domingo, 31 de julio de 2011

¡Denuncian desinterés incomprensible!


Sitio de desinterés nº 17: Asociación Argentina de Volantes.





Billinghurst y Tucumán. No puedo agregar mucho más, porque no entiendo o no quiero entender qué significa “Asociación Argentina de Volantes” ni qué hacen sus miembros durante las reuniones, si es que se reúnen o hacen algo. Se trata de una zona de gran profusión de asociaciones civiles de este tipo: en diagonal se encuentra la Asociación Cartesiana, de actividad igualmente incierta.



Miren, una extraordinaria enteega de “Esa Cosa Porteña” en “Esa Cosa quiso Matarme”, especialmente el catálogo de votos (el “voto de izquierda tan tan tan moderado que es un voto de ultra-derecha” ya se ha ganado un lugar en mi corazón).


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miércoles, 27 de julio de 2011

¡Exhiben desinterés canófilo!


Sitio de desinterés nº 16: Cuartito de enseres de mantenimiento de plazas en forma de cucha de perro gigante.




Plaza Sáenz Peña, Paraná. Ignórase si adentro, efectivamente, vive un perro gigante. La lógica y nuestro conocimiento previo sobre los asuntos del mundo parecerían indicar que no, y que probablemente los encargados de mantenimiento de la plaza lo utilicen para guardar sus “cositas de mantenimiento”. En la misma plaza se encuentra un recientemente inaugurado Monumento a la Biblia, igual de desinteresante que la cucha, pero ostensiblemente más pequeño.



Miren, un regalo para el Día del Niño Zombie. (Enviado por Unservidor)


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martes, 26 de julio de 2011

Dato 3.555: Los Vestuarios del Estadio de Anfield


caparros.gifEl estadio de Anfield del Liverpool de Inglaterra, tiene una rara característica en sus vestuarios; la puerta de acceso del vestuario local es pequeña y estrecha, así cuando un jugador del Liverpool sale por ahí, se ve mas grande y corpulento. Casi tiene que agacharse. Enfrente está el vestuario rival y tiene una puerta mas alta y amplia. Allí, el jugador, en comparación, se ve pequeñito. ¡Mirá vos! (Fuente: Jorge del Oriente, que lo sacó del libro “Uruguayo, la biografía de Diego Forlán”. Depósito legal: 343.710/2010. Probabilidades de exactitud: 220 %%, por libro y con el dato del depósito legal y todo, como debe ser según el Reglamento Interno Flotante No Escrito de Envío de Miravoses (ed. 2009). Y aparte le agregué un poco para darle un poco de apoyo, porque como este dato no es sobre caca seguramente despertará poco interés entre mis sofisticados comentaristas.)


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viernes, 22 de julio de 2011

Dato 3.551: La caca del wombat


caparros.gifEl wombat hace caca cúbica, para que no ruede por los peñascos donde los deposita, y de ese modo marcar territorio. ¡Mirá vos! (Fuente: Dolo Eventual, que lo leyó en el Sunday Times South Africa. Probabilidades de exactitud: 200 %%, porque es de “en edición PA-PEL, nada de internet o cosas raras”, y aparte es de un diario serio de un país serio, que tuvo el valor de terminar con el apartheid, un apartheid que el propio país sostuvo durante cincuenta años, es cierto, ahí tenés razón lo que vos decís, pero tuvo el valor de terminarlo, aunque lo inventaron ellos, claro, pero bueno, lo terminaron, o sea, podrían no haberlo tenido, pero lo bueno es que después de haberlo sostenido a sangre y fuego,agarraron y lo sacaron, veamos la parte buena también, no nos quedemos en la crítica por la crítica misma de que durante décadas tuvieron a los negros oprimidos y muertos de hambre a contramano de la historia, vemos la parte buena de que un día lo sacaron)


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¡Feliz día del Camarada!


Escribe el Dr. Tranca

Premio Nobel de Facto de la Medicina Ilegal

ayudemedrtranca@gmail.com



Ahora que ya pasó esta desagradable fiesta comercial de celebración de la amistad, donde la parte más triste no es que sea “comercial” sino que sea una “celebración” y, peor aún, que sea “amistad”, voy a decir tres o cuatro verdades y si no te gustan vení que te espero con los nudillos inyectados en sangre.



Es hora de terminar con esta maricastañuelada de la “amistad” (o “homosexualidad reprimida”, digo yo; “bueno, por lo menos es reprimida”, dirán ustedes, y también tienen razón), que no es más que una lamentable excusa para el contacto físico inapropiado, a saber: palmadas en la espalda, apretones de manos, pulseadas, lucha libre, trompadas, “scraun” y conversación (que también se puede considerar contacto físico porque cada tanto te llega un salivazo y de ahí al beso de lengua solo media la distancia del tecnicismo), es decir, conductas que ningún hombre bien bien bien hombre debería permitirse a él, ni a sus allegados, ni a cualquiera a menos de cien metros a la redonda.



El hombre bien bien hombre no tiene amigos; es un solitario que se lame solo las heridas y se aleja al horizonte luego de haber prendido fuego a esa taberna donde lo miraron feo, sin mirar atrás. Porque sabe que la sonrisita estéril y la charla de fútbol –o autos, o minas, o boxeo, o sobre la mejor forma de limpiar una Kalashnikov, ponele- tan frecuente en estos “grupos de amigos” intenta cubrir con un velo de mentiras y engaños la única realidad: estamos solos, nosotros y nuestro pellejo, en un mundo de lobos contra lobos y donde sólo nos llevaremos a la tumba nuestro cadáver, el de nuestros enemigos –o el de nuestros vecinos más pesaditos- y el arsenal ucraniano que tenemos escondido bajo la baldosa del baño (ya di instrucciones respecto a esto último en mi testamento; contiene una cazabobos que se desmantela sólo mediante una clave especial así que no traten de hacerse los piolas), y que nuestros seres “queridos” –sí, hasta tu mamá, gil!- son capaces de arrancarnos las entrañas si se juega una paga medianamente suculenta (y no crean que no me ha pasado, aprovecho para agradecer eternamente al inventor de las entrañas protéticas de silicón).



El hombre bien bien hombre, a ver si nos entendemos bien porque ya estoy escuchando sus vocecitas de rata gangosa diciendo “ehhhhh, paráaaaa, pero mi amigo el Puchulu es de fierro, el otro día me invitó un asado y tenía molleja y tooooodoooo” y francamente estoy empezando a engranar sólo puede permitirse tres o cuatro tipos de relación con el prójimo: 1) Enemigos, 2) Escudos Humanos, 3) Revolcones con grandes senos de una noche y 4) Camaradas.



Porque, por supuesto, el hombre bien bien hombre no tiene “amigos”, pero sí puede permitirse tener un “camarada”. ¿Cuál es la diferencia? En primer lugar, el camarada nunca mentira vergonzosas idioteces como “la amistad es lo primero”. Porque para un hombre bien bien hombre, lo primero es la misión, sea ésta voltear un gobierno tercermundista, rescatar un niño sabio con un microchip en el recto donde se encuentran importantes secretos gubernamentales, fabricar un tanque casero de carreras o incendiar la taberna de la que hablábamos más arriba; el camarada es un instrumento concreto y temporal con el que debemos tener cierta consideración, a menos que resulte un traidor a la misión -en cuyo caso corresponde bajada de dientes o ejecución, según la magnitud de la misma- o que la misión haya terminado, tras lo cual el DEBER MORAL de ambos “camaradas” es eliminarse mutuamente. Porque un camarada será un camarada, pero sobre todo es un testigo.



Si ambos son de esos hombres que hacen las cosas bien, se asesinarán simultáneamente o conseguirán abordar vivos sus respectivos helicópteros hacia sus respectivos cuarteles centrales (lo que les permitirá continuar con su camaradería hasta la próxima misión, o hasta que uno de ellos decida terminar lo que empezó).



En segundo lugar, nada de conversaciones sobre Tinelli o coleccionismo de Star Trek o el culo de tal mujerzuela de tal película o política o “proyectos en común” (cuando escucho la palabra “proyecto” me llevo la mano a la cartuchera). Porque el hombre bien bien hombre no habla; el hombre bien bien hombre actúa. No, no es actor, tarado; ya hemos hablado del tema de las “actividades artísticas”. Actúa, de hacer cosas.



La camaradería masculina está hecha, en un 99 %, de silencios. Si alguno de ustedes ve a dos hombres hablando, puedo asegurarles que no son hombres ni tampoco camaradas. Como mucho serán las cuatro putas esas de “Sex and the City” y creo que eso es lo más masculino que se puede decir sobre estos dos hombres; porque lo más probable, me temo, es que en realidad se trate de un par de unicornios untados en yogur y brillantina tocando canciones de holandesitas en un flugelheim mágico de donde salen arco iris y calcomanías de “Hollie Hobbie” (y si sé de estas cosas es porque las trillizas -la carne de mi carne- a veces traían amiguitas a casa que venían con esas cosas; lo que bastaba para que llame a sus papis para que buscaran a sus princesitas antes de que infectasen a mis niñas), con caretas de hombre puestas.



No, el hombre bien hombre no habla. No necesita hacerlo. Un hombre de verdad no debe pedirle nada a un camarada, porque se autoabastece, tampoco debe ofrecerle nada porque no es su mami, y no debe arreglar para “encontrarse” porque no es su novia, y no debe intercambiar opiniones con él porque sus pensamientos son algo privado y la opinión del otro no le interesa en lo más mínimo. Si el hombre bien bien hombre debe decirle al otro algo práctico como que “desenfunde su arma que se acercan los del bando enemigo”, es porque el otro no sabe hacer bien las cosas, así que antes de ser un estorbo más vale que se lo carguen (o pegarle un tiro en la nuca a la menor oportunidad).



Un hombre bien hombre puede pasar tardes enteras junto a su camarada sin pronunciar sílaba, bebiendo de sus petacas y viendo algún programa sobre bricolage (donde cada tanto, entre esculturas de porcelana fría y tarjetería española se enseñan cosas muy prácticas), ambos tirados en la cama (porque el hombre bien hombre no tiene más muebles que éste, necesario para los revolcones de una noche -y seria una descortesía permitir que su camarada se sentara en el piso).



Puedo decir con orgullo que así es mi relación con mi camarada Iván, un hosco soviético ex miembro de la KGB y con quien cumplimos alugna misión para la mafia rusa. Jamás, en nuestros veinte años de camaradería hemos intercambiado una palabra; ni siquiera sé si habla castellano, o si sus cuerdas vocales funcionan. Seamos claros. No tengo idea en realidad si se llama Iván, o si realmente estuvo en la KGB. Esto me lo he inventado para darle algún tipo de entidad, porque tampoco sé cómo es su cara: un hombre de verdad nunca mira la cara de otros hombres. ¿Qué son, Megan Fox? Y aparte porque no lo vi nunca –la misión para la mafia rusa se hizo por carta- y no puedo asegurar que exista. ¡Ni siquiera nadie me ha hablado de él! Yo sólo intuyo su existencia, una intuición netamente masculina, hecha de racionalidad y argumentos, pero intuición al fin.



Pero estoy seguro de que “Iván” –llamémosle así- se ha jugado la vida por mí y lo haría diez veces más, siempre que la misión lo requiriera. Y eso es a lo que llamo un “camarada” y no otra cosa, y discúlpenme si a sus “amiguitos” el Pachu o el Cuchu o el Fufifu o el Putitu no les entra el sayo pero a mí me educaron de otra manera y es así y si me lo querés discutir salimos afuera.



Porque para comentar el partido está la radio. O los rehenes.


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jueves, 21 de julio de 2011

¡Sobrenatural propuesta de la CoMeTra!


La Comisión para el Mejoramiento del Trabajo Ajeno ha incorporado a sus ya múltiples divisiones su Dto. de Asuntos Espirituales y Eclesiásticos (compuesto por la mamá de Buseca, de gran actividad en el templo del barrio de la Iglesia del Séptimo Advenimiento y que aparte tiene algunos problemas y si no los canaliza, de golpe “se puede trular”, según palabras de nuestro joven vocal).



La propuesta con que se inaugura el Dto., sumamente jugosa, es acerca del Diluvio Universal. Comenta la Señora Lidia que siempre le pareció injusto que “en el Diluvio mataran a todos los animales menos a los pescados”, protesta más que razonable. ¿Acaso vale más un esturión, un surubí o un narval –o un pacú o un tiburón tigre- que un lince o un elefante? ¿Tiene acaso el Señor algo contra las carnes rojas?



Para aliviar esta terrible injusticia, propone la señora que el próximo Diluvio no sea un Diluvio, sino un Incendio; un Incendio Universal, y ahí vamos a ver cuántos pares son tres botas. Y que el Arca no sea de madera sino de amianto, y que contenga una pileta para ahí sí, llevar un macho y una hembra de cada especie ictícola. Y sino, que sea un Diluvio, pero de ácido, o de derrames petroleros. O de motosierras encendidas, o cables eléctricos o de trampas para osos, o de sanguijuelas o ganchos de carnicero, o de Terminators o de “unos como piojos que se te meten por los ojos y te van comiendo de adentro para afuera (sic)” y ahí hubo que darle un calmante a las señora porque como que se empezó a excitar un poco y le ardía el pecho (“Vamos a casa, mamá, vamos a casa, no la tendría que haber traído, Esteban, se pone mal, disculpá, vamos a casa, mamá”, le decía Buseca un poco mortificado. Yo le dije que no pasa nada, que me parecía todo muy interesante).



Por intermedio de la señora Lidia, enviamos el pedido de Incendio Universalno al Papa –“Ese Anticristo Hijo de Satanás”, según la señora- sino al Pastor Homero, jefe de la congregación, para que le dé el curso correspondiente y nos tenga en cuenta para lo del Arca de Amianto (por las dudas).


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miércoles, 20 de julio de 2011

¡Y seguimos exprimiendo a Fito Páez!


Nada, hay que sacarle el jugo a Páez antes de que la gente se olvide, el último, el último, te juro que es el último.





¡En este chiste hecho en 5 minutos (y fotografiado en 15 segundos) podemos ver a Fito junto a su terrible sobrino Fituncio, que le da una dosis de su propia medicina! Y así cerramos este simpático episodio.



Miren, la máquina expendedora de bombachas usadas (enviado por Unservidor, lo mandó él, yo no tengo nada que ver, lo mandó Unservidor, no yo, lo mandó él)


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