la “win-win situation” que propone el Poronga redundará en una situación justa y beneficio mutuo?
Bueno, más o menos. Porque el Hombre –el Hombre varonil, férreo, estoico, el Hombre que no derrama una lágrima ni aunque lo estén haciendo un cataplasma de brasas, el Hombre que regresa de la batalla con el brabado rostro surcado de cicatrices y ni siquiera pide un vaso de agua porque eso es de mariquitas-, lo que hace el Hombre el 99 % de los casos es irse como Dios lo trajo al Mundo. Se va de la casa -lo que ya es medio polémico- pero se va de la casa sin llevarse un puto tenedor. A duras penas se lleva un par de calzoncillos puestos, el Hombre. Un cráneo, el Hombre.
¿Y por qué hace esto el Hombre? ¿Qué pretende? ¿Qué quiere? ¿Es medio boludo? ¿Qué pasa por su cabeza de marinero partiendo al Océano Desconocido de la Separación sin hatillo ni equipaje ni una mínima vianda? ¿Cuál es su motivación secreta para este suicidio objetual?
Bueno, hay varias teorías. En algunos casos la cosa parte de una especie de fantasía de Purificación. La idea de que “empezar de cero”, sin objetos, muebles o electrodomésticos que le retrotraigan su vida pasada y contaminen su renacimiento como Hombre Soltero; en otros, las circunstancias quieren que el hombre se mude a un lugar inhabitable, una pensión inmunda, un cuartito, un sofá provisorio en lo de la hermana, lugares donde no resulta conveniente llevar la colección de 24 tomos de Hércules Poirot o una mesa.
En otros, convengamos que es una cuestión de lo que se conoce como “paja”. Ya sabemos el bodrio infernal que implica una mudanza (cajas, cinta adhesiva, cajas, fletes, changarines ancianos que uno mismo termina por relevar de su tarea por pena, cajas, etc.). Se dice que tres mudanzas equivalen, en “stress”, a un incendio. ¡Qué agradable en cambio resulta mudarse cuando el único bulto es uno mismo! Bueno, lo de agradable depende de las condiciones del bulto. Pero que es cómodo, es cómodo. Entonces, para evitar el “stress” de un tercio de incendio, el Hombre prefiere ise de la casa como si se le hubieran quemado todas las cosas. Pefiere las consecuencias reales y concretas del hipotético incendio que el mal rato psicológico del mismo.
Sin embargo, mayormente el Hombre se va de la casa para demostrar algo. Para demostrarle a su ex, al entorno familiar, ¡a la Sociedad! y sobre todo a él mismo que es capaz de irse sin nada y sobrevivir. “No necesito ese juego de cubiertos que compramos juntos, ni ese lavarropas que nos regalaron mis padres, ni la cama que terminamos de pagar hace dos meses y la puta que lo parió”, dice el Hombre. “Puedo volver a armar mi propio Imperio de la Nada, así de Hombre soy. Pueden abandonarme en el Impenetrable y volver a equipar con las manos desnudas, desde cero, pieza por pieza mi nuevo Hogar, e incluso alojar una docena de huerfanitos camboyanos si hace falta”.
Para decirlo con más claridad, el Separadito que huye del Hogar sin llevarse ni la pelusa pegada a un bollo de medias, está recreando mentalmente la imagen que resume todos sus ideales de Hombría: Rambo. El Separadito es Rambo. ¿Acaso Rambo necesitaba una docena de cajas, porteadores y un arsenal para sobrevivir en la jungla y cargarse a cuanto étnico Némesis que se le enfrentaba? No, todo lo que tenía era un cuchillo y una vincha (completamente innecesaria desde el punto de vista práctico), que se ataba a la frente segundos antes de salir a la Batalla Final. El Separadito que llega a su departamentito vacío con lo puesto se pone una vincha simbólica, extiende una frazada o una bolsa de dormir en el suelo y se siente un poco Rambo. Él también lleva su cuchillo: un tramontina en el bolsillo. Y esa noche se compra un salamín picado grueso, y mientras cena las proteínicas rodajas, sentado en el piso, una pierna flexionada y la otra extendida (simulando un entablillado de guerra) deja escapar una sonrisa recia, casi triunfal.
Una sonrisa que expresa que harán falta muchas ex, muchos abogados, muchos parientes aconsejadores, muchos perversos empleados de inmobiliaria y muchos golpes a su autoestima para acabar con él. Se siente capaz de sobrevivir a todo, porque no necesita nada. ¡Es Rambo, carajo, mierda!
La luna de miel con Rambo se tambalea cuando ve que SÍ necesita un par de cosas esenciales –la necesidad de la cortina de baño suele ser el primer desagradable descubrimiento- y se desploma definitivamente cuando entra a averiguar lo que sale una tele en cuotas.
viernes, 13 de septiembre de 2013
¡Describen el fenómeno conocido como “El Éxodo del Divorciado”!
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