viernes, 16 de marzo de 2012

¡Contratan poeta rioplatense del absurdo en importante buscador!


“Faltó tanta gente que si faltaba uno más no entraba” (Macedonio Fernández)



“Crece la falta de productos importados” (El cráneo que escribe los títulos de Yahoo Noticias)



Miren, razones para no ver a Roger Waters y la “premake” de “Up!”


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Dato 4.610: El Cementerio de la Recoleta


caparros.gifEl cementerio de la Recoleta es –desde luego- un cementerio, pero no es un “camposanto”: perdió esa condición en 1853 cuando el presidente Bartolomé Mitre ordenó el entierro del Dr. Blas Agüero, un francmasón a quien el arzobispo de Buenos Aires le había negado cristiana sepultura porque, fiel a sus principios, se había negado a recibir los sacramentos. Mitre decretó el permiso para el entierro, y el arzobispo retrucó retirando la bendición a la necrópolis y por lo tanto su condición de santidad. ¡Mirá vos! (Fuente: El Gaucho Santillán, qe lo sacó de “un blog de historia”. Probabilidades de exactitud: 195 %% porque lo del “blog de historia”me resulta vago y confuso, sólo falta que diga que es de Inernet y ahí se termina de caer. Pero blog no es lo mismo que Internet, eso ya quedó establecido)


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jueves, 15 de marzo de 2012

¡Ofrecen breve catálogo de dramas urbanos invisibles!


El Drama Invisible de la persona que necesita ir al baño. Mira, Epaminondas, a ese hombre. Míralo, obsérvalo, aprehéndelo, Epaminondas. Por su avanzada edad e impecable traje se nota que es un hombre que ha alcanzado cierto status social. Es un hombre satisfecho de sus logros, magnánimo en el triunfo pero implacable a la hora de la confrontación. Yo no lo elegiría como enemigo. ¿Y tú, Epaminondas? Y sin embargo, sufre, padece, se frunce y constriñe: Necesita mear. Como todos. Como yo, como ella, como tú, Epaminondas. Pero está en la calle. Y no soporta más. ¿Sabes lo qué es la próstata, Epaminondas? Una cosa diabólica. Algún día te lo explicaré, cuando seas grande. Entonces, el hombre que ayer hacía gala de los frutos de su poder (dinero, sirvientes, ascenso social) en este momento, Epaminondas, en este momento en el que daría lo que fuera por ser un Don Nadie, por ser insignificante e invisible, este hombre, Epaminondas, entra a un bar y pregunta si puede utilizar el baño. ¡Mira, Epaminondas, cómo su arrogancia se ha hecho trizas por culpa de una pequeña –no tan pequeña para él- glándula! ¿Su arrogancia? ¡Su dignidad, Epaminondas, su dignidad! Porque este hombre, acostumbrado a ser obedecido y complacido, a no deberle nada a nadie (excepto durante momentos determinados de sus turbios tejemanejes financieros), a no hesitar en contratar a los abogados más caros de la ciudad para destruir a sus enemigos –y a recurrir a métodos más oscuros si hiciese falta- acaba de pedir permiso para ir al baño, Epaminondas. Como un infante, Epaminondas. Como el ser más indefenso de nuestra sociedad, Epaminondas. Y ese microsegundo de humillación le arruinará el día.



No es nuestro deber especular quién sufrirá este día la furia impotente que en estos momentos siente nuestro hombre. Tal vez sea su secretaria, alguno de sus hijos, socios menores o simplemente un compañero de ascensor, ¿quién sabe, Epaminondas? Nuestro único deber es observar. Y el tuyo, aprender. ¡Aprende, Epaminondas!



El drama invisible de la persona que esplota. Mira esa señora, Epaminondas. ¡Mírala! ¡No bajes los ojos! ¡Te quiero orgulloso y lleno de curiosidad, dispuesto a devorar el mundo con los ojos, Epaminondas! ¡Mira su arranque de furia, soltándole improperios a un vendedor de empanadas que cometió el Crimen contra la Humanidad de invadir el espacio público, provocando un tropiezo e incomodidad momentáneos! ¿Sabes, Epaminondas? Este momento enmascara otro drama. El drama del habitante urbano que hace “crac badabún”. ¡Penetra tras las apariencias, Epaminondas! ¡Esa pobre mujer no tiene en realidad nada contra el empanadero, e incluso tal vez le adquiriría dos de carne y una de jamón y queso con gusto en otro instante de su vida! Este momento en que a la señora se la percibe incoherente, gritando ofuscada una serie de conceptos muy polémicos sobre Macri y de Cristina, el país y la educación, de zapatos y de barcos, de repollos y de reyes es apenas la punta del iceberg, o la cabeza del dragón asomando fuera de la gruta.



A esa señora, Epaminondas, lo que le pasa es que durante el día le han venido pasando “cositas”. Nada terrible, pero cada “cosita” es como un dardo que va horadando su espíritu y su templanza. Cositas como que no ha podido extraer dinero de una máquina, que un medio de transporte ha tardado mucho, o tal vez le han dado un cheque diferido o ha pisado un sorete de perro. Y se han acumulado: no estallaría de ese modo la señora si le hubiera pasado sólo una “cosita”, o dos. Tres “cositas”, en cambio –no importa su magnitud- ya bastan para abrir la puerta de sus monstruos interiores. ¿Acaso la señora ha protagonizado un drama o una catástrofe, Epaminondas? ¡No! ¡Vénganse los ejércitos de enfermos, miserables, los desplazados y los locos, los maltratados y oprimidos a mirar a la señora con expresión de reproche y ella admitirá, avergonzada, que en realidad no tiene gran cosa de qué quejarse, Epaminondas! Y sin embargo, no menosprecies el poder omnímodo de las “cositas”. Las “cositas”, duendes traviesos y hasta divertidos si los tratas individualmente, pueden ser un oleaje de Destrucción cuando se presentan en masa. ¡Algún día entenderás de lo que hablo, Epaminondas! ¡Mientras tanto juega, vive, ríe, observa y aprende, Epaminondas! ¡Aprende, Epaminondas!



El Drama Invisible del tipo que da el asiento tarde. ¡Mira a ese hombre, Epaminondas! ¡Míralo! ¡No, Epaminondas, a ese no, Epaminondas! ¡Al otro! ¡Al de verde, Epaminondas! ¿Comprendes lo que ha pasado? ¿Has observado cómo se levantó del asiento, sin mirar a nadie en particular, y luego se corre un par de pasos al fondo con expresión de derrota y vergüenza?



¿Quieres que te cuente una historia, Epaminodnas? Puedo leértela en la mirada vidriosa y humillada del hombre que se empelota contra un asiento del fondo, intentando que nadie haga lo que estamos haciendo nosotros: ¡Viviseccionarlo, Epaminondas (otro día te explicaré lo que significa esa palabra)! El hombre venía sentado. Cansado. Pensando en sus cosas, tal vez leyendo. De pronto, el colectivo empezó a llenarse de señoras más o menos maduras y más o menos obesas, encendiendo en la mente del hombre la pregunta del millón: ¿Son estas mujeres lo suficientemente viejas y gordas para que amerite darles el asiento? ¿Soy un ser despreciable por hacerme estas preguntas? Y el hombre intenta ganar tiempo, buscando una respuesta a estas preguntas, y jurándose a sí mismo que si se tratara de un caso cerrado, una embarazada o una anciana de 120 años o incluso un hombre con un bebé en brazos, saltaría de su asiento como expulsado por un resorte. Pero la ambigüedad de los casos que lo rodean lo confunde. Y mientras se debate en estas cuestiones miserables, sube una embarazada y ¡Bam! ¡Otro caballero le da el asiento, Epaminondas! ¡Él ni siquiera ha alcanzado a elevar sus nalgas tres centimentros del asiento que su competidor ya ha culminado la transacción, ganándose el agradecimiento y reconocimiento mental mínimo de los presentes!



Ahora su asiento se le antoja incómodo. Un lecho de Procusto, Epaminondas. ¿Recuerdas la historia del lecho de Procusto? ¡Bravo, Epaminondas! La posesión del asiento no le resulta tan grata; observa a las semi-viejas semi-obesas a su alrededor y comprende que debió levantarse mucho, mucho, mucho antes, Y se levanta, confiando en que recuperará algo de su dignidad, pero ya sin posibilidad de adoptar gesto heroico alguno, o “otorgar” el asiento a quien él elija, lo tira a la marchanta, Epaminondas, y se retira humillado confiando en su anonimato e invisibilidad. ¡Ese es un hombre al que un gesto pequeño pero miserable ha reducido a la abyección! ¡Ese es el rostro que nunca deberás ver en el espejo, Epaminondas! ¡Recuérdalo por siempre, Epaminondas! ¡Aprende, Epaminondas! ¡Aprende! ¡Conserva esta lección, Epaminondas!


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miércoles, 14 de marzo de 2012

¡Viejos oficios olvidados del futuro: El llevador de gente!


Buenos Aires, 2097.

Entrevistarse con Don Manuel Rivera, ex “chofer” (ahora explico, ahora explico de qué se trataba, ya va, ahora explico, tranquilo), es algo así como enfrentarse a una Leyenda Viviente –o casi, ya que Don Manuel es mantenido con vida en forma completamente artificial mediante un poderosísimo equipo electrógeno injertado en el codo- o un prócer, uno de esos Hombres de Hierro que poblaban nuestro mundo en aquella lejana Edad de Oro, aunque parezca incoherente desde el punto de vista metálico. Porque Don Rivera realizaba una tarea que aunque parezca increíble, en esos tiempos era fundamental: Llevaba gente de un lado para el otro.



“Hoy con la tecnología que hay hoy día es impensable hoy que la gente tenga que trasladarse, así, físicamente, a un lugar. Pero en esa época la gente debía ‘ir’ a lugares, así como te lo digo”. Pierdo el conocimiento por unos segundos, de la impresión, de sólo imaginar el sufrimiento y el esfuerzo que el hombre común de esos tiempos debía llevar a cabo. Y me pregunto –con una conexión bio-telepática al encéfalo de Don Rivera, para que me conteste: ¿Y adonde debían “ir” las personas? (porque yo así solo no me lo puedo imaginar, la verdad). “Y… Iban a su trabajo… O a hacer sus cosas”. Pierdo el conocimiento nuevamente ante la mención de ese flagelo del siglo pasado, el “trabajo” (afortunadamente hoy realizado por nuestros modernos robots. Bueno, y por esclavos, gracias a la derogación de la Asamblea del Año XIII realizada el año 2013, como parte de los festejos del bicentenario).



Cuando me despierto, Don Rivera me observa con ojos que revelan una mezcla de desconcierto, perplejidad y desprecio. Reconozco que no pertenezco a esa raza de hombres de hierro que “trabajaban” y “iban de un lugar a otro”. Pero tengo mis cosas, tengo mis cosas. Qué se yo. Le pregunto entonces a Don Rivera: ¿Y cómo los llevaba? ¿A upa? ¿O había una máquina? “Había, había. Había una máquina. Había diversas máquinas. Había una máquina que se llamaba ‘taxi’, que era como un… como un… Bueno, era como uno de esos teletransportadores actuales, pero tenía abajo unas cosas redondas, que se llamaban ‘ruedas’” Aunque soy incapaz de entender a qué fljjtroppporiuuu (N. del T.: Una palabra del futuro) se refiere Don Rivera, hago el intento y para ganar tiempo le digo “Fascinante”. “Esas ruedas giraban, y por un efecto de acción y reacción el coso ese se movía. Entonces uno se metía ahí adentro y al rato llegaba a otro lugar.” “Fascinante, fascinante”, le digo, transpirando a mares por el esfuerzo de infructuosa visualización mental. “Estas cosas tenían diversos tamaños. Había unas muy grandes, que llevaban mucha gente, y se llamaban ‘colectivo’. Otra era todavía más grande y se llamaba ‘tren’,y servía para viajar grandes distancias, kilómetros y kilómetros”



Me despierto de mi vahido, por imaginar el esfuerzo titánico de trasladarse hasta el “trrnme” (“tren, tren”, me corrige Don Rivera, algo ofuscado) y luego, una vez ahí, pasar tooooooooooooodo el tiempo necesario para llegar al otro “lugar”. Y o comprendo. Recuerden que esto ocurría hasta hace menos de cien años. No estamos hablando de la Edad media, aunque lo parece. ¡O sea, pará, prrtkouuu (N. del T: Otra palabra del futuro), la gente agarraba e “iba” desde un “lugar” a “otro”. Es demencial si te lo ponés a pensar. Aparte, ¿para qué? ¿Tan importante era lo del “trabajo”? Don Rivera acota: “A veces la gente se trasladaba por su propia voluntad. Para ‘viajar’, como se decía en ese entonces, o para ir al cine.”



Por supuesto, sé de lo que me habla. Mi padre, en su infancia, todavía utilizaba los teletransportadores para eso de “viajar”, antes de que se hubiera realizado el Amasacotamiento Virtual Universal, que permite que todo esté condensado en un punto infinitamente pequeño. Y que es mucho más cómodo y barato, a nivel justamente traslado, alquiler, etc. Lo que no concibo es que la gente permitiera que ese proceso se realizara sin recurrir NI SIQUIERA a la desintegración y reintegración molecular. ¡Es una locura! ¡Jhaagoorrrtuuuu (N. del T: Otra palabra del futuro, en este caso medio fea)!



“Aparte”, dice Don Rivera casi regodeándose, anticipando mi horror, “el temita ese de viajar podía ser medio incómodo. La gente viajaba parada, a veces. Otras viajaba parada y con el ‘colectivo’ o ‘tren’ lleno. Por eso se le daba tanta importancia al ‘lugar’ al que había que llegar, que por lo general era una porquería, pero te lo vendían como que ‘uy uy uy, qué bárbaro venir a este lugar, lo vas a para bomba o bien vas a ganar un montón de plata o las dos cosas!’ Nada que ver. La verdad, un lugar y otro medio que era lo mismo. En todos había gente pelotuda, coca cola y pantallas. O levísimas variantes de una o más de estos tres elementos (como mucho, en los casos donde si me apretás un poco te acepto que podía llegar a valer la pena había pileta). Pero te lo vendían así para que el hecho del traslado pudiera ser un infierno; total lo importante era el punto de destino.”



Me despierto cuatro días después (por otro vahido). Esta vez es la diabólica astucia de los líderes de la época la que me produjo una severa lipotimia virtual. A diferencia de esta Era, donde el hecho de vivir como micro-memorias electrónicas en el interior de un gluón de tamaño infinitesimal (adentro de un tarro recubierto de kletonio plasmático) nos permite cruzar nuestro universo en un abrir y cerrar de ojos (si tuviéramos ojos), incluso aunque no haga falta ya que tenemos todas nuestras necesidades satisfechas (si tuviéramos necesidades) y en cuanto se nos ocurra (si se nos ocurriera algo, claro que esto no es necesario gracias al Calendario Predeterminado de Ocurrencias que viene con la Tarjeta Perfoverificada que nos insertan –en el recto, porque recto tenemos- el día de nuestra Generación Vital vía Twitter©) y que conlleva nuestra felicidad automática e infinita durante las 24 horas del día, las gentes de ese pasado fastuoso estaba condenada al traslado (otro vahido).



¡Adiós, Don Rivera! ¡Sirva su rostro de bonhomía (proyectado mediante un fractal de rayos gamma sobre el sistema límbico de la Máquina) como recuerdo de aquella Edad de Oro donde Hombres de Hierro viajaban en ‘colectivos’ de bronce, y era ud. el Gran Hermano, Conductor , Pastor Alemán y Alumno Guía de esas personas que iban de un “lugar” a “otro” (aunque muy muy muy claro de cómo era que hacía no me queda)!


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lunes, 12 de marzo de 2012

¡Lanzan catálogo de frases célebres para chantas!


“¿PARA QUÉ LLENAR MI CABEZA DE DATOS QUE PUEDO ENCONTRAR EN UN LIBRO?”



Autor: Albert Einstein, físico alemán, creador de la teoría de la relatividad. Sus trabajos revolucionaron el mundo de la ciencia y dieron pie a la creación del Holocausto Nuclear. Un bocho.

Utilización: Por ejemplo, para justificar que ud. no sabe que Montevideo queda en Uruguay, el significado de la palabra “fotosíntesis” o que 8 por 6 es 48. Si se anima, hasta puede justificar el tirarse un gas en mitad de una reunión familiar: debe haber algún libro de buenas costumbres donde aparece ese dato. Puede aplicarse también a infracciones de tránsito, hurtos de material de oficina, pobre desmpeño sexual, porque mal que mal, todo está en un libro.

Usuarios más frecuentes: Autodidactas, blogueros, intendentes del conurbano, artistas plásticos.

Contraataque: “¿Bueno, y no es hora de que consultes el libro ese, hijo de puta?”

Contra-contraataque: “Lo haría, pero no quiero llenar mi cabeza de datos que puedo encontrar en un libro.



“¿CUÁNTO ME COBRA POR ESE RETRATO?”

“DOSCIENTOS FRANCOS”

“¿QUÉ? ¡SI LE TOMÓ QUINCE MINUTOS HACERLO!”

”PERO DIBUJAR ASÍ ME TOMÓ CUARENTA AÑOS”



Autor: Toulouse Lautrec, cuando tenía cuarenta años. Afamado pintor, enano y libertino francés. Aparte usaba un bombín y unos anteojos con cuerdita y aparece en la famosa película gay “Moulin Rouge”. Y la verdad que la frase es una ge-nia-li-dad.

Utilización: Por ejemplo, para cobrar cinco pesos una Rhodesia. “¡Pero si sale uno con cincuenta!” “Sí, pero ser kiosquero me tomó cuarenta años”. No falla. En general se puede cobrar cualquier cosa por cualquier tarea, siempre que ud. tenga los años suficientes. En cambio se desaconseja utilizar esta frase si tiene veinte años o menos, porque ahí capaz se le vuelve en contra. Sí, sí, es válido agregarse años si hace falta.

Usuarios más frecuentes: Artistas, médicos, músicos, plomeros, cerrajeros, escribanos, maestros queseros y en general cualquier “trabajo” donde se cobren tarifas excesivas.

Contraataque: “¡El pintor de la vuelta tiene setenta años y me cobra la mitad!”

Contra-contraataque: “Bueno, pero yo soy Toulouse Lautrec, qué mierda”.



“SI QUIERE QUE PREPARE UN DISCURSO QUE DURE TRES HORAS, DEME UN PAR DE DÍAS PARA ESCRIBIRLO. SI QUIERE QUE DURE VEINTE MINUTOS, DEME UN MES”



Autor: Woody Allen. Dramaturgo, humorista, actor y director de cine de reconocida trayectoria. Incluyó conceptos de psicoanálisis y filosofía en sus obras y películas y se convirtió en uno de los grandes íconos del cine y aparte toca el clarinete. Un verdadero Poronga.

Utilización: Por ejemplo, cuando ese artículo de 7.000 palabras que le pidieron tiene, ponele, 200. La genialidad de la frase consiste en que cuanto menos trabaja, da la impresión que trabaja más. Y encima tiene un mes para escribir esas cuatro líneas de mierda, y todo con la excusa de la síntesis y toda esa boludez. Tiene además de su lado la holgazanería intrínseca del ser humano, que se sentirá un alivio psicológico al saber que sólo va a tener que revisar media carilla. el resto de la ponencia puede llenarse con un malabarista o algo en vivo.

Usuarios: Novelistas, redactores de notas de investigación, conferencistas, estudiantes universitarios, directores de cine independiente, arquitectos y en general toda la gente que tarde más de lo razonable en hacer sus cosas.

Contraataque: “Ok, ok, si querés que te pague quince mangos, pasá mañana. Si querés las diez lucas que arreglamos, vení el 2025”

Contra-ataque: “Bueeeno, bueeeno, mañana te mando el coso, qué carácter, no se puede hacer una broma”



“LA LITERATURA DEBE SER UNA FORMA DE LA FELICIDAD. SI UN LIBRO ABURRE, HAY QUE DEJARLO POR LA MITAD”



Autor: Jorge Luis Borges. Emblemático escritor argentino, profesor de literatura inglesa, director de la Biblioteca Nacional y casi, casi, casi Premio Nobel, o sea, un tragalibros consumado así que era una autoridad en el tema. Encima te leía libros siendo ciego, ¡tomá!

Utilización: Por ejemplo, para dejar un libro por la mitad. O un artículo, o una película o una fiesta o un matrimonio o en general cualquier cosa que le dé fiaquita. Levántese en la mitad, diga “este cuerpito se retira” y haga su vida, ¡tiene la autorización de Borges!

Usuarios frecuentes: Estudiantes secundarios, estudiantes universitarios, blogueros, críticos literarios y locutores de radio.

Contraataque: “Bueno, pero el libro ese tiene 400 páginas y vos lo dejaste en la página 5. ¿No sabés lo que quiere decir ‘la mitad’?”

Contra-contraataque: “No. ¿Para qué voy a llenar mi cabeza de datos que puedo encontrar en un libro? Ah, no, pará.”


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jueves, 8 de marzo de 2012

¡Lanzan saludo que quiebra el récord de Corrección Política!


¡En este Día de la Mujer, muchos saludos a todos y todas!


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¡La vida es un Jake & Elwood!


El Carameluchi de la Felicidad: En el gimnasio al que voy pusieron un “basurero electromagnético”, una de esas invenciones para decir “Cosa e’ Mandinga”. Se trata de un aparato increíble, cuya tapa se abre –en forma total y completamente automática- al acercar la manito. Luego, pasados unos segundos que el aparato considera suficientes para arrojar el residuo, se cierra. No estoy muy seguro de cuál es la utilidad específica de que esta máquna se encuentre en un gimnasio; sólo puedo imaginar que sirve para arrojar un residuo (por ejemplo, el tarro vacío de aminoácidos vigorizantes -a.k.a. “la papota”) mientras uno hace tríceps con una mano al tiempo que realiza algúna calistenia de piernas, lo que impediría el uso de un tacho con tapa suelta o a pedal. ¡Bien!



El Carameluchi de la Felicidad: ¡Ah! ¡Cómo! ¿Otro? ¡Bueno, estamos como queremos! He sido bendecido con el aporte de 5 (cinco) plumas Guillot 170, una especie que creía completamente extinguida, por parte del Sr. Pepe “Ñok” Márquez, parte de un remanente heredado directamente del finado Dani the O. Así que no sólo me hallo en posesión de un pequeño tesoro desde lo material sino además de un recuerdo invaluable; sólo confío en que no me ocurra aquel sortilegio de “Las Manos de Orlac” y de mi pluma sólo salgan “La Pulga Ochoa” y “Peto, el pato puto”. ¡Bien!



El Dardo Emponzoñado con el Curare de la desdicha: Nada demasiado específico para destacar, así que calculo que mi hipertensión, palpitaciones, insomnio, falta de aire, mareos, cefalea, ceguera, desvanecimientos, insuficencia renal y eventualmente muerte deben ser un caprichito de mi parte. ¡Mal!



En la eterna batalla del Bien contra el Mal, hoy ganó el Bien 2 a 1. Miren, otro desopilante Curriculum Vitae de Igor (“Al taller en grúa y al médico en ambulancia” va directo a mi escudo de armas), el gordito que aparece en todas las películas y la casa que se parece a Hitler, ¡JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA!


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