Esta vez es una película de animación para niños, de esas de computadora, con objetos o animales que hablan. El protagonista es un personaje muy carismático y optimista, de esos que sueñan con algo. No importa qué. Algo. Sueña con algo, con lograr algo, algo muy difícil para su condición. Por ejemplo: Si es una licuadora, sueña con ser un tanque de guerra. Pero a él no le importa, porque sabe que con tesón y buena voluntad, ¡todo es posible! Y todos los otros personajes (las otras licuadoras) le dicen “No, no… No se puede… Eres una licuadora… naciste para licuar, no para aplastar palestinos… No, no…” Y él se pone muy triste porque ninguno de esos obtusos lo comprende y lo tiran para atrás. Pero después, por esas cosas de la vida, ¡agarra y tiene una oportunidad! Para hacer eso que él quiere.
Y al final, fracasa miserablemente, porque no le da para eso que él quiere, tiene que ser una licuadora. Realmente no le da. ¡Incluso no es tan bueno como licuadora! Es una de esas licuadoras que le metés un cacho más grande de algo y ya reniegan, se traban y le tenes que meter un tenedor para revolver, y ve cómo las otras licuadoras lo superan y les aumentan el sueldo y les dan una oficina con secretaria y Flipper (son de esas licuadoras que trabajan en Google).
¡Y ese es el mensaje! ¡Para que los niños aprendan que no es todo jajaja y jojojo, y que el mundo es sufrimiento y dolor y muerte, y que estamos todos condenados a una vida de padecimientos y tortura y soledad, y que está todo mal, todo mal! ¡Ni siquiera vale la pena pegarse un tiro, de lo mal que está! Y a ver si encuentro la receta de las pastillitas esas que me recetaron.
Miren, como decía el gran Seymour Skinner respecto de los años escolares, ¡cada año es peor! (a.k.a. “¡Uy!”)
viernes, 2 de agosto de 2013
¡Regalo otra idea, a menos que me quieran pagar algo en cuyo caso llamen, 1577-400-6545, interno “B”, preguntar por Tito!
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