“No, no, no, mis declaraciones fueron completamente sacadas de contexto. Cuando le dije a Mitre ‘no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes’, no quise decir que no había que economizar sangre de gauchos en el sentido de que había que desangrarlos hasta que desfallezcan y mueran. No, no, no. Yo quise decir por el contrario que hay que tener más gauchos. O sea, que este país necesita la noble y potente sangre de estos hombres extraordinarios, que asi te doman un caballo como te pialan un ternero y te carnean un toro y te hacen un asado con el parquet y te meten las patas en la fuente todo al mismo tiempo y sin que se les mueva un pelo. ¿Viste cuando decís ‘cabezas de ganado’ para decir ‘vacas’? Bueno, lo mismo. ‘Sangre de gauchos’. Justamente, su presencia ‘abona’ el país, lo hace más rico y fértil, como la caca de vaca. Y lo de que casi que no son humanos es un decir, es que de lo habilidosos que son en las tareas camperas parecen sobrehumanos, verdaderos Supermans de nuestra época.” (Domingo Faustino Sarmiento)
“Noooo, pará, cuando te dije que en seis meses te iba a devolver las 35 lucas que me prestaste, en ningún momento quise decir que en seis meses te iba a devolver las 35 lucas que me prestaste. ¡Me re malinterpretaste! ¡Sacaste mis palabras totalmente fuera de contexto! ¿A quién se le ocurre? ¿Qué soy, Rockefeller??? Fijate que en la misma proposición –la de devolvértela- hay una contradicción lógica bastante obvia: ¡Si pudiera juntar la guita para devolverte las 35 lucas jamás te las habría pedido! Lo que yo te quise decir es que no te las pienso devolver un carajo y que se las vayas a cobrar a Magoya, pero te lo quise decir con delicadeza, es decir, diciendo lo contrario, especialmente porque te lo dije antes de que me prestaras la guita. Tal vez el problema es que fui demasiado delicado, capaz que tendría que haber sido más hijo de puta, más brutal, pero no hay caso, a mí me educaron de otra manera. Me decepciona bastante que pretendas que me convierta en elgo que me repugna profundamente. (Dolido) Por favor, retirate, tengo que reflexionar.”
“¡Jamás dije eso de ‘no resistáis al mal que os quieran hacer; si alguno te golpea en una mejilla, ofrécele también la otra’! Me re malinterpretaron. O sea, sí, ta bieeen, ta bieeen, te acepto que dije ‘no resistáis al mal que os quieran hacer; si alguno te golpea en una mejilla, ofrécele también la otra’, pero no quise decir eso así literal literal exacto. Somos grandes, me parece que no hay que ser tan gallego, o a vos si te dicen ‘el que se quema con leche ve la vaca y llora’ te creés que el tipo es tan boludo y tan mantequita de ver una vaca y llorar, no, yo lo que quise decir es ofrécele la otra, pero la otra mano, o sea la tuya. Y ofrécela hecha un puño contra la boca, para bajarle la mitad de los dientes. ¡Mirá si un tipo me pega y yo le voy a ofrecer la otra mejilla!!! Qué es esto, ¿clases de masoquismo? Re perverso me parece, no sé, capaz que ustedes tienen un problema.” (Jesucristo)
“No, me re malinterpretaste. Yo cuando te dije –en un comentario de blog- ‘nabo, pelotudo, infeliz subnormal tragaleches de la san puta, más vale que no te vea por acá porque te muelo a golpes’ no quise decir ‘nabo, pelotudo, infeliz subnormal tragaleches de la san puta, más vale que no te vea por acá porque te muelo a golpes’ y menos aún te estaba desafiando a que vengas por acá a la puerta de mi casa a las cuatro de la mañana. A propósito, ¿quién te dio mi dirección? No importa. La cosa es que yo te quería decir que te respeto muchísimo como oponente, tanto como para soltarte esa retahíla de insultos. Justamente si no te respetara, si no te considerara un digno adversario, casi casi te diría que un camarada de armas en la lucha en pos del conocimiento (a través de la discusión franca y honesta), un AMIGO, no te diría nada. Y respeto tanto tu opinión, tus razonamientos son tan claros y precisos que no necesito que te allegues personamente para decírmelos, acá a mi casa a las cuatro de la mañana y con un nunchaku. (Resuello) Por último, tengo acá en casa (saca la billetera y cuenta) unos doscientos veinte pesos, que estoy dispuesto a darte si no me hacés daño y no le contás esto a nadie.”
“Bueno, bueno… Yo entiendo, yo entiendo que cuando dije que había leído ‘las obras completas de Sócrates’ tal vez interpretaron que yo estaba diciendo que había leído ‘las obras completas de Sócrates’ (Sic) Y entiendo que se me hayan cagado de la risa, soy consciente de que Sócrates no escribió nada, pero todo se debe a una confusión, una malinterpretación y una sacadura de contexto, yo quise decir que no había leído nada de Sócrates. ¡Justamente, si Sócrates no escribió nada! Y lo estaba diciendo con mi gracia y carisma característica. Tampoco voy a gastar saliva en decir ‘No leí nada de Sócrates’, qué clase de Estadista sería sino fuera darle a mis palabras un mínimo de gracejo y materia para la reflexión. Pero en definitiva estaba aceptando con humildad mi ignorancia sobre el tema: ‘Sólo sé que no se nada’, como dice Sócrates en todos sus libros (sonríe y guiña el ojo)” Carlos Menem).
“No, Norberto, pará, dejame explicarte, Norberto, yo cuando te dije que hoy a la tarde iba a tener el trabajo listo sin falta en ningún momento quise decir que hoy a la tarde iba a tener el trabajo listo sin falta. ¡Sería un contrasentido! Yo lo que quise decir es que yo iba a tener listo el trabajo, o sea yo, sin falta. Como que lo iba a a tener –listo- al trabajo, para trabajarlo, antes de terminarlo. Se ‘trabaja’ algo cuando todavía no está terminado, cuando uno lo ‘termina’ deja de ser un ‘trabajo’ para convertirse en una ‘obra’ o ‘cosa’. Sin contar con que el ‘trabajo’, hoy a la tarde, sin falta, lo iba a tener yo. No vos. Yo. Si no, te habría dicho ‘vos vas a tener la obra (la cosa) lista, entregada por mí’. Porque yo, cuando lo termino, te lo entrego a vos. ¿Se entiende, Norberto? Otra cosita, ¿el cheque cuándo lo puedo pasar a buscar?”
miércoles, 7 de marzo de 2012
¡Propugnan nuevos Rogerwatterismos!
¡Taller Literario: Los Registros del Habla!
Me reclaman que no di dos o tres clases del Taller Literario, o cuatro o cinco, el número no importa, no vamos a convertirnos en esclavos del frío número y al parecer ya me habían pagado la platita, no sé, eso dicen ellos, no me voy a poner a discutir ni pichulear -tampoco me llamo cinco luquitas per cápita- así que para compensar les tiro un regalito.
Viste que cuando escribís una novela, o una película, o un manual de instrucciones o un Twitter, tenés que ocuparte de que no todos los personajes hablen igual. Cosa que es DIFICILÍSIMA, porque después de meter un gangoso, un tartamudo y un gallego ya como que las formas de hablar se te empiezan a agotar. Y cuando ves que todos los personajes, desde el Emperador Oriental a la huerfanita que vende flores terminan el 99 % de sus frases diciendo “¿nocierto, jefe?” es como que no queda bien. No queda bien.
Por eso, el Taller Literario de Yo contra el Mundo regala en esta ocasión, para usar en tu novela, guión o manual de instrucciones, nada menos que TRES (¡3!) FORMAS DE HABLAR DIFERENTES, para que puedan caracterizar con un mínimo de gracia a tus personajes. De nada.
UN TIPO MUY AUTORREFERENCIAL QUE TODO EL TIEMPO HACE DIGRESIONES SOBRE COSAS QUE HA HECHO EN TAL O CUAL MOMENTO:
“Mirá, yo de este tema de los impuestos aduaneros algo sé –porque yo alguna vez fui a la Aduana para hacer unos trámites- y te puedo explicar un poco de qué se trata –porque yo siempre he tenido interés en explicarle las cosas a los jóvenes, no te olvides que yo alguna vez fui a dar una charla sobre mi trabajo –armo esos perritos que mueven la cabeza- al jardín de infantes de mi hija- y lo que se puede decir es que acá –porque a mí lo que más me importa es el aquí y ahora, no me parece que haya que estar mirando el futuro con la nuca, como dicen, y siempre he actuado en consecuencia- las cosas no están claras –y yo siempre en mi vida he tratado de tener las cosas claras aunque en este país parece que tener las cosas claras fuera un crimen-, para empezar no está muy claro el tema de los impuestos aduaneros –y yo a lo largo de mi vida te puedo decir que si algo hay que tener claro es el pago de los impuestos –porque yo si hay algo de lo que me enorgullezco es de nunca haber dejado de pagar los impuestos- y no es que yo sea un potentado -aunque si hubiera querido yo hoy sería multimillonario- y al no estar claro este tema –y te aclaro que de haber sido multimillonario hubiera seguido pagando los impuestos, no como más de alguno que yo conozco –entonces se hace muy difícil entenderlo –aunque yo en mi vida siempre antes de hablar de cualquier cosa he procurado enterarme y estudiar el tema –porque vivimos en un país donde cualquiera opina sobre cualquier cosa- y si no sé de un tema prefiero cerrar la boca, que no cuesta nada –y además, de ser multimillonario el único lujo que me habría dado es comprarme un flipper. ¿Entendés cómo es la cosa?”
UN TIPO QUE HABLA CON PEQUEÑAS DEFORMACIONES LUNFARDAS DE PALABRITAS HASTA QUE NO SE LE ENTIENDE UNA GOMA:
“Hola, ¿qué me contursi? ¿Qué talco? ¿Viento? Vengo de comprarme un tragedia, me aprieta un poco en las bolivianas pero me hicieron un diego de descuento. Y, sí, no tuve que poner mucha guitarra, me salió tovarich, lo que pasa es que tengo un casuario el sabatino y tengo que estar a tonelli, a ver si conozco una minaverry y después la invictus a tomate cherry un vinazzi en algún caferatta del Bajel, hace tempura que no salgán-de lío con una chicago y ya me ciento un dálmatas medio solari irigoyen, para mí con una minimercado, una boticceli de whiskas y un tango & cash soy felicioni, no precioso much music massacessis cosacos. Soya un tipografía de gustavos ceratis simple minds. Me criadillas en un barrilete de amadeo genta noblex, de almorrana purina, que te da la manu ginóbili sin pedrazzini nadia komanechi.”
UN CAMPESINO DEL SUR NORTEAMERICANO QUE HACE TODO EL TIEMPO COMPARACIONES CON COSAS DE CAMPESINO:
“Sí, señor, la vida en las montañas es dura, dura como la carne de un viejo mapache poco cocido. Pero sólo aquí se respira aire puro, puro como el orín de un cerdo alimentado a manzanas maduras, maduras como una mula a punto de jubilarse, si señor. Y sólo aquí tus hijos se quedan junto a ti hasta que estás bien muerto, muerto como un aligátor recién desollado para sumarlo a la parrillada caliente, caliente como una gata montesa viuda. Y la vida pasa lentamente, lenta como una serpiente cascabel vieja, vieja como una cabra montesa sin dientes, sin dientes como un tenedor de latón que ha atravesado demasiados filetes de aligátor demasiado cocidos, demasiado cocido como el huevo de una gallina adolescente. No, no, no, señor, no me quejo, aunque alguna vez me hubiera complacido conocer aquello que los citadinos llaman mar. Dicen que es enorme, enorme como la vejiga de un cerdo alimentado a cerveza, cerveza como una botella de sidra añejada demasiado tiempo, demasiado tiempo como el que se necesita para hervir un escabeche de nutria raquítica, raquítica como un aligátor criado a heno amarillo, amarillo como la clara del huevo de una gallina con temblores, sí señor. Y también me hubiera gustado comer una pizza, dicen que es redonda, sí, redonda como los testículos de un cerdo famélico, famélico como un sabueso abandonado por comerse a tu primogénito un día de verano. Y dicen que tiene aceitunas ovaladas, ovaladas como los ovarios de una lechuza bien alimentada, señor. Así es, señor.”
lunes, 5 de marzo de 2012
¡Una buena idea puede destruir el mundo!
“No se les cae una idea”, dice el Segundo Sub-asistente del Dto. de Marketing de tu empresa y con esto el tipo se ganó el día; con esto, ganó un par de días de no hacer nada mientras le tira el fardo a los otros tipos hasta que a estos se les “caiga” una idea.
Y yo pregunto: ¿De dónde salió esta expresión tan horrenda e imbécil? Yo se los voy a revelar: de la gente que no tiene ideas nunca. La prueba está en que este tipo de subhumanos bien vestidos creen que las ideas se “caen”. Que aparecen mágicamente en raptos de inspiración bajo la forma de un Unicornio Fantasma con los cascos llenos de Florecitas Parlantes que te susurran ideas al oído. Sin embargo, los tipos que tienen ideas buenas suelen ser sujetos oscuros, de espaldas encorvadas y expresión agria, que pasan sus días y sus noches encerrados en un cuartito, consultando viejos volúmenes llenos de polvo, lanzando frases inconexas al azar y realizando bocetos en un cuadernito hasta que de todo ese garrapateo estéril surge un susurro, una punta de ovillo, el asomo de un fantasma de espectro de espíritu envuelto en una voluta de humo, que con mucho trabajo, más garrapateo, recursos nobles e impíos, leves dosis de robo y prevaricación puede convertirse en una idea entre chota y burda. Con muuuucha suerte, una menos mala.
El Sub-asistente, entre consulta de Facebook y seteo del Happy Hour de la fecha, ni siquiera llega a ese estadio, y sigue en su halitosa nube de pedos, creyendo que las ideas “se caen” como manzanas o cascaritas de sangre coagulada.
Dicho esto, pasemos a hablar mal de las ideas. Porque en primer lugar, como escuché por ahí, “con una idea no se escribe un libro”. Y en segundo lugar, pocas cosas pueden ser tan dañinas y paralizantes como las ideas. Y convengamos además que no hace falta estar especialmente dotado para tener una idea. Ideas tienen hasta los perros. Por ejemplo, yo tenía un perro que tuvo la idea de cagar en la escalera. Muchas veces la tuvo. Era una idea digamos recurrente, casi una obsesión artística, como la de Borges con los laberintos y la de los creativos de cerveza Quilmes con los lúmpenes de barba candado. Pero una idea al fin.
Pasemos a categorizar los más siniestros tipos de ideas, y cómo combatirlas:
“PIERRE NODOYUNA”: Llamamos así a la buena idea, mal ejecutada, por torpeza, escasa suerte o poca colaboración de nuestro peludo y risueño co-piloto. Es en esta categoría que vemos claramente la enorme distancia entre el universo etéreo y platónico de las ideas y el mundo tosco y mal terminado en el que vivimos, y cuyo representante más acabado somos nosotros mismos.
De un lado, la idea, prístina, pura, brillante e intocable como el legendario diamante Koh-i-noor, ganadora del Oscar, el Nobel y la Cucarda, o de algún premio que combine a estos tres, especialmente inventado para reconocer nuestra obra maestra; del otro, su ejecución torpe, desmañada, incompleta. Está realizada en cartón de caja de pizza, con marcador al agua verde y todos los personajes tienen el mismo nombre porque no se nos ocurrían otros. No está mal, pero tampoco está bien. Pasa sin pena ni gloria y nuestros familiares más queridos la leen con una sonrisa a media asta, y evalúan: “Qué bien que te estés dedicando a lo que te gusta”.
Cómo se arregla: O se pasan años tratando de acercar la ejecución a la idea, cosa que es RE DIFÍCIL, o acercamos la idea a la ejecución; se llama “bajar las pretensiones” y comprendemos que no damos un William Faulkner, pero capaz que arañamos un Sidney Sheldon, lo que no está mal (y, no, tampoco está bien).
“THE UNBORN”: Pariente cercana de Pierre Nodoyuna, “The Unborn” es sencillamente la idea no ejecutada jamás. El motivo es el mismo: la idea es tal vez demasiado buena. Probablemente sea mejor que nosotros mismos y toda nuestra familia y nuestros amigos y nuestro barrio. Y, tal comos si una Raquel Welch de dos metros se nos presentara completamente semidesnuda en nuestros aposentos y dijera “Hazme lo que quieras”, nos paraliza completamente, sin saber ni por dónde empezar; y culminamos fláccidos y en un rincón, en posición fetal, repitiendo una letanía.
Cómo se arregla: Releer “Pierre Nodoyuna”.
LA “IDEA”: Este tipo de ideas revela hasta qué punto ejecutivos, funcionarios, burócratas y contables se han apoderado del mundo. Porque lo que ocurre aquí es que en realidad la “Idea” no se trata de una idea per se, ni nada parecido. Es más bien una expresión de deseos, o la acción de poner guita, o un vapor indefinido ocupando el cráneo de alguien. Pero no es nada ni remotamente parecido a lo que los occidentales entendemos por una idea.
Este tipo de ideas suele ser expresada de este modo: “Tengo una idea: Quiero hacer un policial”. O “Quiero inventar algo que revolucione el mundo de las comunicaciones”. O “Tengo una idea, quiero ganar tres billones de dólares”. Lo que suele seguir a esta tormenta cerebral es que el tipo se pone con unos morlacos (o con un gran poder de persuasión basado en promesas e ilusiones sobre lluvias de dólares, ponele) y obliga a otras personas a tener una o más ideas y si es posible escribirlas y ejecutarlas. Por supuesto, una vez puestas en práctica, el emprendedor de turno pondrá el broche de oro: un cartel bien bien grande, en letras mayúsculas que reza “Idea de Roberto Pappalardo”.
Cómo se arregla: Ganando el Quini o recibiendo una cuantiosa herencia, que permita dejar a los Robertos Pappalardos sin su principal herramienta de confusión. Entonces, podrá ud. mismo ser el que le encarge el trabajito a los demás, mientras se va a cerrar contratos millonarios al Club Med bajo el hechizo de un masaje profesional.
EL “NIÑO PRODIGIO”: La idea es genial. En el papel, la idea es perfecta, no deja resquicios ni abujeros a duda y no entendemos cómo nadie la hizo antes. Como uno de esos niños que leen de corrido a los tres años o tocan el violín a los seis, creemos estar ante una promesa monumental. Lo alimentamos, nutrimos y mandamos a los mejores colegios.
Pero cuando el niño crece no sólo no pasa de ser un adulto que lee de corrido sino que no lo hace tan tan bien (medio que se trabuca cuando aparece un diptongo), y su concierto de violín se tolera sólo cerrando los ojos y recordando lo chuchi que este gordo de barba candado y remera de La Renga era a los tres años.
A diferencia de “Pierre Nodoyuna”, la ejecución ha sido irreprochable. Hemos seguido el esquema inicial milimétricamente, midiendo con regla, sin obviar un solo paso y respetando el Manual. Lo que entonces descubrimos es que la idea no era tan tan tan tan buena. Que la tuvimos una noche de entusiasmo alcohólico, pero evaporados los efluvios mágicos, tras un análisis superficial comprendemos que era una pavada; y por qué, además, nadie la había llevado a cabo. Entre otras cosas, porque además de ser una pavada, es una pavada irredituable, que es peor.
Cómo se arregla: Evitando el alcohol.
LA “IDEA AJENA”: No hace falta explicar demasiado. Puede ser una idea buenísima, pero tiene el defecto de ser de otro. Y ya sabemos que el otro es un estúpido. Ni siquiera hace falta voluntad de plagio para realizar una idea ajena. A veces se trata de una coincidencia fatal, con la desgracia de que el otro –maldito estúpido- coincidió antes. O un residuo que quedó enterrado en nuestro cerebro, muy al fondo y cubierto por capas y capas de sinapsis y falsos recuerdos, y que luego sale a la luz fingiendo que ha sido una idea nuestra, como en la película esa que hicieron ahora (que es una mezcla de “Pierre Nodoyuna” con “El Niño Prodigio”) y de ahí al juicio y el descrédito eterno hay medio paso. En suma, por el sólo hecho de ser ajena, la idea ya pasa a ser inservible. A menos que logremos disimular muy bien este detalle, claro.
Cómo se arregla: No haciendo nada, nunca.
THE SHADOW: Finalmente llegamos a la PEOR IDEA DE TODAS. La idea que puede llevarte al manicomio o a al infierno de la depresión y el caos. Se trata de la idea de que tuviste una idea muy buena, pero no te podés acordar cuál es. Aparentemente esta idea la tuviste el otro día, en el colectivo, o ayer antes de dormir, o tal vez en un sueño o mientras tenías una conversación muy íntima con otra persona y no podías decir “che, bancame que anoto algo que se me ocurrió mientras vos movías los labios haciendo ruidos”. Esto no sería grave si automáticamente nos olvidáramos de que la tuvimos. Pero no. Queda una especie de archivo temporal que se limita a informarnos que tuvimos una idea buenísima, pero ay, ay, ay, los detalles, digamos, el cuerpo, el meollo, el contenido de la misma, no, no, no, no te puedo decir. No está. No sé, ya va a venir.
Pero “The Shadow” no vuelve a presentarse con el rostro desembozado jamás; y enloquecemos tratando de recordar los detalles, o alguna puntita de donde desenroscarla y sentimos un cosquilleo en los dientes. Luego viene la segunda etapa de la enfermedad: la duda acerca de si “The Shadow” existió o fue sólo una ilusión o un dejá vu al revés. Pero no nos resignamos y pasamos una tarde horrible, rebotando entre los intentos de recuperarla y el esfuerzo de desecharla para siempre. Por suerte después uno se olvida hasta de que se olvidó; incluso cuando James Cameron tiene tu misma idea cinco años más tarde y se hace aún más multimillonario de lo que es. El Dr. Tiempo, ese Psiquiatra piadoso e impecable.
Cómo se arregla: Ya te dije el otro día: Hay que anotar, siempre hay que anotar. O no tener ideas, cosa que tampoco es tan difícil.
domingo, 4 de marzo de 2012
¡Los Consejos De Kharadabarharash: Decimosexto Rollo!
¡Vuelve Kharadabarharash de su viaje de sabiduría a medio oriente (volvió medio rápido, dice que por allá las cosas están un poco “desapacibles”), con las alforjas cargadas de consejos útiles y maravillosos con los que mejorar vuestras miserables y enquilombadas vidas! Y aparte son gratis.
*Sí Decidís Iros De Vacaciones A Un Lugar En La Ribera Donde Sea Posible La Visita De Palometas (A.K.A. “Pirañas”), Esos Salvajes Verdes Ensolves De La Vida Real –Y Con Dientes- Con Que Nos Obsequia La Madre Naturaleza, Cuando Decidáis Sumergiros En El Agua Habréis De Tomar La Precaución De Producir Gran Estrépito Y Ruido (Por Ej, Haciendo “Chapa Chapa”) Y De Este Modo Lograréis Mantenerlas Aterrorizadas Y A Varios Metros De Distancia. Esto Lo Sé Por El Sr. Diego Parés, Que Es Habitué De Estos Lugares De Vacaciones Y Hasta Ahora Ni Él Ni Su Familia Han Sido Mordidos Por Estas Bestias.
*Si Deseáis Optimizar Vuestro Tiempo De Espera En El Supermercado Olvidad Las Cajas Normales Y Desde Luego Las Denominadas “Caja Rápida” –Que Sólo Tienen De “Rápidas” La Velocidad Para Quedarse Con Algún Vuelto Mediante Precios Erróneamente Emplazados- Y Lanzáos A La Caja “Prioridad Discapacitados Y Embarazadas”, Ya Que Tal Como Reza Su Denominación, No Son “Exclusivas” Para Esta Tipología, Sino “Prioridad”, Y No Hay Ley Escrita Ni Tácita Que Impida Que Una Persona Digamos “Normal” Haga La Cola En Esa Caja. Sin Embargo, Cierto Falso Pudor O Temor A Ser Confundido Con Un Discapacitado O Una Embarazada Hace Que El Común De Las Personas Evite Estas Cajas, Estando Por Lo General Desprovistas De Público General; Por Último, La Media De Población De Estos Dos Sectores Es Comparativamente Bajo En La Geografía De Los Supermercados, Por Lo Que Es Escaso El Peligro De Una Cola Muy Extensa Compuesta Por Los Mismos. Esto Lo Sé Por La Experiencia.
*Si Sois Un Jugador Frecuente De La Lotería Argentina Llamada “Telekino”, Deberéis Evitar Jugarle Los Siguientes Días: El Día De La Madre Y El Día Del Padre, Ya Que Estos Días El Pozo Siempre Queda Vacante, Vale Decir, Nunca Gana Nadie. Esto Lo Sé Por Un Cuñado Que Tenía Un Kiosco Y Lo Comprobó Estadísticamente.
Por último, agrega “off the record” el Mono que habla tipo título: “No Dejéis Las Cosas Libradas Al Azar, No Confiéis En Nadie Y Recordad Que Tras Ese Rostro Afectuoso Y Angelical Puede Haber Un Lobo Con Piel De Cordero Listo Para Apuñalaros Por La Espalda Y Arrancaros El Corazón A Dentelladas”. Bueno, parece que hoy Kharadabarharash no tiene un buen día.
Miren, la terrorífica escena del túnel del Willy Wonka original. Es posible que Gene Wilder sea uno de los 17 mejores actores de la historia (y digo 17 para tener un poco de margen).
sábado, 3 de marzo de 2012
¡Taller literario: El Decálogo del Escritor!
Bueno, volvemos con el taller literario. Pero como hoy tuve mucho que hacer y no tuve tiempo para preparar lo que se dice una “clase-clase-clase”, me armé un “Decálogo del Escritor” de Podeti©. Si lo hizo Horacio Quiroga yo no voy a ser menos, aparte por lo menos yo no estoy loco así que de algún modo soy mejor. Básicamente, consiste en todo un año de talleres literarios, pero dividido en diez “ítems” o “cositos”; es decir que siguiendo estos consejos podrán ser escritores talentosos y de éxito.
Dicho esto, cabe aclarar que aunque con esto ya te arreglé lo de ser escritor, igual el taller sigue y hay que seguir viniendo porque si no la matrícula, bah, la matrícula, el depósito, mejor dicho, qué depósito, los dos meses de comisión, bah, qué dos meses de comisión, el DNI, bah, qué DNI, tu abuelito no se devuelve, por lo menos no “enterito”, no sé si me entendés lo que te quiero decir.
Y ahora, el “Decálogo”:
1) Escribe siempre, siempre, todo el tiempo, cada minuto del día, incluso cuando te estés lavando los dientes o cagando. Escribe incluso cuando estés escribiendo (otra cosa). Por ejemplo, yo ahora mientras escribo el Decálogo del Escritor de Podeti© estoy escribiendo un drama ruso, con una birome que tengo al lado de la computadora. Es complicado, pero con práctica se puede. Y si se te confunden las dos cosas –las cosas que estás escribiendo simultáneamente- tómate tu tiempo para desmezclarlas tipo a la hora de la siesta. Porque la siesta es sagrada. Pero nunca, nunca, nunca dejes de escribir, incluso frases inconexas o teorías de la conspiración o garabatuchis sin sentido, en las paredes de tu celda de rocas basálticas y con las uñas, y cuando se te acaban las uñas escribe con tus muñones sanguinolientos (comprar carilina). ¡Escribe!
2) No escribas palabras de más. La síntesis es la mejor amiga de la buena literatura. Nada hay más e infértil que el letal exceso de palabrerío insensato y la inútil multiplicación fastidiosa de parasitarios adjetivos estériles, inconsecuentes, oprobiosos y abyectos. Si no puedes decir las cosas con la cantidad exacta de palabras que necesitas, entonces a vender ajo, querido. A menos, claro, que cobres por palabra. Ahí es distinto.
3) Cuando termines tu escrito, aunque se trate de una novela de 3.000 páginas, quémala en tu chimenea de piedras basálticas y vuelve a empezar, con la certeza de que la segunda vez te saldrá más rápido -a menos que no hayas anotado. Hay que anotar, siempre hay que anotar.
4) El Autor debe conocer el Universo del que trata su Relato como si de su Dios se tratase; y manejar sus personajes como si fueran marionetas sin voluntad, y someterlas a pruebas cada vez más complicadas y tortuosas. Y si estas insignificantes criaturas se rebelan contra su más minúsculo Mandato Sagrado, debe enviarles calamidades, llagas y escoriaciones, plagas mortales y alimañas ponzoñosas hasta ahogarlas en la lava del Sufrimiento Eterno mientras se sienta a escuchar sus alaridos desgarradores con una sonrisa maliciosa e infinitamente justa en los labios. Para que aprendan. Pero sin ensañarse, eso sí.
5) Escribe siempre con buena luz (75 watts mínimo) y en un cuaderno rayado, con birome negra y cada tanto sal a dar una vueltecita. Y la siesta es sagrada.
6) Si no puedes escribir las dieciocho horitas y media propias del profesional, escribe dieciséis. Si no puedes escribir dieciséis, escribe doce. Si no, ocho. Si no puedes escribir ocho, o seis, ni siquiera una hora por día, escribe veinte minutos, pero escribe todos los días sin excepción. Aunque sea siete minutos, que sé yo. Cinco minutos también está bien. Es mejor escribir, ponele, tres minutos todos los días que cuatro horas al año (sacá la cuenta). Y si no, escribe aunque sea treinta segundos. O cinco. Escribe, si no puede ser de otra manera, un segundo por día –tipo tres letras (de las menos complicadas). Pero escribe todos los días. ¡Escribe! ¡Escribe! Y siempre hay que anotar. Fundamental.
7) No te quedes sentado a esperar la Inspiración. El Buen Escritor sale a buscarla: En la vida, en las calles, en las tabernas, en las cárceles, en los burdeles, en los viajes, y si todo Ello falla –o es mucho trabajo- búscala en otros libros, o en la tele. O en blogs ajenos de internet. No sabés la cantidad de Inspiración que se puede encontrar por ahí. A veces, con cortar y pegar la Inspiración ya terminás un cuentito o un articulito y podés echarte una siesta. Pero eso sí: por las dudas cámbiale dos o tres palabritas. A la Inspiración.
8 ) Cada párrafo, cada frase, cada oración está destinada a estar escrita con las Palabras Justas, aquellas que por sí solas son las únicas y exactas para ser utilizadas en el contexto de tu cuento o composición sobre la Vaca. Antes de escribir cada palabra, por insignificante que parezca, detente a pensar entre cinco y cuarenta minutos si es ésta la adecuada o si hay una aún mejor. Recuerda que una conjunción copulativa mal elegida puede redundar en el éxito o el fracaso de un escrito, y por tanto, tu éxito o fracaso como artista y ser humano. Revisa el diccionario de sinónimos, relee los clásicos, visita la Biblioteca Pública, organiza simposios, envíale cartas a tus amigos escritores para preguntarles qué les parece, por ejemplo, la palabra “escapulario” y si no habrá una mejor (para decir “escapulario”). Haz una encuesta o “focus group” para ver qué opina el hombre del común. Anota todo (siempre hay que anotar) Y una vez que –luego de horas y días y meses de investigación- hayas llegado a una conclusión, deséchala y sigue pensando, porque yo creo que siempre se puede mejorar. Busca durante años y lustros el vocablo justo, aunque tu barba se cubra de hilos plateados, o incluso de canas. Y cuando, desfalleciente, tu cuerpo transfigurado en un odre de huesos y piel seca, el rostro congelado en una macabra mueca de locura y odio, tu departamento infestado de pulgas y orín de gato, estés completamente seguro de que ésa y no otra es la palabra justa y jurada sobre un cúmulo de mil Biblias, escríbela. Y ahí nomás puedes pasar a la siguiente palabra. Bueno, y antes te puedes echar una siestita.
9) Ojo con la tecla CAPS LOCK, que después corregir es un quilombo.
10) Evita a toda costa los siguientes “vicios de escritor”: El ripio; el “Deus ex Machina”; el cliché; el estereotipo; la inverosimilitud; el final abierto; la oración muy larga; la palabra “vaca” escrita con be larga; la metáfora; la descripción; el retrato; el diálogo; la narración; las malas palabras; el ceceo; el alcoholismo; la masturbación; el froteurismo; la cleptomanía; la dislexia; el analfabetismo; el lomo pegado con plasticola; el precio muy alto (del libro); la siesta muy corta; el no anotar (siempre hay que anotar).
Y la yapa: Cuando vayas a la presentación de tu libro, procura llevar una birome, porque a veces te dan un marcador de esos gruesos y se te va empastando y despeluchando y al final los autógrafos te salen todos enchastrados.
viernes, 2 de marzo de 2012
¡Lanzan notables mejoras de la Guía “T”!
La CoMeTra (Comisión para el Mejoramiento del Trabajo Ajeno) ofrece en esta ocasión una serie de sugerencias para que uno de los mejores inventos del Hombrre –La Guía “T”- alcance niveles Divinos de Perfección. Se cree que, de incorporarse estas innovaciones, los actuales GPS quedarán completamente obsoletos.
La Guía “T” con autitos: Se trata de la misma Guía “T” (o Lumi, o Filcar, o la marca que ud. prefiera) , igual igual igual a la que está ahora, pero que viene con los autos que hay en la calle, dibujaditos en las calles del plano. Como para saber el tema del tránsito, si hay embotellamientos, etc. No hace falta ninguna tecnología ni interfaz satelital de ningún tipo: Simplemente mediante una investigación, censo de autos y reedición periódica, total el tránsito siempre viene a ser medio igual. Hilando fino, desde luego, debería haber una edición de Guía “T” para la mañana, otra para la tarde y otra para la noche, con diferente cantidad y disposición de autitos según la hora. Para el fin de semana no hace falta. Ya sería una exageración. Se premia con una suscripción anual gratuita de Guías “T” a quien encuentre su propio auto en la calle de algún plano.
El Planisferio “T”: La división en páginas redunda en practicidad para la manipulación de la guía, pero conspira contra la decodificación de distancias. Es difícil darse una idea de a cuánta distancia está uno desde Floresta a Palermo, por ejemplo, contemplando ambos puntos en páginas separadas. Para una visión global, la Guía debería venir con un plano desplegable donde poder visualizar la distancia total, de punto a punto. Sin embargo esto sería retroceder a la época de la vijea Guía peuser que, efectivamente, consistía en un librito con los colectivos y un incomodísimo mapa para desplegar. Proponemos entonces que, en una página intermedia entre la carilla de los planos y la de los colectivos venga POR ESCRITO una lista de posibles lugares a donde ir desde el plano presente y te lo calcule en más o menos cuadras. Por ejemplo, estás en el plano de Floresta, y en la susodicha página te dice: “Y… hasta Palermo tenés cuarenta cuadras”, o “Y… hasta San Cristóbal tenés Sesenta Cuadras”, o “Y… Cuadras más, cuadras menos, hasta Villa Pueyrredón tenés cincuenta cuadras”. Y así. Si funciona, una edición “Full” de la guía podría incluir, por ejemplo, cuántas cuadras tenés desde Villa Gral. Mitre hasta Boulder, Colorado, U.S.A.
La Guía “T-Borderline”: La división en páginas de la Guía conlleva otro problema: las páginas, debido a su condición de tal, tienen bordes. ¿Cuántas veces hemos tenido serios problemas de identificar un lugar, sitio o paraje adonde hemos de ir debido a que se encuentre “en el bordecito” de una página, a veces cortado por la mitad, el nombre de la calle inexistente o incómodamente impreso, conviertiéndolo en una virtual “Zona Fantasma” o Triángulo de las Bermudas que merced a la arbitrariedad de un diseñador gráfico (¡o la a veces brutal guillotina de la Imprenta!) queda fuera de nuestra capacidad de abstracción espacial? ¿Es posible que vecinos inescrupulosos y amantes de la exclusividad paguen a los fabricantes de Guías para colocar sus propiedades en los bordes, y de ese modo evitar la excursión o visitas de ciudadanos de otras tierras? Para paliar este grave flagelo, propongo que al final de las guías se incluyan papelitos (a modo de las Erratas de los libros) donde se hallen impresos parte del borde de una página con la continuación de la siguiente. Para tener una visión más totalizadora de esas Zonas de Exclusión. Bonus Track: Estos “bordecitos extra” pueden utilizarse como prácticos señaladores.
La Guía “T” al desnudo: Solucionadas las fallas que hacen al plano de la Ciudad, entendemos que falta. Falta la parte de los colectivos, que incluye recorrido, número y hasta un monono dibujito de perfil donde podemos ver de qué color es. Pero una guía útil y exhaustiva que nos permita trasladarnos con fluidez debería incluir: Ubicación exacta de las paradas, horario oficial de la llegada de cada interno a cada parada, horario real (con margen de error de media hora), estadísticas acerca de si el tipo para o no para, cantidad de pasajeros según el horario, porcentaje de posibilidades de enganchar un vehículo vacío si dejamos pasar determinado interno, carácter y análisis psicofísico de cada chófer (recuerdo el dato que me proporcionara un compañero de trabajo sobre un interno muy deseable porque el tipo “manejaba como un desesperado” y te tardaba doce minutos de Palermo a Saavedra), pasajeros recurrentes y su tolerabilidad, asientos con desperfectos, funcionamiento o no del timbre, aclaración de si el timbre es sonoro o silencioso (lo que nos evita la humillación de gritar “¡parada!” como un vejestorio cascarrabias a un chófer que ya está avisado), posibles oasis de carne humana en el interior del vehículo, cálculo integral sobre la posibilidad de subida de viejas o embarazadas (según sanatorios o consultorios de PAMI que se encuentren en el camino), si el colectivo es de la empresa de Macri o no de Macri, belleza del recorrido, etc. Incluiría además unas páginas en blanco POR COLECTIVO para incluir expereiencias personales, tipo “Con el de este interno me putié y le dije que lo iba a hacer echar” o “La máquina me cagó 50 centavos, reclamar la próxima vez”.
Confiamos en que estas mejoras sean aplicadas a la brevedad.
jueves, 1 de marzo de 2012
¡Top ranking descendente 35 de la pizza!
1) Gran Cordillera de esponjosa masa de pizza en un horno de leña intergaláctico, con picos nevados por toneladas y toneladas de mozzarela de buffala sobre una tenue y humidificada capa de salsa de tomates de huerta triturados artesanalmente con las patas de una aldeana italiana de ojos verdes, regado con un arroyo de hidromiel tinto.
2) Pizza casera amasada y cocinada en la cocina de una vieja casona de Pompeya, por una noble matrona de origen napolitano, desbordante de queso, tomates cortados, ajo y albahaca fresca, con un vaso de noble vino tinto mendocino.
3) Pizza de molde con muzzarela chorreante de pizzería histórica de la calle Corrientes, de esas que dicen que inventaron algo en plato de acero inoxidable acompañada de cerveza helada en balón.
4) Pizza de pizzería histórica de la calle Corrientes que se vino medio abajo con el correr de las décadas, el turismo y la mar en coche, acompañada de litrona de cerveza tomable.
5) Pizza de pizzería de esas con placa de patrimonio de la Ciudad empapelada con banderines y tapas de El Gráfico, acompañada por tinto de la casa, precio de turistas y mozos con el rostro marcado por el desprecio.
6) Pizza de la mejor pizzería del barrio, muzzarela que chorrea medio hasta la mitad, acompañada de una Coca Cola de vidrio helada.
7) Pizza sobrepreciada de cadena porteña de pizzerías de dos pisos y pelotero (con el queso medio anaranjado por el horno fuerte), acompañado por litrona de Quilmes.
8 ) Pizza a la piedra de confitería de viejas remodelada en los 90, normal, ahí, no va a pasar a la historia, Sprite o agua con gas.
9) Pizza menemista con cosas raras tipo salmón, ananá, rúcula, yogur, no sé, cualquier cosa, 150 pesos una grande, un robo a mano armada, regada con champagne medio mersa.
10) Pizza casera no profesional, hecha con bollo de pizza comprado en la panadería del barrio con muzzarela medio mal cortada por encima y tomate triturado de ese que viene en botella.
11) Pizza casera hecha con prepizza, queso port salut por encima cortado en daditos y puré de tomate de tetra brick.
12) Pizza comprada en el supermercado calentada en el horno.
13) Pizza de supermercado de esas “de marca” calentada en el microondas
14) Pizza de delivery de pizzería / empanadería barrial y desmañada, llega con el queso medio corrido para un costado.
15) Pizza de delivery de pizzería / empanadería barrial y un poco más desmañada, llega tibia, la parte de abajo medio negra y el queso pegado a la caja
16) Pizza de delivery de pizzería / empanadería barrial y muuuucho más desmañada, llega fría, de otro gusto, masa chiclosa, casi sin queso y aceitunas gomosas, se olvidaron el fainá. Y tardaron 90 minutos y tenés hambre y estás lleno de odio y encima el motoquero te pregunta si querés otro imán.
17) Pizza “de cancha”.
18) Pizza de Ugi’s, un sábado a las 3 de la mañana en el Obelisco.
19) Pizzeta de pub para boludos que salen a la noche.
20) Pizza de forma inaceptable, como el “cucurucho de pizza” que venden en Belgrano.
21) Pizza que quedó del fin de semana recalentada en la oficina.
22) Pizza fría, encontrada en el fondo de la heladera para engañar el estómago.
23) Pedacitos de borde de la pizza con algo de queso pegado, que dejó algún aprensivo en el plato.
24) Pizza italiana auténtica, consistente en un gran cacho de masa que se dobla todo, sin queso, sin gusto y sin pizza.
25) Pizza norteamericana auténtica, consistente en un gran cacho que se dobla todo y que le ponen queso rallado, como en “Haz lo correcto”. Disculpame, ¿a quién se le ocurre?
26) Pizza casera express, consistente en pan lactal o un cacho de queso, tomate cortadito y al horno, te podés jugar con un poco de ajo.
27) Pan untado en el tuco, con un poco de queso rallado engrampado de casualidad.
28) Flautita gomosa con queso de máquina y kétchup.
29) Resto de pedazo de pan del Big Mac con el queso amarillo ese pegoteado y kétchup ácido no solicitado.
30) Galleta de arroz con queso crema y dulce de tomate
31) Aceituna con algo del aroma de la pizza embebido por ósmosis
32) Papa frita con gusto a pizza
33) Chizito con gusto a pizza.
34) Palito salado con gusto a pizza
35) Rasqueteo con los incisivos del queso pegoteado en la parte de arriba de la caja.